Hay algo enfermo en una sociedad en la que Cristiano Ronaldo es el modelo a seguir

Por Aleph de Pourtales

Entre el dios de la vanidad, el nuevo Narciso de una sociedad enferma, Cristiano Ronaldo y el dharma.

Peinando la red, en esa navegación digital diurna de diversas olas de data me encontré con una entrevista de Jose Manuel Lillo, el entrenador del Almería, en la que habla de su preferencia estilística por el juego del Barcelona y cuando se le pregunta por el juego de Cristiano Ronaldo menciona que si este jugador es el símbolo de la sociedad, entonces “hay algo que no funciona en esta sociedad”.

Las palabras de Lillo me recordaron una frase de J. Krishnamurti que Pijama Surf ha utilizado en su página de inicio: ” No es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”. Aunque las palabras de Lillo y las de Krishnamurti no hablan excatamente de lo mismo, me parece que se complementan. Es decir, la sociedad está profundamente enferma porque en ella prevalecen los valores que Cristiano Ronaldo representa. Y en ese sentido querer ser como Cristiano Ronaldo, aunque esto sea por una especie de enajenamiento marketingero, es propagar la enfermedad que corroe a la sociedad.

Personalmente me inclino por una concepción nietzcheana a de los valores, donde el individuo forja su propio camino para autosignificarse, intenta desenajenarse y posiblemente logra la autopoiesis. Y aunque criticar a la sociedad por una especie de falta de integridad moral podría sonar contradictorio con la libertad que la autoafirmación individual a veces sugiere (y la desmesura dionisiaca), la crítica gira en torno a la exaltación de cierta pobreza en el espíritu humano que es deapercibida en el velo de espejos del gliteratti del éxito y el sexo.

Quien haya observado a Cristiano Ronaldo en la cancha y haya seguido su vida fuera de ella podrá estar de acuerdo en que Ronaldo más que un ser real, es un arquetipo encarnado. Como un dios griego envuelto en una confusa posmodernidad que se erige y rebela sobre las fuerzas primordiales del caos y de la noche… Ronaldo es un nuevo Narciso, símbolo de lo que le sucede a la estética sin la conciencia, y al ego sin la conciencia del otro. Como Narciso, Ronaldo está enamorado de sí mismo y se contempla permanentemente en el lago de la luz eléctrica; lo vemos checarse permanentemente en la pantalla de los estadios o buscando las cámaras para, en cue, ajustar su peinado de gomina (de cani deificado) o quitarse el jersey para mostrar sus músculos torneados, herencia helénica; al igual que Narciso, Ronaldo sólo piensa en su propia belleza: dispara todos los tiros de castigo (tirando a gol de distancias implausibles), prefiere quitarse a varios rivales antes que dar un fácil pase de gol, no busca a sus compañeros cuando no participa en la elaboración de un gol…

Como Narciso, Ronaldo enamora a hombres y a mujeres en todo el mundo, pese a que cualquiera en sus cinco sentidos se da cuenta que no es precisamente un tipo amable (en realidad Ronaldo no accede ni provoca amor, lo de él es la infatuación). Es un canto al ego, al éxito del ego, a la seguridad que da el éxito, al dinero que da sexo. ¿Puede amar alguien verdaderamente a Cristiano Ronaldo? Morbosamente imaginemos la relación que tienen la modelo rusa Irina Sheik y su novio Cristiano Ronaldo ¿pueden trascender la usura emocional y conectarse desnudos más allá del negocio que les implica estar juntos? ¿Puede alguien querer a Cristiano Ronaldo por sí mismo y no por el personaje que representa? ¿Puede Cristiano Ronaldo ser él mismo y despojarse de la máscara de Cristiano Ronaldo? En cierto modo la vida es cruel con Ronaldo y la ha tendido una trampa. La cara que ve en la televisión, como fatalmente descubrió Narciso, no es su cara.

En un foro español encontramos la siguiente aseveración: “Los chicos de hoy acostumbran llamar a sus penes con nombres, por ejemplo mi hermano le llama al suyo Cristiano Ronaldo porque se folla a todas las chicas”. El periodista José María García claramente lo explica :”Los niños se fijan en Cristiano Ronaldo porque es rico y se tira a todas las tías”.

En cierta medida es natural para los adolesecentes celebrar la proeza sexual y ¿quien no no se ve atraído por la posibilidad de “follarse” a modelos que encarnan el paradigma estético de lo deseable? En este sentido Ronaldo es un macho alfa, un modelo a seguir, para conquistar la barrera entre el deseo y la realidad. Porque suponemos que Ronaldo, siendo como es, obtiene lo mejor del mundo: el dinero, el éxito, la lisonja de todos, el sexo con las mujeres más atractivas del mundo. Y por esto debemos de adaptarnos a este funcionamiento social que recompensa a personas como Ronaldo con los goces del cielo en la tierra.

Pero es justamente la enfermedad de la sociedad la que nos hace creer y por ende ver, que el dinero, la vanidad y el sexo con cuerpos perfeccionados por el cincel del paradigma dominante es lo que debemos desear y es lo que marca nuesto valor como individuos. Olvidando que lo mejor del mundo es lo que tenemos enfrente, el instante que nos compete, el presente con sus diamantes en potencia girando en el vacío como budas atómicos.

Es difícil que un hombre no desee tener sexo con una mujer que luce como la novia de Ronaldo, y que su ego no engrandezca si logra hacer algo similar. Puede decir y razonar que el prefiere su propia vida y que sabe que el mundo de las celebridades es un mundo falso, pero en el fondo difícilmente se despojará del embrujo aspiracional de la sociedad, y permanecerá un dejo de un deseo insatisfecho. Como dijo William Blake : “Aquel que desea y no actúa engendra la pestilencia”. Aquí es donde opera el malestar de estar adaptados a una sociedad enferma. Adaptado a querer lo que no puedes conseguir; no puedes conseguirlo porque en realidad no es lo que quieres, no quieres lo que quieres.

Por esto Ronaldo y muchas otras celebridades son ante todo modelos. Modelos de un mecanismo social de enajenación -porque nunca podremos ser como ellos- que enaltece valores que llevan a la desconexión con nuestra propia individualidad, con nuestro propio cuerpo, con nuestro propia sexualidad, con nuestras propias emociones y con las personas que nos rodean. Presentan un camino que no puede recorrerse (sencillamente porque es imposible que su camino sea nuestro camino) y que sin embargo se postula como el único camino que nos llevaría a nuestra autorrealización (la prostitución del Tao). En el blanco brillo de los dientes esmaltados de Ronalado, en su six-pack abdominal, en su Lamborghini, en el sexy culo de su novia rusa, yace la ilusión de este mundo. Un mundo que nos llama con dulces y ardientes promesas pero que debemos de abandonar si no queremos abandonarnos a nosotros mismos.

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