La más reciente escaramuza palestina: ¿un nuevo juego de pelota?

Immanuel Wallerstein

El mundo entero observó el más reciente conflicto violento entre Israel y los palestinos. Todos contuvieron la respiración al ver al presidente Morsi, de Egipto, arreglar la tregua, que por el momento perdura. Y todos, excepto los israelíes, alabaron a Morsi por lograr esa tregua, que parecía difícil.

Pero, ¿qué significa? Para contestar esto necesitamos preguntarnos qué esperaba ganar cada uno de los cuatro jugadores principales. Los jugadores que importaban fueron el primer ministro Bibi Netanyahu, de Israel; los presidentes Obama y Morsi, y el liderazgo de Hamas. Cada uno quería cosas diferentes.

Comencemos por Netanyahu. Él enfrenta ahora unas elecciones y quiere ganarlas en grande. Por el momento no puede bombardear Irán, pero quería que la atención se centrara de nuevo en Irán y se apartara de Palestina. Así que jugó la carta nacionalista común –abajo los terroristas de Hamas, y más vale que Estados Unidos nos respalde al 100 por ciento, por que si no bombardearemos Irán ahora mismo.

Pero se topó con un problema inesperado. Hamas resultó un tanto más fuerte militarmente de lo que era. Pudo, de hecho, lanzar cohetes y bombas a Tel Aviv y a Jerusalén. Sí, estos cohetes pudieron repelerse con éxito debido al nuevo domo de acero que Estados Unidos construyó a los israelíes. Pero fue una advertencia militar para el futuro. Además, Israel, no Hamas, fue culpado en todo el mundo (y lo más importante es que en Europa occidental) de haber comenzado esta reciente confrontación. La prensa fue negativa y prometía empeorar. Así que Netanyahu, en efecto, reculó y accedió a una tregua, que contiene cosas (por lo menos en el papel) que Israel nunca antes había querido decir.

¿Y Obama? Esta escaramuza fue lo último que necesitaba, estando enmedio de la batalla política más importante en Estados Unidos, y siendo quisiquilloso acerca de cualquier ulterior compromiso militar en el exterior. Pero por supuesto tenía que respaldar a Israel en el Consejo de Seguridad. Así, ¿qué fue lo que intentó? Muy simple: seguir siendo relevante. Envió a la secretaria Clinton a Israel a estrechar la mano de Netanyahu públicamente. Fue ella también a Ramallah a decir al presidente Abbas, de la Autoridad Palestina, que Estados Unidos seguía buscando una solución con dos estados. El problema es que ni Abbas ni la Autoridad Palestina eran jugadores en esta escaramuza. Y, por supuesto, ella no fue a Gaza a arreglar una tregua, porque oficialmente Estados Unidos considera a Hamas una organización terrorista. Así que Obama y Clinton se las arreglaron para mostrar al mundo que Estados Unidos no sólo no era indispensable, sino tampoco era relevante.

Así que en Egipto fue donde ocurrió la acción. Morsi quiso hacer dos cosas. Primero, mostrar que Egipto era la nación indispensable, por lo menos en Medio Oriente. Segundo, mover el foco de la atención mundial de Irán y Siria a Palestina. Logró por completo el primer objetivo y su logro fue importante en cuanto al segundo. Entre otras cosas, hay que resaltar lo callada que estuvo Arabia Saudita durante este asunto. También ellos comenzaron a verse menos relevantes.

El mundo occidental está pensando ahora que Morsi tiró su victoria a la basura, debido a los decretos internos que anunció pocos días después de la tregua. Cierto, ahora enfrenta la oposición unificada de la mitad del país. Pero, ¿quiénes son esa mitad que se está manifestando contra él? Son una variopinta alianza de jóvenes que son los herederos de las revueltas de 1968 contra la autoridad, los liberales orientados al mercado, los nacionalistas nasseritas, la izquierda política y los grupos que son los remanentes del régimen de Mubarak.

Noten que todos estos grupos de una forma u otra están comprometidos con valores que uno encuentra en el mundo occidental. Contra ellos, Morsi habla de una serie de valores arabo-islámicos indígenas que la Hermandad Musulmana siempre ha reivindicado. Morsi está replicando internamente lo que hizo a escala internacional. Egipto, no Estados Unidos, terminó siendo quien arregló la tregua. Y al interior de Egipto será la sharia (aunque sea una versión leve de ésta) la que prevalecerá. Tal postura tiene un amplio respaldo.

Y en cuanto a Hamas, está celebrando. Israel tuvo que llegar a términos con ellos. Han marginado a Abbas. Estados Unidos comenzará a negociar con ellos también. No pueden sino ser optimistas por su futuro.
Traducción: Ramón Vera Herrera
© Immanuel Wallerstein

La Jornada

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