Austeridad, causalidad económica: Reinhart-Rogoff en retrospectiva

reinhart-rogoffJoe Firestone

Como he explicado en otra ocasión, los datos ofrecidos por Reinhart y Rogoff (RR) no autorizan a creer que la ratio deuda/PIB tenga un impacto negativo en el crecimiento. Irónicamente, eso ocurre porque el conjunto de datos elegido por ellos está tremendamente sesgado en su parcialidad, y se construyó para probar que había una relación negativa entre la ratio deuda/PIB y el crecimiento económico. Los intereses que anduvieron por detrás del trabajo de RR, en lo tocante a su concepción, no menos que en lo atinente a la difusión de su trabajo, buscaban obviamente desarrollar una base para poder decir que, puesto que existe esa relación negativa, lo que hay que hacer cuando la ratio llega a ser demasiado alta (90%) es poner por obra un programa de austeridad –más o menos drástico, según los casos—destinado a reducir el déficit.

Cuándo podría haber una relación negativa entre la ratio deuda/PIB y el crecimiento económico

Huelga decir que podría haber una relación entre la ratio deuda/PIB y el crecimiento económico en naciones carentes de moneda fiduciaria no convertible y carentes de tasas de cambio flotantes (y/o que tuvieran deuda exterior denominada en moneda que no pueden emitir ellas mismas). Sin embargo, el conjunto de datos de RR no incluía esas variables, de manera que no puede hacerse el análisis de la relación sin ampliar el conjunto. En esas naciones, según sugeriría la Teoría Monetaria Moderna (TMM), las Restricciones Presupuestarias Públicas (RPP) a que se enfrenta el gasto con déficit –como es el caso en las naciones de la Eurozona— engendraría una relación negativa entre la ratio deuda/PIB y el crecimiento económico.

En naciones con soberanía monetaria fiduciaria, como los EEUU, el Reino Unido, Australia, Japón, etc., podríamos también observar una relación indirecta entre las variaciones en la ratio deuda/PIB y el crecimiento económico a causa de las decisiones tomadas por los políticos que, fieles a la ideología de la austeridad, disminuyen el gasto con déficit y, por esa rodeada vía, logran un impacto negativo en el crecimiento económico. Pero quien quiera poner a prueba esa profecía autocumplida, así como la relación negativa constatable en las naciones sometidas a RPP en su gasto con déficit, tendrá también que aumentar la base de datos de RR para incluir variables de régimen monetario.

Por lo demás, necesitamos rehacer la sesgada e incompleta base de datos de RR para empezar a poner a prueba empírica hipótesis alternativas sobre los efectos de la austeridad y de los distintos tipos de política fiscal y monetaria en distintas variables de resultados así como en las relaciones retroalimentadas por esas variables de resultados con el crecimiento económica y muchas otras cosas. Cuando Matthew Berg y Brian Hartley dicen: “Sugerimos que modelos de ecuaciones simultáneas pueden ofrecer una vía de acceso al ‘horizonte fronterizo’ de la causalidad”, están diciendo también que hay que incluir otras causas tanto del crecimiento económico como de la ratio deuda/PIB en teorías de la dinámica económica más ricas; que hay que hacerlo, si queremos entender el papel jugado por el crecimiento y la deuda en el contexto, más amplio, de lo que de verdad importa a la gente.

Lo que de verdad importa a la gente

Y lo que de verdad le importa a la gente son los hiatos, en punto a valores económicos y sociales, en la idea de lo que constituyen el interés y el propósito públicos:

– el hiato entre los resultados actuales y los “plenos” resultados previstos;

– el hiato entre el desempleo involuntario y el pleno empleo;

– el hiato entre la estabilidad de precios y la inflación o la hiperinflación;

– el hiato entre el salario mínimo y un salario que permita vivir;

– la carencia de un derecho universal operativo y exigible a la atención sanitaria;

– la exclusión social y la pérdida de libertad personal;

– el deterioro de la competencia y la pericia profesionales a causa del desempleo;

– el daño psicológico en punto a sentido de la identidad y del autorrespeto, así como de la capacidad de intervención;

– deterioro de la salud y reducción de la esperanza de vida mucho mayores de lo necesario;

– pérdida de motivación para vivir una vida con plenas capacidades;

– deterioro de las relaciones sociales, de las comunidades, de las redes sociales y de la vida familiar;

– creciente desigualdad racial y de género;

– creciente desigualdad educativa;

– decreciente igualdad de oportunidades;

– pérdida de valores sociales y de sentido de la responsabilidad individual;

– desigualdad económica que crece cada día que pasa;

– pobreza creciente;

– crecientes tasas de delincuencia, incluida la práctica del fraude de control por parte de importantes instituciones económicas;

– Ineficacia en la persecución y el castigo de los grandes agentes económicos que practican el fraude de control;

– el colapso del valor de los bienes raíces y la destrucción de la riqueza de las gentes trabajadoras luego del crash de 2008;

– rabia creciente contra unas elites económicas y políticas cada vez más ricas y cada vez más inmunes al imperio de la ley;

– creciente desigualdad política que socava la democracia política, social y económica;

– creciente malestar político y brotes de violencia política, tanto de los privilegiados como de quienes buscan un cambio;

– creciente degradación medioambiental;

– cambio climático y calentamiento global crecientes;

– el hiato entre los fundamentos energéticos de nuestra economía y los nuevos fundamentos energéticos basados en las renovables.

