Manning se declara culpable de filtrar documentos de EE.UU. a Wikileaks

mannigDavid Brooks
La Jornada

Dice que lo hizo para que la opinión pública supiera la verdad sobre las guerras en Irak y Afganistán

Bradley Manning reconoció hoy ser la fuente de la mayor filtración de secretos de Estado en la historia estadunidense y su entrega al sitio Wikileaks –incluidos los relacionados con México que fueron entregados y publicados por La Jornada–. Declaró que su motivación fue a favor de la transparencia oficial con la intención de detonar un debate público sobre la política exterior y militar de su país.

En su comparecencia hoy ante la juez militar encargada del proceso judicial, la coronel Denise Lind, en el tribunal militar ubicado en el fuerte Meade en las afueras de esta capital donde proceden las audiencias preliminares para su eventual consejo de guerra, el soldado, de 25 años, a través de su abogado David Coombs se declaró culpable en 10 de los 22 cargos en su contra, los relacionados con el manejo de información clasificada sin autorización, pero negó culpabilidad de cargos mayores como ayudar al enemigo.

Los cargos mayores podrían implicar una condena de cadena perpetua bajo el código militar si los fiscales estadunidenses deciden proceder con éstos.

Habla públicamente por segunda vez en casi 3 años

Manning aceptó poseer y manejar información clasificada de manera no autorizada, incluidos videos de misiones militares (entre ellos el de un helicóptero desde el cual se hacían disparos contra civiles) en Irak y Afganistán, evaluaciones de detenidos en Guantánamo, informes de incidentes militares y otros archivos. La masiva filtración también incluye unos 250 millones de cables diplomáticos, entre los cuales estaban los relacionados con México que fueron compartidos por Wikileaks a La Jornada.

Más tarde, y por primera vez en el proceso legal que ha mantenido a Manning más de mil días en detención militar sin un juicio –gran parte de ese tiempo en condiciones calificadas como trato cruel, inhumano y degradante por el relator especial sobre tortura de la Organización de Naciones Unidas– el soldado tuvo oportunidad de expresar las razones y motivaciones de sus actos que sacudieron al mundo militar y diplomático (en la segunda vez en la que se le ha permitido hablar públicamente desde que fue detenido).

Al leer un documento de unas 35 páginas que él redactó, Manning, en uniforme militar, recordó cómo había ingresado al ejército y su trabajo como analista militar en Irak, y cómo llegó a la decisión de que era importante que algunos documentos a los que tenía acceso deberían de ser conocidos por el público. “Yo creía que si el público –en particular el estadunidense– pudiera ver esto (los documentos y videos) podría detonar un debate doméstico sobre el papel de los militares y la política exterior en general”, sobre todo en torno a las guerras en Irak y Afganistán. Afirmó que los ciudadanos estadunidenses tenían derecho de conocer los costos reales de la guerra.

Señaló que los cientos de miles de documentos sobre incidentes militares en las zonas de guerra demostraban fallas en la estrategia bélica. Subrayó que los militares estadunidenses estábamos obsesionados con capturar o matar a objetivos humanos en listas sin importar las consecuencias de estas operaciones sobre la población civil en Irak y Afganistán.

El soldado insistió en que actúo para promover la transparencia y para dar a conocer actos como los grabados en un video de un ataque de helicóptero en Bagdad en donde se mostraba cómo mataban a civiles, incluidos niños y reporteros de la agencia Reuters. Al referirse a los registros de incidentes de guerra, comentó que éstos son algunos de los documentos más importantes de nuestros tiempos revelando los costos reales de las guerras.

El soldado Bradley Manning al llegar al tribunal militar en el fuerte Meade, en las afueras de WashingtonFoto Ap Afirmó que pensó largamente sobre lo que estaba divulgando y excluyó documentos que consideraba que podrían dañar a su país, y llegó a la conclusión que los cables diplomáticos no contenían información de la más alta clasificación y que sólo serían vergonzosos para el gobierno estadunidense.

Indicó además que con dar a conocer lo que estaba sucediendo en estas guerras a la opinión pública, había logrado algo que me permitiría tener una conciencia tanquila.

Contó cómo primero intentó entregar los documentos que había bajado digitalmente a varios periódicos a principios de 2010, incluyendo al New York Times y al Washington Post, pero no recibió respuesta o se mostraba poco interés. Por lo tanto, decidió subirlos al sitio de Wikileaks. Sin embargo, subrayó que “nadie asociado con WLO (refiriéndose a la organización de Wikileaks) me presionó para el envío de más información. Yo asumo plena responsabilidad”.

Manning informó que continuó enviando más documentos desde su computadora en Irak, y que inició un diálogo en un chat room cibernético con alguien que suponía era de alto nivel en Wikileaks, posiblemente Julian Assange.

Al aceptar culpabilidad por los 10 cargos menores –cada uno con una condena posible de 2 años (o sea, 20 en total)– Manning reconoció ante la juez Lind que no habrá posibilidad de salir del proceso sin alguna pena carcelaria. El juicio militar, en el que la juez Lind será la única autoridad judicial (no habrá jurado) por acuerdo de Manning, está programado para comenzar el 3 de junio.

El mando militar estadunidense lo ha acusado de los cargos más graves en el código militar, como ayudar al enemigo y varias violaciones de la Ley de Espionaje, ley de 1917 que hasta la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca casi nunca ha sido usada. Pero eso implicaría tener que comprobar si la información que filtró era de defensa nacional que podría ser empleada para hacer daño a Estados Unidos.

Las palabras de Manning hoy fueron reportadas por varios medios y por la Red de Apoyo a Bradley Manning que observaron el procedimiento por video en vivo en un cuarto junto al tribunal, ya que por ahora la juez no permite grabar (ni audio ni video) los acontecimientos, ni se ofrece una transcripción pública. Sin embargo, el proceso no es secreto.

Para actualización de información sobre este caso y todo lo relacionado con Wikileaks ver Wikileaks en La Jornada.

Toda la colección de reportajes y notas sobre los documentos oficiales filtrados a Wikileaks relacionados con México están en el libro México en Wikileaks, Wikileaks en La Jornada.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/03/01/mundo/034n1mun

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