Medios y violencia

Por Mariano González –
magopsi@yahoo.com.mx

Se ha vuelto un tópico bastante manido el tema de los medios de comunicación masiva y la violencia, pero esto requiere cierta revisión. Sería bastante ingenuo pensar que los medios son los principales promotores de la violencia, porque supuestamente “enseñan” el comportamiento violento. Sin embargo, tampoco es fácil exculparlos y decir que no tienen ninguna participación en el problema. De hecho, la violencia es uno de los temas que más “venden” y que más aprovechados son por los medios de comunicación masiva como noticia.

Probablemente lo mejor es ver lo que sucede en el contexto que nos encontramos y no tomar una posición anticipada. Y lo que se puede concluir es que los medios funcionan como una caja de resonancia de la violencia. Más que alentarla o ser simplemente una fuente de información sobre lo que pasa, los medios de comunicación exponen a los espectadores, de formas diferenciadas, ante el problema y contribuyen a aumentar la preocupación que hay sobre el tema. Hablar de la violencia es una segunda vez de la violencia. Lo cual resulta indispensable, claro. Pero hay que hacerlo con cierta propiedad, lo que no se observa en el trato que le dan los medios.(i)

Dos son los problemas que se advierten en el papel que juegan los medios. En primer lugar, ofrecen una exposición bastante irresponsable dado el amarillismo de la presentación. Esto es especialmente válido para ciertos medios impresos y televisivos. La violencia se expone de forma amarillista y morbosa. El dolor y la barbarie se muestran como espectáculo, sin consideración frente al sufrimiento de los familiares o la susceptibilidad de los observadores. Además, dicha presentación contribuye a alimentar el morbo. No sólo de los espectadores, sino también de los agresores. Como diría Carlos Orantes, el circuito del “goce” de la violencia se completa cuando los agresores se observan en los diarios.

En segundo lugar, impiden tomar cierta distancia para la comprensión del problema. Al hacer el recuento de los distintos hechos de violencia, contribuyen a generar la sensación de que no hay ninguna modificación del panorama. A lo más que llegan es a presentar los distintos “picos” debido a hechos de extraordinarima magnitud o de innegable saña. Pero esto no ayuda para advertir las modificaciones que existen o para comprender el fenómeno.

Un ejemplo de ello es la baja de homicidios que inició en el gobierno de Colom. En el año 2009, la PNC registró casi 6500 homicidios. En 2011, hubo menos de 6000. Por supuesto que esto no significa que la situación sea buena. Pero la tendencia se mantiene en este año y habrá cierto descenso respecto al anterior. Si uno mira los medios, no existe posibilidad de comparar y la violencia “sigue creciendo”.

En este tema, como en otros, no sólo se necesita información, sino también comprensión. Y esto no lo ofrecen los medios, o lo hacen muy poco.

(i) Otro aspecto es el de la violencia ficcional y su capacidad para insensibilizar o modelar conductas. Al respecto hay infinidad de estudios, a veces con resultados contradictorios. No obstante, es posible considerar que el espectador no es idiota y sabe la diferencia que existe entre lo real y lo imaginario.

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