El pez que nado fuera del agua

Por Gustavo Abril Peláez – http://www.facebook.com/GustavoAbrilPelaez –

No hay forma de explicar lo que sentí aquella mañana, en los primeros días de un noviembre ya lejano, al ver entre la bruma el color verde de las plantas de sandía que habían “nacido” la noche anterior: miles y miles de hilitos adornados con pequeñas hojas cuyo color contrastaba con la negrura de la tierra. Confieso que tragué saliva al pensar en la responsabilidad que tenía pues, a partir de ese día, tendría que cuidar el sandial y protegerlo de las plagas y del frío que a veces se dejaba sentir en las madrugadas. Como la misma siembra, todo el trabajo se haría a mano limpia: sacar agua de los pozos artesanos, regar las matas, aplicar fertilizantes y pesticidas, deshierbar, aflojar la tierra y, al final, cortar las sandías y transportarlas hasta el mercado del “Centro Uno” del parcelamiento “La Máquina” `-una pequeña comunidad agraria, en la costa sur de mi patria-.

La pasaba bien a pesar del arduo trabajo porque, además de dedicarnos a los cultivos, mi primo Fausto y yo nos divertíamos cazando con rifle iguanas que comíamos asadas, bajando cocos que bebíamos con de ron de caña, navegando en cayucos a motor por los manglares donde atrapábamos cangrejos con los que hacíamos muy buenos caldos; incluso viví la odisea de matar un marrano, destazarlo y freírlo en un apaste sobre un gran fuego de leña. La verdad es que en aquellos días no solamente aprendí a sembrar sandías; también aprendí a manejar el tractor, a atrapar camarones con atarraya en el estero de “Las Salinas”, a recoger mejillones en la bocabarra de “Las Marías”, a pescar con línea desde la playa de “Las Delicias”; aprendí a descortezar cocos con precisión quirúrgica, a mantener a distancia a las nativas y a comer sin melindros toda clase de bichos y porquerías.

No soy más que un citadino, y en esos lugares de ensueño yo era un pez fuera del agua, pero pocos recuerdos son tan buenos como los de aquella temporada que viví en las tierras de los Peláez, esos hermosos campos de Suchitepequez, en la costa sur de mi bella Guatemala.

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