Financial Times ahuyenta a los inversionistas de la estatal rusa Rosneft (primera petrolera global)

rosftAlfredo Jalife-Rahme
La desprivatización/res­ta­tización de la rusa Rosneft, catapultada como la primera productora mundial de petróleo (Bajo la Lupa, 3/4/13), ha perturbado a Gran Bretaña (GB) donde The Financial Times ( FT, 2/4/13), portavoz del neoliberalismo global, literalmente ahuyenta a los inversionistas, a quienes invita a tener suma cautela en la compra de sus acciones.

No es poca cosa que la estatal rusa Rosneft haya adquirido la participación en su propio país (sic) de la petrolera británica BP, cuyo control endosa la le­yenda urbana a la dinastía de los Rothschild, “banqueros esclavistas” ( Financial Times dixit).

Además BP fue sustituida por la estadunidense privada ExxonMobil, que realizó un asombroso trueque trascontinental de inversiones mixtas –asociación de Estados Unidos (EU) en el Ártico a cambio de la participación conjunta de Rosneft en Texas y el Golfo de México– que puede alcanzar la escalofriante cifra de 500 mil millones de dólares (Ap, 30/8/11): 43 por ciento del PIB de México. ¡Uf!

Seis años después, se acentúa la tendencia de desprivatización/restatización que detectó Bajo la Lupa desde 2007. Hoy, con la irrupción de la estatal rusa Rosneft como la primera productora global de petróleo, se trastoca la correlación de fuerzas entre las viejas/privadas/depravadas “siete hermanas anglosajonas” con las nuevas “siete hermanas estatales” (Bajo la Lupa, 21/3/07).

FT pone en tela de juicio la ca­pacidad de Rosneft para convertirse en una potencia petrolera debido a sus “ligas con el Kremlin y su elevada deuda, que hace” de Rosneft “una temeraria aventura bursátil”.

Acepta que “con la compra de TNK-BP por 55 mil millones de dólares, Rosneft se convirtió en el mayor grupo de energía medido por la producción total y las reservas probadas”. ¡Nada más!

Admite que “el arreglo transforma potencialmente los términos del comercio en la industria global del petróleo y el gas” al crear “una empresa que constituye 5 por ciento de la producción global diaria”. Fustiga que todo ello “no mejora el caso para las inversiones de Rosneft”, ya que “la adquisición magnifica en lugar de resolver sus desafíos estructurales” y pone en tela de juicio su capacidad operativa, financiera y empresarial para “crear un valor a largo plazo desde sus fuerzas estratégicas”.

Pese a que Rosneft se convierte en una empresa con una producción de 5 millones de barriles al día (MBD) –ExxonMobil produce 4.2 MBD)–, FT pretende disuadir a los inversionistas de “no obnubilarse (sic) debido a los grandes riesgos (sic) de poseer sus acciones” al haber creado el equivalente a la gasera rusa Gazprom (primera gasera global) que FT considera un fracaso (muy discutible).

FT arremete contra el dispendioso “gasto de capital” (Capex, por sus siglas en inglés) de Gazprom, cuya acción bursátil se ha desplomado dos tercios en los pasados cinco años.

Aquí FT concede que quizá Rosneft evite la suerte de Gazprom debido a que todavía “permanece como candidata para una mayor privatización (¡supersic!)” con dos factores en su favor: 1) ser cortejada por las foráneas petroleras Exxon, Eni y Statoil para exploración en el Ártico (donde Rosneft detenta los derechos de exploración) cuando le urge liquidez y trasferencia de tecnología, y 2) la participación accionaria de BP en la quinta parte de sus acciones.

En su andanada contra Rosneft, FT no le concede redención alguna, aun en el caso de evitar ser “una Gazprom”, ya que se asemeja a Petrobras: “cada una detenta las llaves de potencialmente amplios recursos off shore”, A­tlán­tico Sur y el Ártico; cada una detenta programas descomunales de inversión de mediano plazo: 237 mil millones de dólares para Petrobras y quizá 180 mil millones de dólares para Rosneft, y “cada una es campeona nacional con una participación estatal (¡supersic!) determinada a ser usada como instrumento político”. Reprocha que los objetivos de producción de Petrobras no han sido alcanzados cuando “producir 5 MBD parece muy ambicioso”. Y eso que Rosneft tiene el doble de producción que Petrobras, pero casi tres veces su número de empleados.

En la muy peculiar contabilidad de FT, la “deuda neta” de Rosneft es muy superior a la de ExxonMobil y se pregunta si “puede financiar su deuda al unísono de su compromiso de pagar su dividendo anual aun en el supuesto de que el precio permanezca por encima de 100 dólares el barril y que aumente su producción 4 por ciento al año”. Advierte que una caída en el precio del petróleo “puede ser fatal”. Sin duda: mientras Wall Street y la City sigan controlando por la vía especulativa financierista el precio del barril, Rosneft puede sufrir serios estragos, como sucedió al petróleo estatal ruso durante la época aciaga de Gorbachov, cuando le desplomaron el precio a ocho dólares.

Expone varios riesgos, entre ellos una caída del barril a 80 dólares y su característica de haberse convertido en la “caja chica del hambriento presupuesto del gobierno ruso”. Rememora las andanzas de Standard Oil y su dueño, John D. Rockefeller, que pueden ser repetidas por Rosneft y su mandamás, Igor Sechin (ex vicepremier con Vlady Putin) cuando a los “inversionistas (léase: Wall Street y la City) el tamaño de Rosneft y su intimidad con el Kremlin no les impresiona demasiado. Juzga que Rusia “es excesivamente dependiente del sector energético para los ingresos del gobierno, casi 50 por ciento de su base fiscal proviene de los ingresos del petróleo y el gas”. Es curioso que el mismo defecto estructural que padece el “México neoliberal itamita” sea escamoteado por la misma publicación deseosa de privatizar su petróleo y gas.

Lo que para unos puede ser una oportunidad atractiva de inversión, para FT no lo es cuando examina que las acciones de Rosneft en el pasado lustro han sido “planas” en dólares, comparadas con un aumento de 15 por ciento a 20 por ciento de sus pares internacionales y una caída de 50 por ciento (¡supersic!) de Petrobras. Aquí también FT elude que el megaespeculador George Soros, presunto prestanombres de los Rothschild, retiró un fuerte paquete de acciones de Petrobras para desestabilizarla.

A mi juicio, resalta la alta vulnerabilidad financiera de las petroleras estatales en el mundo, las cuales, pese a detentar una banca nacional, sufren los embates teledirigidos de Wall Street/la City. ¿Qué no pasaría con un “México neoliberal itamita” totalmente emasculado, sin banca nacional, el “día después” a la privatización de su petróleo y gas?

FT amenaza que los inversionistas que ya recibieron su paliza con Petrobras recapaciten antes de aventurarse a comprar acciones de Rosneft. Coloca la espada de Damocles financierista sobre la cabeza de Rosneft, pero se le escapan muchas consideraciones en su reduccionismo petrolero británico (que manejó como nadie el petróleo del fin del siglo XIX y de todo el siglo XX): la asociación bancaria (Bank of America/Citigroup)/energética(ExxonMobil) con EU y, sobre todo, el financiamiento más geopolítico/geoeconómico que financierista de China.

El problema de FT, con GB en plena decadencia, es que todavía no se percata que el mundo cesó de ser unipolar y ha tomado su vuelo multipolar.

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