Esto no es una terrible ficción, es Guatemala

Francesca Emanuele
Diario 16

La realidad supera a la ficción. Y en América Latina, la realidad puede llegar a ser tan macabra que miles duermen más de la cuenta –aun con pesadillas– para evitar asumir que aquella vida que tienen y aquel mundo en el que viven no es un regalo de dios; si acaso es un regalo del diablo.

En 1982, tras un golpe militar en Guatemala, Efraín Ríos Montt se convierte en presidente de facto. Bajo su régimen, se produjeron matanzas de decenas de cientos de civiles. Por lo general, durante los ataques a las comunidades, un tercio de la población era asesinada, otro tercio era capturado y enviado a campamentos militares, y el resto -que había escapado hacia las montañas- era perseguido con helicópteros suministrados por EE.UU. mientras los ametrallaban y bombardeaban hasta exterminarlos.

Un engranaje importante del genocidio fue el mayor Tito Arias. Tanto él como el dictador Ríos Montt aprendieron sus habilidades asesinas en el Colegio Interamericano de Defensa en Washington D.C. El régimen golpista y más sangriento de la historia guatemalteca duró poco más de un año, pero fue suficiente para que el presidente estadounidense Ronald Reagan elogiara a Ríos Montt y lo considerara un gran demócrata y combatiente legítimo de la guerrilla comunista guatemalteca.

En 2011, el retirado general del ejército Otto Pérez Molina fue elegido presidente de la República de Guatemala. Este jefe de Estado es el sanguinario soldado que asoló numerosas comunidades mayas durante la dictadura de Ríos Montt. Pérez Molina es el “mayor Tito”, sobrenombre que usó en los años ochenta y que ha intentado borrar de su récord sin éxito.

El 19 de marzo pasado, 30 años después del genocidio ocurrido entre 1982-1983, se inició el debate público del inédito juicio por crímenes de lesa humanidad a Ríos Montt y a su jefe de inteligencia Rodríguez Sánchez. Nadie había mencionado el nombre de Otto Pérez, hasta que el 4 de este mes un soldado en calidad de testigo señaló al actual presidente como el “mayor Tito”, quien había ordenado liquidar poblados enteros. Cuando parecía que los crímenes y culpables se estaban destapando, una jueza falló para dejar sin efecto todas las pruebas y testimonios del juicio. La Corte de Constitucionalidad ha avalado este fallo y suspende el juicio hasta noviembre, el que comenzaría desde cero.

La clase dominante guatemalteca -incluido el presidente actual- ha sentido peligrar su libertad y ha utilizado todas sus artimañas para efectivamente frenar el juicio. Las masacres y la guerra civil en Guatemala no se circunscriben a la dictadura de Montt, sino que inician en 1960 y culminan en 1996. Más de 250 mil personas (la mayoría de ellas de bajos recursos) han sido asesinadas en aquellos años, y es presumible que las manos de cada una de las familias adineradas que manejan el país estén bañadas en sangre. La continuación y consecución de este juicio abriría la puerta para la realización de otros, y para meter tras las rejas a Otto Pérez que ahora respira tranquilo cubierto por su inmunidad en calidad de presidente.

América Latina puede ser la más oscura de las pesadillas; pero, para unos pocos, el festival de la dulce impunidad.
Fuente: http://diario16.pe/columnista/17/francesca-emanuele/2488/esto-no-es-una-terrible-ficcia-n-es-guatemala

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