Racismo y xenofobia en un hotel de Madrid

indigenaSaviano Abreu

Hoy he vivido un caso flagrante de racismo y xenofobia en un hotel de lujo de Madrid. Los hechos sucedieron en el hotel Don Pío, un establecimiento de 4 estrellas localizado en la avenida Pio XII, una distinguida zona de la capital española.

Buscaba alojamiento para una mujer Guatemalteca, de origen maya q’eq’chí, que vino a España invitada por la organización donde trabajo para realizar algunas charlas y labores de sensibilización enmarcada en una campaña internacional que estamos llevando a cabo.

Ella acababa de perder su vuelo de regreso a Guatemala, y al encontrarse un día más en Madrid, tuvimos que buscar un alojamiento de última hora. Pocos minutos antes de dirigirnos al Hotel Don Pío, busco en la página de este establecimiento precios y disponibilidad. Al asegurarme que había habitaciones disponibles y que el precio encajaba con el presupuesto (poco más de 50 euros, lo que no estaba mal para una noche y reserva de última hora), decidimos ir directamente y no reservarlo por Internet, para facilitar luego la tarea de facturación en nombre de la organización.

Al entrar al hotel, nos dimos cuenta que nuestra invitada, de rasgos indígenas y vestida con un traje típico de mujer maya, llamó la atención de la recepcionista. Pregunto por una habitación, y la empleada contesta que no hay disponibilidad, poniendo como excusa que el hotel estaba lleno por un partido que se diputaba hoy en el estadio Santiago Bernabéu. Le cuestiono, ya que acababa de comprobar la disponibilidad por Internet, y recibo un seco “Es un error, no hay habitaciones libres. Busquen otro hotel, en esta misma calle los hay de la misma categoría”.

Salimos. Nuestra invitada, callada y avergonzada. Yo, indignado por la situación, sin saber como reaccionar. Cojo el teléfono, vuelvo a entrar en la página del hotel para ver si hay habitaciones libres…, y no puedo dar crédito cuando compruebo que las había. Me acababa de dar aún más cuenta, si cabe, de la injusticia que se estaba cometiendo y decido hacer la reserva por Internet. Menos de 5 minutos después estábamos otra vez dentro del Hotel Don Pío, reserva hecha y pagada. Nos dirigimos al mostrador como si nada hubiese acontecido y, sin escuchar ni una disculpa o una excusa por lo que podría haber sido una equivocación, hicimos todos los trámites del check-in. Una vez todo terminado, factura y llaves en mano, pido la hoja de reclamaciones.

¿Alguna sorpresa? Como no, no tenían hojas de reclamaciones. A modo de excusa la empleada me espeta, palabras literales, “tengo la potestad de decidir qué clientes entran o no en el hotel”. Dándose cuenta de mi indignación, vuelve al mismo tiempo a la excusa ya estúpida de que había partido en el Bernabéu y que el hotel estaba lleno. Ninguna de las dos respuesta me encajan o convencen, es más, me indignan. Le pido a mi amiga guatemalteca que se vaya a la habitación a descansar. Bastante ya había tenido.

Después de un corto debate, en que la empleada dice que solamente la dueña del hotel podría facilitarme la hoja de reclamaciones, pero que ésta no está en el establecimiento y que volverá en un par de horas, salgo otra vez por la puerta, sin conseguir digerir tamaña falta de respeto. Llamo la policía, que llega rápidamente, y casi una hora después, acta policial ya redactada, tengo encima que escuchar los gritos poco afortunados de la dueña del Hotel Don Pío, que a esas alturas ya había llegado, diciendo que “la policía está para estas chorradas pero no para lo que realmente importa”. Eso por ahorrar a lectores y lectoras otros comentarios más desagradables.

La hoja de reclamaciones, lo único que quería para ejercer mis derechos, nunca apareció.

Tomado del Blog http://savianoabreu.com/

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