Miles de pedazos

Por Christian Echeverría

En una sociedad hiper-fragmentada social y políticamente por el colonialismo y la guerra, fragmentada en miles de pedazos; la aceptación o reprobación popular de un gobierno democráticamente electo es muy relativa.

La disminución de asesinatos en un 10% durante el último año, comparado con el 2011 -resultado del trabajo coordinado de varias administraciones incluyendo la presente-, o la creación según el gobierno de unos 120 mil nuevos empleos formales; no hace que la reaccionaria clase media mestiza capitalina se sienta más segura ni en mejor condición económica, y parece cada vez más bajarle el pulgar a su paladín. Bástese una tertulia.

En cambio, la implementación de algunos programas sociales asistencialistas en zonas puntuales de la ruralidad, parece haber traído sensación de alivio temporal a otros ciudadanos que nada tienen que ver con la sosodicha clase media; y por lo tanto, a sus localidades ha llegado la mágica esperanza de un “gobierno del cambio”. La mágica esperanza se mudó de la ciudad al campo, según una encuesta de aceptación popular de Prensa Libre –el portavoz de la patria del criollo-.

Que el gobierno masacre a sus propios ciudadanos -mayas kichés- en Totonicapán, con toda la vejación de derechos fundamentales que esto implica; es irrelevante para las capas medias, las cuales es más; la aplaudieron a su tiempo oportuno a través del más visceral de los racismos coloniales en toda la red social de los medios corporativos.

El Observatorio Indígena en contraste, reprobó absolutamente la gestión del “gobierno del cambio” por razones obvias -tal vez para un extranjero-. Y así, puede decirse de la reforma magisterial, rechazada por los hijos de la ignominia. Por los hijos de comerciantes, obreros, campesinos; y mientras los capitalinos exigen el fin de los bloqueos de calles.

En la ruralidad de La Puya, Santa Cruz Barillas, San Rafael Las Flores, los ciudadanos perciben al Estado -y a las transnacionales-, como franca amenaza para sus derechos más básicos, sin que nadie estimule noblemente ningún diálogo nacional para resolver el tema energético -que dicho sea de paso, trasciende a lo local y nos incumbe a todos, aunque nunca hayamos estado en Santa Cruz Barillas ni lo estemos jamás-, pues en los hospitales y escuelas que yo sepa se necesita luz, y si es más barata mejor, mientras en la “Capital de la República”, lo que se quiere es “pan y trabajo”, con desesperación neurótica y feroz, venga de donde venga, sin importar la suerte de nadie más, que además; es malo y no es como nosotros: los hijos del gueto.

En ese contexto hiper-fragmentado, donde si para unos llueve, para otros hay sol tropical y piel bronceada -al menos en la imaginación-, el gobierno militar-oligárquico, que ha presentado sus logros lógicos, objetivos y medibles, dentro de sus propias fronteras lógicas y dentro de las limitaciones que le son propias a su naturaleza clientelar-oligárquica, contrainsurgente y desarrollista; su rostro político visible, el general retirado, ha dicho que los objetivos de su gobierno -gobierno que los mismos sectores en fragmentación eligieron popularmente- serán en el 2013 reducir la desnutrición en un 3%, impulsar el desarrollo rural, disminuir los conflictos sociales, impulsar leyes de transparencia y empleo. Esto, en este contexto de fragmentación social y política que otros nos heredaron y mantienen, con la lógica de la guerra, en la cual solo vemos los gentiles blancos y negros, enemigos y amigos, buenos y malos y no cabe ni en el corazón, ni en la cabeza, ni en la imaginación, ni en el discurso, ni en la acción social de los miles y miles de pedazos de la sociedad; otras posibilidades que no estén dentro de las fronteras del enfrentamiento fratricida bipolar.

Este es el contexto y estas las deudas pendientes que tenemos como sociedad. Una sociedad que aún, no termina de vivir en su guerra y que aún le cuesta mucho caminar hacia adelante de su propia historia, de su propia sombra. En ese contexto, un pueblo tiene la obligación histórica para consigo mismo de resolver los problemas que le aquejan. ¿Seremos capaces de generar consensos mínimos en medio de un viejo campo minado de guerra, de una guerra que ya no existe como tal?

Me pregunto porque urge que la sociedad se modernice en base al diálogo, al respeto mínimo pragmático y a la legalidad, porque ese contexto es favorable para todos. Seamos pragmáticos y entendámoslo. Lo de derechas e izquierdas vendrá después, cuando tengamos bases para vivir una vida más o menos modesta cultural, política, social y económicamente. Una vida medianamente civilizada. Por ahora, en este campo minado bárbaro, inmisericorde fragmentado; seamos pragmáticos.
Artículo publicado anteriormente en Radio Ati.
FUENTES PARA EL ARTÍCULO:
• Primer Informe de Gobierno (2013). Consultado el 15 de enero de 2013, desde:
http://issuu.com/guatemalagob/docs/informedegobierno

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