¿Al borde del abismo? Entre la anomia regulada y el familismo amoral

Luis Mack AIG

“Gracias a Dios, se les puede corromper.
No son lobos sino seres humanos,
y les tiran el dinero.
La corrupción es para esos hombres
lo que la misericordia es para Dios.
La corrupción es nuestra única esperanza.
Mientras exista, habrá una justicia indulgente”.
Bertolt Brecht
“Madre Coraje y sus hijos”
Obra teatral

La Guatemala de hoy vive días muy complejos y difíciles, que hacen predecir un año 2013 muy inestable y potencialmente peligroso para las aspiraciones de la mayoría de la población: contrario a los deseos manifiestos del Presidente Otto Perez en su discurso de toma de posesión el 14 de enero del presente año, lejos de consolidarse la paz y la concordia, se ha ido profundizando lenta, pero perceptiblemente, las condiciones de polarización y violencia que prevalecían en la época de la guerra interna. Se pronostica, por lo tanto, que tarde o temprano tales condiciones van a provocar una crisis institucional muy profunda. Lo peor es que no contribuye a la tranquilidad la tendencia a que todos los conflictos se están judicializando, provocando un debilitamiento aún más pronunciado de las ya de por si desprestigiadas Instituciones encargadas de la Justicia.

El problema fundamental para Guatemala es que a nadie le importa usar sus influencias y colocar allegados en puestos clave para después obtener ganancias ilícitas, promover proyectos políticos que sólo van a beneficiar a unos pocos, e incluso, manipular la elección de Jueces y Magistrados para permitir fallos judiciales de acuerdo con sus propios intereses. Los últimos acontecimientos han abonado evidencia sobre este último punto:

La denuncia de la CICIG contra 18 jueces por fomentar impunidad e intereses oscuros,
La serie de recursos a favor y en contra de la reforma educativa que tiene en zozobra a la comunidad educativa en Guatemala,

La controversia por la acción de la Diputada Julia Maldonado en contra de la Secretaría de Control y Transparencia que fue dada con lugar por la Corte de Constitucionalidad, las declaraciones del Presidente Otto Pérez un día antes de que la Corte Suprema de Justicia le retirarar inmunidad, y la apelación de la bancada Líder para intentar devolverle inmunidad a la diputada Maldonado, auguran un largo conflicto entre el partido oficial y el principal partido de la oposición que tendrá lugar en los tribunales de justicia.
Las pugnas por la aprobación de la Ley de Desarrollo Rural Integral están apenas en su inicio, ya que aún si se aprueba la normativa, el conflicto se trasladará a la Corte de Constitucionalidad, ya que los detractores argumentan inconstitucionalidad.

Estas y otras controversias han favorecido el lento socabamiento de la credibilidad de la CC, la llamada coloquialmente “Corte Celestial”, porque para el ordenamiento jurídico, sus decisiones son definitivas. Esto favorece que dicha institución este cada vez más sometida a la presión política, ya que todos los actores quieren conseguir resoluciones apegadas a sus propios intereses, algo que ya es un secreto a voces en el medio nacional.

En vista de todos estos conflictos, teóricamente se visualizan dos problemas fundamentales que favorecen el enfrentamiento de la sociedad guatemalteca, factores que se deberían de reducir en el futuro antes de empezar a generar un clima institucional favorable al inicio de acciones tendientes a superar nuestros grandes desafíos.

Uno, es reducir la enorme Anomia Regulada que padece Guatemala, ya que la forma en que se producen sistemáticamente las normas legales -basadas en lenguaje oscuro, no acorde con el resto de las leyes vigentes para que se instale la ambigüedad, ademas de que se generan frecuentemente vacíos y contradicciones entre una norma y la otra-, favorece que aun cuando tengamos excelente legislación difícilmente dichas leyes podrán ser cumplidas.

El segundo factor se deriva del anterior: ante un estado de derecho permeable a los intereses políticos de turno -por eso en minúscula, para señalar su característica anómica-, surge un tipo de solidaridad típica de las sociedades atrasadas, tal como había estudiado Edward C. Banfeld a finales de los años 50 en la Italia del sur, en la que la característica principal es su falta de moral pública, situación que denomino “familismo amoral”. Eso significa que la sociedad guatemalteca acepta cada vez más como una regla, la defensa oficiosa de los intereses familiares, de amistad y compadrazgo, por encima de cualquier otro valor moral o ético, aún si ello signifique mentir, matar o robar.

Hasta que no empecemos a llamar a las cosas por su nombre, no saldremos nunca del barranco que estamos cavando para enterrarnos todos juntos, cada quien luchando por ganar un pedazo de este gran pastel llamado gobierno, sin que a nadie le importe que estamos cada vez más cerca del abismo.

Pan para hoy, hambre para mañana: curiosa lógica suicida de todos los actores guatemaltecos.

Tomado de http://www.analistasindependientes.org/2012/12/al-borde-del-abismo-entre-la-anomia.html

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