No costará poco esfuerzo reunir los datos necesarios, y en alguna de esas áreas más que en otras: hacerlo es tarea para varios años. Pero es imprescindible que se haga algo parecido, porque el tipo de base de datos estrecha creada por RR está sesgada por una típica obsesión ideológica neoliberal por las deudas, los déficits, la inflación y el crecimiento económico (junto con una despreocupación total por el impacto de sus políticas económicas favoritas en un amplio abanico de resultados que son de la mayor importancia para la gente). Necesitamos reunir datos sobre esos resultados y analizar el impacto pasado, presente y verosímilmente futuro en esos resultados de las políticas fiscales y monetarias alternativas. En una palabra, necesitamos reunir datos que nos permitan poner a prueba empírica el impacto de políticas fiscales alternativas en el interés público.

Por qué no se organizó un gran escándalo desde el primer momento con el trabajo de RR

Hay que preguntarse, finalmente, por qué no organizaron un escándalo con más decibelios los activistas y los economistas progresistas, cuando apareció el estudio de RR y sus autores se negaron a hacer accesibles sus datos para que pudieran ser reanalizados y replicados. Después de todo, cualquiera que leyera su trabajo y supiera un poco de análisis cuantitativo en ciencias sociales podía ver que se basaba en un muy superficial análisis global de datos con sólo dos variables en distintos países, de modo que cualquier resultado que obtuvieran tenía que dar una falsa imagen de la causalidad.

Lo cierto es que no puede procederse a un análisis completo de la causalidad entre dos variables comparadas en distintos países sin incluir variables adicionales y proceder a un análisis de series temporales a escala nacional para establecer un orden causal y descartar correlaciones espurias. Eso se sabe en ciencias sociales desde hace al menos 50 años.

El economista de la escuela de Teoría Monetaria Moderna Randall Wray ha dicho que el estudio de RR era “crap”, es decir, una majadería. Y lleva razón; por todas las razones ya apuntadas, es una estupidez de arriba abajo. Es un argumento ergotizantemente partidista, no un esfuerzo científico por llegar a la verdad.

Entonces, ¿por qué ha sido tan poco atacado desde 2010? Es verdad que algunos economistas no le ahorraron críticas. Pero el grueso de la profesión se mantuvo respetuosa. Las críticas fueron en general civilizadas, cuando deberían haber rebosado de indignación. Los intercambios críticos discurrieron en términos de “él dice, ella dice”, cuando cualquier economista mínimamente familiarizado con el análisis de datos tuvo que percatarse del harto simplista nivel del análisis de datos de RR.

¿Por qué, pues, no les obligaron los economistas a probar lo que sostenían? ¿Y por qué quienes toman decisiones políticas aceptaron tan galanamente sus “hallazgos”? Y no me vengan ahora con que los economistas de primera fila en la Administración Obama, en el Reino Unido y en la Eurozona no podían ver la desnudez de sus co-emperadores. Decidieron no ver.

Y creo que no hay el menor misterio en eso. Las elites neoliberales querían creer en el cuento de hadas de la austeridad por varias razones, incluido acaso el deseo de ampliar el hiato que separa a los muy ricos de la clase media. Tal vez anduvo también de por medio la creencia de que apretarse el cinturón en los estados de bienestar tiene valor moral para la población sometida a ese apretón, aunque no para esas elites, huelga decirlo. Para ellas, RR era sólo una fachada tras la que esconder el sadismo financiero que, de todas formas, estaban resueltas a poner por obra. Si a ustedes les entran dudas sobre esta caracterización del asunto, no dejen de leer alguna vez entrevistas realizadas a personajes como Erskine Bowles y Alan Simpson. Hablan superlativamente claro.

Sin embargo, para la gente progresista y para otros opuestos a la austeridad, el trabajo de RR debería haberse visto inmediatamente como una oportunidad para educar a la opinión pública sobre la valía de ese tipo de estudios ofrecidos por la teoría económica “basura” a políticos ávidos de justificar sus políticas favoritas. La oposición a ese estudio debería haber tratado de alertar a la gente para que no se fiara jamás de ese tipo de análisis simplistas con dos variables que se sirven de comparaciones entre países –en vez de datos de series temporales— para desarrollar explicaciones causales. Debería haberse exigido a los economistas y a quienes toman decisiones políticas que probaran sus afirmaciones, en vez de mantenerse circunstantes en torno a una hoja de parra que de ningún modo podía probar (y al final, no probó) nada respecto de la deseabilidad de la austeridad en economías modernas.

Pero nada de eso ocurrió. Y en parte a causa de ese perro que nunca se avilantó a ladrar, millones de personas en todo el planeta viven ahora con cargas económicas de las que tardarán años en recuperarse. Millones perdieron sus hogares. Millones fueron a la bancarrota, y muchos miles murieron por falta de atención médica. Y siguen muriendo, todavía.

Joseph M. Firestone es Director ejecutivo del Knowledge Management Consortium International (KMCI).

Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel de Puñoenrostro

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