El poder de una promesa

indigenasPor Christian Echeverría

Tengo un mes de vivir en Quetzaltenango. Me llevé mil dólares de la Ciudad Capital y me prometí a mi mismo empezar otra vez mi vida allí; sin ser el único que necesita hacerlo. Lo necesita el país y la gente.

Una de esas promesas con poder, de esas que le arrancan la vida al destino; la presencié en Torre de Tribunales en enero. Era corresponsal para la Revista Ati en la audiencia de presentación de pruebas para el juicio contra Ríos Montt y Rodríguez Sánchez. Hice una crónica titulada “La promesa de la caja roja” porque en una caja roja; el fiscal y los querellantes adhesivos transportaban la evidencia que pretende lograr la condena histórica del genocidio.

Promesa para los ixiles, que contenía 68 peritajes, 142 testigos, documentación oficial, legislación, proclamas castrenses, estatutos militares, acuerdos ministeriales, disolución del Congreso, creación del Estado Mayor, de los Fueros Especiales y decenas de actas de defunción. Promesa que desafía la capacidad de conservar la esperanza de los familiares de las víctimas. Que colma las salas judiciales los días de audiencia. Que hace épica la paciencia de las comunidades violentadas por el Estado durante la guerra en su propio país.

Pero los anhelos que nos impulsan a buscar, como el vacío de justicia que sofoca las aspiraciones de ciudadanía de los familiares de las víctimas del genocidio y sobrevivientes, que por más de una década han buscado enjuiciar la política que pretendió aniquilarles; o los anhelos de vida mejor, como los que nos llevan a emigrar; se ven con frecuencia ante postergaciones necesarias para hacernos crecer.
En el juicio, la promesa de justicia se vio postergada hace unos días, después de que la socióloga perita Marta Casaús Arzú declarara en la sala que el genocidio es la máxima expresión de racismo; debido a la CC. El mayor tribunal, ordenó al juez Miguel Ángel Gálvez conocer las pruebas presentadas por la defensa del ex dictador. La justicia requiere un debido proceso, y aunque el anhelo sea descomunal y legítimo; es necesario que aquel dictador que creó los jueces sin rostro, reciba juicio justo. Que sea oído y vencido como dice la Constitución.

Al venir, alguien querido me aconsejó ser paciente. Los anhelos de vida mejor y de justicia son inmensos. Sólo quien tiene sed puede entender el poder que una promesa tiene; y quien tiene sed sabe lo que cuesta esperar.

Artículo publicado el viernes 12-4-2013 en elQuetzalteco: http://elquetzalteco.com.gt/opiniones/el-poder-de-una-promesa
Crónica en Revista Ati: http://atinforma.blogspot.com/2013/02/la-promesa-de-la-caja-roja-febrero-2013_14.html

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