Opción preferencial por los pobres

iglesiaPor Álvaro Velásquez –

Fue Jesús de Nazaret quien inventó la Opción Preferencial por los Pobres; excluidos y los débiles; porque “Los sanos no necesitan médico” dijo. Salud en este contexto es un estado de satisfacción y autosuficiencia que reúne lo espiritual con lo material. En efecto, antes de Jesús de Nazaret hubo dioses que se ocuparon poco o nada del tema de los pobres o de la pobreza, más bien callaban o se centraban de manera ascética en la una renuncia a los bienes materiales, para no sufrir en la vida (caso de Buda y monjes de influencia oriental).

Fue más bien el profetismo hebreo, encabezada por Isaías y otros de sus contemporáneos, donde los temas del sufrimiento y la esperanza se combinaron, tomando las formas de anuncios de libertad para los cautivos y denuncia de los opresores del entorno concreto que les tocó vivir. Porque al hacerlo hablaban de la verdadera naturaleza de Dios, alguien no indiferente ni a las injusticia ni al indolente. De esa cuenta Miqueas tuvo que insistir en volver a lo básico de la verdadera fe: “¿Qué es lo que pide Dios de ti? Hacer justicia, amar misericordia y ser humilde ante El”.

Así, en Jesús esas realidades fueron confrontadas con una realidad superior, diferente y alternativa al mundo mentiroso y violento actual: el Reino de Dios. En cambio su adversario le propuso: “Todo esto te daré (la gloria del mundo y su poder), si postrado me adoras”

Como se sabe, la Iglesia seguidora de Jesús, unos siglos perseguida por el Imperio romano y más tarde, empoderada, se alejó de la persona y mensaje de su fundador. Después Martin Lutero, padre teológico del movimiento protestante y otros mártires denunciaron la opulencia de la Iglesia, fruto de crímenes y enriquecimiento de lo que por sí no podía ponerse en venta: salvación; paz y verdad.

En el mundo católico no fue sino hasta el Concilio Vaticano II especialmente con la Constitución Gaudium et Spes, la única carta pastoral del Concilio, que se urgió a volver la mirada a la realidad terrenal del ser humano y del mundo, a efecto de volver a encarnar el evangelio donde más se necesita. De su aplicación vinieron muchas expresiones. Dos de las más relevantes fueron la Teología de Liberación, nacida en América Latina, con un análisis más político y con una innovadora interpretación teológica, pero que muchas veces condujo a sus clérigos a compromisos personales más allá de la fe. Y, la secta del Opus Dei, con una teología más del Primer Mundo donde buscar la perfección humana y el ejercicio de la piedad personal fueran lo central. Con los gobiernos de Juan Pablo II y el Cardenal J. Ratzinger, el integrismo individualista del Opus Dei, alcanzó su auge.

No obstante, hoy día con el ascenso del Papa Francisco, parece que la opción por los pobres ha vuelto, y con ella la preocupación también por la naturaleza. Incluso ya se empieza a hablar de una era post-Opus Dei. Con todo, todavía no está completo el compromiso sin la presencia de la teología de la mujer y de lo femenino, la cual se siguen sufragando mediante el heterodoxo culto a María. A la ICR le urge recuperar la credibilidad, porque al haberse preocupado tanto en sofocar a la teología de la liberación y enclaustrar a sus teólogos, le dieron la espalda a verdaderos pecados que pululaban en sus atrios: pedofilia, corrupción financiera y la condena de nuevos movimientos sociales.

Entre tanto en el mundo evangélico guatemalteco, cada congregación es un mundo, donde cada cual hace lo mejor que puede, no sin cierto escapismo religioso, de su deber misionero.

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