Fútbol: el fin del Barça

barcapor Simon Klemperer

Corren 17 minutos del partido de vuelta de las semis de la Champion. El Barça tiene que remontar un 4–0 contra una máquina increíble y yo no aguanto más. Apago la tele y me siento a escribir la despedida. Lo único bueno de suspender esa trasmisión es que no tengo que escuchar más a ese tal Niembro. El Barça juega sin Puyol, sin Busquets, sin Messi, y Xavi se va apagando. Brillan por su ausencia los pilares del equipo que fue. Es como una estrella que alumbra con una luz que se apagó hace tiempo. Es el desenlace de un final que comenzó hace varios meses. Es el final del mejor equipo de fútbol que vi jugar en mi vida. No digo que fue el mejor equipo de la historia porque existió, previo a mi existencia, otro fútbol que yo no conocí. Pero sí es, sin lugar a dudas, lo mejor que pude ver.

Por eso, y solo por eso, no puedo vivir con tristeza este final. Solo puedo vivirlo con la alegría de haber tenido el privilegio de estar presente mientras esto sucedía. La costumbre, tan mala como inevitable, se hace presente. La costumbre se hizo latente el día que Guardiola se fue de Barcelona.

Pep se fue cuando se deberían haber ido todos, pero eso era materialmente imposible.

Pep cumplió un ciclo –un ciclo de años de innombrables maravillas.

Pep se fue cuando supo que, tarde o temprano, el tiempo iba a cumplir su inexorable rol.

Pep se fue antes que lo latente se hiciera manifiesto.

El Barça llegó a lo más alto que el fútbol podía dar. Al tocar el techo solo podía comenzar a bajar. Es una ley de la naturaleza. La única constante universal es el cambio y mejorar el equipo de Pep era, por varias razones, imposible.

Hace algo más de un año algunos comenzaban a decir del fútbol del Barça, que su perfecta posesión L100N231de balón, su juego calmo y transversal, se tornaba predecible y aburrido. Otros negábamos rotundamente esa posibilidad. Solo aquel al que no le gustaba ese estilo podía llegar a criticarlo. Parecía una simple cuestión de gustos. Con el tiempo comenzamos a aceptar que la máquina más perfecta del fútbol de toque al ras de suelo podía tornarse monótona. Cada cosa tiene su tiempo, su lugar y su momento. El equipo era el mismo pero algo había cambiado.

Cualquiera se aburre de ser el mejor todo el tiempo. Había una cuestión de motivación que no se podía mantener. Los jugadores se acostumbraron a ser los mejores y no podían salir a la cancha con la misma motivación que antes, cuando estaban a punto de serlo. Las ganas de hacer lo nunca visto, de ser capaz de eso, te dan poder. Una vez conseguido y repetido dos veces por semana durante años se hace rutina, y la rutina lo mata todo. Y eso no está mal. Eso es –y punto. Lo que fue tenía que dejar de serlo.

Xavi, Iniesta y Messi hicieron que pareciera fácil lo difícil. No hay cualidad mayor que hacer algo que nadie más puede hacer y que parezca, ante los ojos de todos, algo sencillo. Cuando tal perfección sucede, se abre un espacio de engaño. Un engaño que solo se devela cuando menguan las fuerzas, el amor, la inspiración, y lo difícil vuelve a serlo. El Barça se agota por el peso de la lógica y lo que ellos hacían, esa magia, ya no la hace nadie. Ahora hay otro fútbol, lo juegan los alemanes, y supera al de los pequeños catalanes de la Masía.

El final que se está dando ahora, cuando el Barça juega en la tele y yo estoy aquí, y solo refuerza y da valor al trabajo realizado. El final confirma la magia, no la niega.

El silencio que en este momento se genera, el espacio vacío, provoca flashbacks de lo que fue. Así como el tiempo, la rutina y la costumbre se interpusieron en la historia, ahora entra en juego el recuerdo. Hace falta pensar qué había antes de este Barça. Imaginar un tiempo en que nadie jugaba a la pelota. Es casi un deber recordar aquellos tiempos de galácticos, cuando el mundo entero vanagloriaba una estrategia comercial de figuritas, con sus Roberto Carlos, sus Beckham, sus Zidane, sus Ronaldo, sus Raúl, que ganaban todo y, a ojos de muchos, no valían en fútbol lo que pesaban en trofeos. Como decía Dante Panzeri, “a la mística del deporte la hace el fervor de la artesanía, no la hace el dinero. El dinero la mata.”

Y debemos también, por tanto, recordar aquellos tristes tiempos azulgranas cuando Van Gaal era el entrenador, y jugaban Rivaldo, Kluivert, Riquelme, Saviola, Sorín y otros tantos que no lograban jugar a nada.

Ahora, frente al desenlace, cobran valor nuevamente esos años en que Rijkaard, con Puyol, Deco, Ronaldinho, Xavi, Iniesta, Messi y Eto´o, comenzaron a mostrarnos que sí, que sí había un mejor equipo del mundo, que había otro fútbol, un fútbol muy parecido a un juego, y todo eso, en esta galaxia.

Porque sí, es real que hasta hace no muchos años el Barça no existía, y el fútbol no era lo que ellos hicieron de él, y se jugaba rápido, por las bandas, con mucho centro al área y mucho pelotazo. Y sí, sí es real que los jugadores rápidos y fuertes tenían más protagonismo. Sí hubo un tiempo en que, como decía Dante, “las defensas superaron a los ataques” y donde el fin justificaba los medios. Hasta que apareció esa joyita que comenzó a tocar el balón. Porque sí, el Barça toca el balón y eso, solo eso, vale más que todo lo demás. Y sí, llegó un día en que un tal Messi y un tal Iniesta se juntaban en el medio de la cancha y se tocaban la pelota entre sí, repetidas veces, dos, tres, cuatro, cinco, seis, a medio metro uno del otro, y nosotros no lo podíamos creer, porque no lo entendíamos. No entendíamos qué era lo que estaban haciendo esos pibes. Y sí, llegó un día en que los goles se hacían por el medio, cuando un grupo de amigos que no superaban el metro setenta de estatura optaban por entrar al área justo donde estaban todos los contrarios, y se escabullían entre las piernas desconcertadas de los gigantes. Y sí, los chiquitos volvieron a existir. Y menos mal.

Y ahora, ahora que sé que Iniesta existe, y que es el mejor jugador que vi en mi vida porque sabe hacer jugar a los demás, termino esto y vuelvo a prender la tele para ver cómo se acaba la cosa. Como se acaba para volver a empezar, sea donde sea que tenga que ser.

http://www.elpuercoespin.com.ar/2013/05/02/futbol-el-fin-del-barca-por-simon-klemperer/

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