Esquela para la democracia guatemalteca

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Karin Slowing

Intento escribir mi columna mientras el país se sacude por los últimos dos escándalos: Denuncias de corrupción al más alto nivel sistematizadas en una publicación especial de elPeriódico del día de ayer, y la puesta en circulación en las redes sociales de un video que muestra al ex-Presidente de la Junta Directiva del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social -IGSS- en acciones que seguro no están definidas en su perfil de puesto.

Francamente, si existe un cuestionamiento tan severo de la probidad de figuras tan centrales en la conducción del Estado, escribir sobre otros asuntos de interés nacional, por importantes que sean, se torna el más fútil de los ejercicios. Así que dejo a un lado el texto que escribía y comienzo de nuevo.
En otras latitudes existe la concepción de que la dignidad de la Nación se refleja en el comportamiento de sus mandatarios y demás autoridades públicas, por lo que escándalos de mucho menor envergadura han acabado con carreras políticas de largo aliento. Recién acabo de leer en un prestigioso medio británico, que una joven comisionada de la policía dimitió de su puesto porque años atrás escribió en su cuenta de Twitter comentarios de supuesto tono racista y homofóbico, que alguien ahora, se encargó de sacar a luz pública.

Ella niega ser racista u homofóbica ahora, pero ante el escándalo suscitado, ha preferido dimitir. Seguramente, tiene una noción más clara que nosotros en Guatemala de que la Nación, la dignidad de un puesto público, la confianza y la credibilidad de la ciudadanía en sus instituciones, no se pone en entredicho.

Si Guatemala no fuera un país tan profundamente disfuncional, un reporte especial, como el publicado ayer, habría provocado la segunda crisis política de gran envergadura vivida por este gobierno en apenas 15 meses, luego de los asesinatos cometidos por soldados del Ejército en la Cumbre de Alaska. Habría al menos, conmocionado a la sociedad entera.

Hubiera desatado una investigación de oficio por parte del Ministerio Público. Ahora que ya cuentan con la tan “ansiada herramienta” de la ley de enriquecimiento ilícito (así recuerdo que la llamaron más de alguna vez los del MP, cuando cabildeaban a favor de su aprobación), qué esperan para usarla?
¿Dónde está la indignación de los ciudadanos, de la academia, de las cámaras empresariales, los cooperativistas, sindicatos, del movimiento social, de los demás medios de comunicación? ¿Por qué no se ha paralizado desde ayer la acción cotidiana?. ¿Por qué las columnas de opinión, los editoriales de los medios, toda autoridad ética que le quedase al país, no se unen en una sola voz, para exigir al Presidente y la Vicepresidente aclaren ante la opinión pública esas acusaciones, y se sometan voluntariamente al escrutinio del Ministerio Público para desvanecer cualquier duda sobre sus bienes y su procedencia?

Qué hace que nos resignemos a este estado de cosas, que ya nada sorprenda? ¿Nos es suficiente con reprobar en silencio, murmurando en las redes sociales o solo voltear la cara? O peor aún, seguir la corriente a los medios de comunicación, que desvían el morbo ciudadano (porque no puedo decir que es la conciencia) del escándalo de la publicación de elPeriódico hacia el video sobre las acciones reprensibles del ahora ex-Presidente destituido del IGSS? Este es otro caso que por supuesto, debe investigarse también, pero no tiene, ni por asomo, la misma repercusión y alcance que las acusaciones vertidas el día de ayer contra los dignatarios de la nación, contra el representante del Estado, el electo por la población.

¿Será que lo que pasa acaso es que, como decía un análisis de coyuntura presentado el domingo, mientras los poderes reales del país estén de “luna de miel” con un gobierno que sabe atender sus intereses, todo se puede, todo se vale, todo se condona?

Si este último es el caso, lo que leímos ayer en elPeriódico, bien podría ser la esquela que nos anuncia que la democracia, esa frágil jovencita que prometía florecer, de tanto golpe que ha sufrido desde tierna edad, tiene ya un daño cerebral tan profundo, tan profundo, que solo le falta que le desconecten el oxígeno, para que pase, finalmente, a dormir el sueño de los justos.

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