El comercio justo a través del fútbol

sensafutbolIsaac Altable
Una empresa californiana aprovecha la popularidad del deporte para apostar por el desarrollo de las comunidades

Si el deporte en general y el fútbol en particular tradujera su fuerza universal en motor social puede que no tuviera un rival en el campo del emprendimiento. Sólo hay que buscarle las vueltas para fusionar ambas corrientes. Hacerlas compatibles y rentables es un reto y una oportunidad. Los hay que están en ello: allá va un ejemplo.

El fútbol es una herramienta de cambio social.

Crecido en Argentina, Santiago Halty, el fundador de la compañía, ha tenido una idea para conectar los beneficios del deporte a los deportistas y aprovechar la fuerza de este fenómeno moderno como “herramienta de desarrollo social”. Un viaje en el que pasó por Panamá,Turquía, Colombia, Armenia, Finlandia o México, le puso este pensamiento dentro de su cabeza: “Todo el mundo juega al fútbol”. Así que así puede decirse que nació el germen de Senda. “No sólo promovemos el comercio más justo sino que, luego, damos entrenamiento y currículo deportivo para usarlo como palanca de desarrollo”, dice. La empresa llamada Senda y está radicada en Berkeley (California, EE UU). Su razón de existir, según cuentan ellos mismos es Senda “desarrollar asociaciones de larga duración con organizaciones no gubernamentales para utilizar los deportes para transfromar las vidas de los más jóvenes tanto en EE UU como en otros países”.

La empresa busca y obtiene los beneficios económicos que mantienen en funcionamiento su proyecto en la venta de balones y otro material deportivo. Un campo comercial con amplias posibilidades. Con feroz competencia. Y con un bagaje de noticias acerca de produccción poco concienciada con los derechos laborbles. Los balones de Senda deben respetar que a la hora de crearse se respetan criterios económicos, sociales y medioambientables sostenibles. En su búsqueda de comercio justo a la hora de proveer de material, todos los implicados en la cadena de producción deben, al menos, percibir el salario mínimo oficial de sus países (si existe) pero, además, certificar que no se emplea a niños y que los trabajadores tienen adecuadas medidas de seguridad e higiene en el trabajo. Son cosas que, quizás, se dan por sentado en muchos estados pero que se hace crucial asegurar cuando se habla de promover el trabajo en países con situaciones laborables de riesgo. Allí, en ocasiones, trabajo se equipara a moderna esclavitud. En el caso de Senda, en los centros de producción se les libera una cantidad que ellos llaman en inglés fair trade premium para que se desarrollen proyectos en la comunidad.

La compañía explica que el método es construir una mayor ” autoestima mediante el fútbol”. Y especifica que para que esto funcione es preciso “buen material y buenos entrenadores”. Un comentario que aleja la idea del voluntarioso alocado que monta partidos a base de pelotas de retal y porterias hechas de un par de ladrillos en un descampado. Ellos subrayan: “productos de alta calidad; acceso a la actividad deportiva…” a la vez que se realiza un proceso de producción “con salarios justos y condiciones adecuadas”.

Tomado de ElDiario.es

Te gusto, quieres compartir