¿Cuánto tienes, cuanto sanarás?. La privatización de los servicios de salud.

privatizacion_sanidadPor Rosaura Raguex

“Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios”
Artículo 25: 1. Declaración Universal de los DH

Como una realidad cíclica, los médicos de los principales centros hospitalarios en Guatemala están denunciando estos días las pésimas condiciones en las que se ven obligados a trabajar; pero nadie se escandaliza, ni ningún actor social o político se inmuta. Al parecer, la crisis permanente e histórica de la situación y condición socioeconómica en Guatemala para la mayor parte de los “electos” que gobiernan el país no es ni ha sido ni una novedad, ni mucho menos una realidad relevante.

¿Que se puede esperar en el reino de la necesidad infinita? Los problemas de la población como lo es la salud, la vivienda o la educación, están tan aislados entre tantos problemas cotidianos, que ya no despiertan los intereses y preocupaciones de los ciudadanos, que a lo sumo pensarán: Ahi viene otra crisis. Quizá la población guatemalteca simplemente se resigna a la esperanza de que en algún momento no muy lejanos, la responsabilidad de parte de los gobernantes se haga presente y finalmente se preocupen por responder en serio a las demandas y necesidades sociales, en particular una tan básica como lo es la salud.

El servicio de salud, específicamente el sistema de salud pública en el país, es una manera de visibilizar lo pobre o nulas que han sido las iniciativas y preocupaciones por mejorar y lograr un nivel de desarrollo humano aceptable y humanamente creíble como para poder resaltar que se vive en Democracia, puesto que el derecho a la salud es uno de los pilares para una mejor vida en cualquier sociedad.

El derecho a la salud precisamente se reconoce en la Constitución Política de la República de Guatemala, en el apartado “Salud, Seguridad y asistencia social”, donde se resalta el artículo 93. “Derecho a la salud”, el artículo 94. “La obligación del Estado, sobre salud y asistencia social” y en el artículo 95. “La salud, bien público”; así como también en los Acuerdos de Paz, “Acuerdo sobre aspectos socioeconómicos y situación agraria” en el apartado “Desarrollo Social”.

Sin embargo, aunque esté normado constitucionalmente y acordado entre los cambios para la “democratización y paz” en Guatemala, el sistema de salud pública no ha dado respuestas ni resultados favorables; pero ello no significa responsabilizar ni resaltar que únicamente dependen de los médicos o los servidores de salud, puesto que como en todo sistema social, todo está dialécticamente inter-relacionado, por tanto no se puede reducir la crisis del sistema de salud, como algo independiente y aislado del todo, particularmente del sistema sociopolítico y económico del país.

Los servicios de salud al igual que la educación, la seguridad en el país, se han vuelto fuentes de ganancias lucrativas más que de desarrollo social y humano; mercancías de compra y venta, más que de derechos fundamentales. Lamentablemente, el afán de lucro en los servicios de salud llora sangre, y han convertido en mercancía de negocios, ingresos y ganancias el bienestar de la población.

Por eso, no se ha de extrañar, de acuerdo al Informe Nacional de Desarrollo Humano 2009/2010, que “ningún otro país del continente americano tiene una mayor participación privada tan alta en el financiamiento de la salud como Guatemala”, por lo que no era de extrañar “que en el año 2005 el gasto directo en salud de hogares –gasto privado en salud- fue de 89.1%” (PNUD.2009-2010:164).

Es preciso resaltar entonces, que estos datos no indican que el nivel de salud sea mejor o que la población tenga buen nivel de vida e ingresos, es más, indican que gran parte de la población asume y cubre los gastos en salud porque el Estado como el Gobierno no logran cubrir dichos derechos tal como se establece en la Constitución Política.

Por supuesto, aún con todo, algunos pueden pagar estos servicios. Pero … ¿y el resto de población que no logra cubrir dichos gastos? Muchos ciudadanos echan suerte y esperan a ver si logran ser atendidos en los hospitales públicos, centros y puestos de salud, etc., mientras rezan porque primero, no les alcance la muerte, o algún daño mayor que fácilmente pudo haberse prevenido con atención oportuna.

Según el PNUD, “el sistema de salud de Guatemala está segmentado por condición socioeconómica y laboral. La población pobre es atendida por el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social; la trabajadora en el sector formal con acceso a seguridad social, por el IGSS; y la que tienen mayor capacidad de pago, por entidades privadas lucrativas. Sin embargo, la Encovi 2006 revela que a nivel nacional más del 50.0% de la población buscó el sector privado durante el último mes para consultar sobre episodio de enfermedad, accidente o quebranto de salud. (PNUD. 2009-2010:169).

Es decir que no precisamente por ser del sector público el servicio de salud tenga buena cobertura, eficacia y eficiencia en la atención de la población necesitada, de tal forma, las consecuencias sobre la población es nefasta y sumamente alarmante; resaltándose así, que Guatemala en el año 2003, “en cuanto a la tasa de mortalidad infantil, es después de Haití y Bolivia, el que presenta la más alta tasa de la región” (PNUD. 2005:186).

Según UNICEF, en el Informe Sobre los Progreso 2012, El compromiso con la supervivencia infantil: una promesa renovada, resalta que “a pesar de que la mortalidad infantil en Guatemala ha presentado un descenso progresivo en los últimos años, ésta continúa siendo la tasa más elevada de la región” (UNICEF: 2012).

A partir de lo anterior, es necesario y obligatorio cuestionarse ¿cómo una sociedad como la guatemalteca no ha tenido aún una consciencia social, que sea capaz de admitir la realidad tan cruel para tantos compatriotas, y poder reorientar este sistema social para un bien común?

Parece obvio que en Guatemala, ya se perdió la importancia y el significado de lo que implica el “bien común”, porque aquí se aplica la letra de “Un precio” , del genial Alejandro Filio:

“Y cuando empezó todo a tener un precio?
tal vez cuando un necio a la luz se miro
y vio que a su lado despiadado el frío
sin techo ni abrigo otra vida cobro”

“Siempre trata el hombre de curar sus males
siempre tanto vales, tanto curarás”

Tomado de: Analistas Independientes de Guatemala

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