Payasos machistas

payasoKarin Slowing Umaña
Las conductas que perpetúan el machismo y fomentan la discriminación de género están tan imbricadas en la cotidianeidad, que muchas veces cuesta distinguirlas. A propósito del 8 de marzo, cuando conmemoramos la lucha de las mujeres por la equidad y sus derechos, quiero evidenciar un fenómeno que se está viendo de manera continuada en espacios propios de la socialización infantil, como son las piñatas.

Por la edad de mis hijos, me toca asistir a estas actividades con alguna frecuencia. Además de la clásica quiebra de la piñata, se acostumbra ahora contar con entretención adicional: juegos inflables, un show de magia, de animales amaestrados o bien, un payaso. Estos últimos sujetos, icónicos de la diversión infantil, seguramente sin percatarse, están contribuyendo a perpetuar los estereotipos y patrones que desvalorizan a las niñas y les asignan un rol de inferioridad respecto a los varones.

Como hasta antes de la pubertad, las niñas y niños no quieren saber nada el uno del otro, los payasos hacen uso de esta circunstancia para montar su show. Los ponen a competir entre sí. Nada fuera de lo común. Lo preocupante es cuando toda la diversión se delinea a partir de exponer a las niñas a una competencia desleal -y muchas veces humillante- contra los niños.

El formato es, más o menos, el siguiente: el payaso arranca con un clásico: ¿quién ganará, los niños o las niñas? Luego de los griteríos que animó, el payaso señala que, por mucho que griten las niñas, no ganarán. Acto seguido, se exaltan las cualidades de ganadores “propias” de los varones: su fuerza, mayor inteligencia y rapidez.

Si una niña destaca mucho en los juegos y competencias, el payaso procura demeritar o disminuir su participación. En una ocasión, una niña orgullosa de ser una ávida lectora, le comentó al payaso como su papá estimulaba ese hábito en ella. Para “hacer chiste”, se burló de ella, felicitándola por “su cultura de revista Vanidades”. La niña no entendió el sarcasmo del hombre, pero todos los adultos presentes sí; un tenso silencio se estableció, en lugar de las carcajadas esperadas.

¿Qué provoca que un payaso desprecie públicamente las capacidades de una niña? ¿Acaso está reproduciendo lo que dice a su mujer o a sus hijas constantemente? ¿Que no son capaces de decir o saber algo trascendente?

Para superar la situación embarazosa, el payaso pasó a otros concursos. La niña, ávida por participar, fue llevada al borde del llanto cuando éste intencionalmente le hizo preguntas infinitamente más difíciles a ella, comparadas con las que hacía al niño competidor. Obviamente el niño ganó. Su inteligencia -a decir del payaso- no bastó para vencer a un hombrecito, pero recibió un premio de consuelo. Así se suele contentar también a las mujeres luego de los maltratos.

Estas escenas que narro, parece ahora que duraron una eternidad, mas fueron brevísimos instantes. Tan cortos que los padres y madres -y sobre todo, los propios anfitriones- no supimos cómo reaccionar. La pena de arruinar la fiesta pudo más. ¿Somos cómplices acaso?

La primera vez que vi esta situación, pensé que era mala suerte que al festejado le hubiera tocado un sujeto tan machista de payaso. Pero luego de una buena cantidad de piñatas y primeras comuniones en mi haber -incluida la de mi propio hijo-, donde se han repetido estos patrones en el “performance” (cada uno, un sujeto diferente), no me cabe duda de que estamos ante un problema que hay que exponer públicamente y cuestionar. No es posible que un artista busque provocar risa a partir de reproducir el lenguaje y las actitudes del machismo y la discriminación en la niñez que está “divirtiendo” y que, encima, los adultos no hagamos algo al respecto.

Evidentemente, el payaso parte de quien es y de lo que tiene como acervo. El cómico y actor Roberto Begnini (La Vida es Bella) lo dijo así: “El actor inventa o interpreta un personaje, mientras que el payaso interpreta o encarna el suyo propio.” Si el payaso tiene el machismo incrustado por haber crecido en un medio adverso a la equidad de género, ¿cómo evitamos que lo trasladen a una nueva generación?

Espero que la asociación de payasos de Guatemala tome cartas en este asunto.

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