8784 horas vigilando

la puyaPor Magalí Rey Rosa –

Mañana se cumple un año desde que empezó la resistencia en La Puya. Así le llaman las mujeres y los vecinos de San José del Golfo y San Pedro Ayampuc al movimiento pacífico mediante el cual sus hijos e hijas valientes y altivas… defienden su tierra y su hogar. Se han turnado las 24 horas durante 365 días para tapar ¡solo la puerta de entrada! -no carretera ni camino- para impedir el acceso a la mina El Tambor; al sitio donde una compañía minera que no sabe nada de riesgos ambientales, conflictos sociales ni ética, pretende escarbar, con apoyo del Gobierno y artimañas legales.

Escarbar profundo, hasta llegar a donde están las microscópicas partículas de oro, incrustadas entre otras —también invisibles— de mercurio, arsénico, plata, hierro, cobre… Si es necesario, la transnacional minera volará las montañas en pedazos. Después de llevarse todo lo que tenga algún valor en el mercado, los mineros dejarán montañas de desperdicio —miles de toneladas de pedacitos de mercurio, cobre, selenio o arsenopiritas que se encuentren asociados al oro y la plata en las rocas que dinamiten— con alto potencial para contaminar y causar daños a la salud, que además quedarán mezclados con los materiales tóxicos que usa la industria metalúrgica, como el cianuro. Usted que me lee: ¿qué haría si algo así pasara en su barrio? ¿Lo permitiría?

¿Se justificaría el daño irreversible que acarrea la explotación del oro si hubiera realmente beneficio económico para la gente del lugar? Porque está claro que al país no le quedará ni siquiera el desgraciado 1% que manda la ley, ya que nunca se han calculado las pérdidas. Para los pobladores de esa región, el beneficio económico no es una justificación aceptable, ya que lo que se pone en riesgo es agua: su agua, nuestra agua.

Ese es el mayor temor que les causa la minería metálica, y es justificado: el uso excesivo de agua. A ellos —que viven en el Corredor Seco— no les dará tiempo para enfermarse por los químicos, porque mucho antes de eso podrían morirse, de hambre o de sed.

Ya se anunció sequía para este año. El cambio climático es la mayor crisis de nuestra época y las condiciones de vida son ya mucho más duras para quienes dependen de sus cosechas para sobrevivir, que es la mayoría del pueblo guatemalteco. Eso es lo que tendrían que entender los diputados, magistrados, empresarios y presidentes que tienen relación con el tema de la minería metálica y poder de decisión. Que están poniendo en riesgo la vida de otros, por un metal que no es indispensable para vivir.

Cuando tomamos en cuenta la corrupción, el cinismo, la falta de ética y la codicia que abundan entre los personajes que realmente gobiernan y tienen poder, el panorama se vuelve sombrío. ¿Aló, diputados al Congreso, Corte de Constitucionalidad, Ministerio de Energía y Minas…? Por eso el movimiento de resistencia ante la minería metálica es heroico y merece apoyo. En La Puya celebrarán un año de resistencia pacífica este domingo, todo el día. Acérquese, descubra y acompañe este esfuerzo pacífico en defensa de la vida: Km. 17 de la ruta al Atlántico, entrada a San José del Golfo, camino al cementerio.

Fuente: www.prensalibre.com

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