Grietas

Por Christian Echeverría
Las catástrofes naturales como los terremotos, y las sociopolíticas como la guerra o el genocidio; producen en las personas y pueblos severos daños psicológicos por su naturaleza negativa, extrema e inusual. Las catástrofes traumatizan, producen síndrome de estrés postraumático.

Donde existen diferentes Guatemalas, existen diferentes mundos amenazados por una catástrofe. Necesitamos -como dice Mario Roberto Morales- una educación de nuestras diferencias.

La catástrofe social golpeó hace un mes a Totonicapán, y la “Madre Tierra” golpea hoy a un país segregado, con un terremoto que agrieta el block, demuele el adobe, aplasta vidas e inyecta tribulación a pueblos atribulados.

En las redes sociales, estas Guatemalas, mentes, pueblos atribulados y mundos diversos, se leen amenazados: simpatizantes del ejército, publican una foto destacando su labor ante la emergencia (algo que le ordena la Constitución y la lógica burguesa capitalista que concibe al ciudadano como contribuyente-cliente-consumidor de servicios públicos, y al Estado como prestador), frente a la indolencia del procurador de DDHH y la Premio Nobel de la Paz ante la catástrofe. Implacable condena moral que aplaudieron muchos (igual que la catástrofe de la Cumbre de Alaska).

La foto (con la resolución del oportunismo ante la tragedia y dolor ajenos), bien sintetiza el pensar y sentir de una buena parte de esa Guatemala mestiza, urbana, capitalina que vio (su) mundo agrietado.

En otra foto: un linchamiento virtual: una comunicadora colombiana comentó la cobertura mediática dada al terremoto guatemalteco, contrastando con la asignada a la tormenta Sandy, y lo que aún me pregunto si fue una expresión de sarcasmo crítico (o no), respecto al ninguneo hacia el drama del tercer mundo; fue epicentro de verborragia catártica, violenta, brutal, frenética. Vómito postraumático contra aquel improperio al ambiguo nacionalismo ladino que se ahogaba en las horas de catástrofe. Las catástrofes traumatizan, producen síndrome de estrés postraumático. Los mundos se ven amenazados.

La psicóloga social María Luisa Cabrera Pérez Armiñán, que ha acompañado comunidades mayas desplazadas durante la guerra, propone que la catástrofe sociopolítica; supone hechos traumáticos que afectan a colectividades, que se originan por acciones humanas en torno a la lucha sociopolítica entre diversos actores por el poder. La vida es amenazada por la muerte, y posteriormente la vida, al tener memoria; recrea la sombra del horror a través de ansiedad, depresión, hiperactividad, irritabilidad, y anestesia emocional, respuestas que tienen por fin descargar el alud emotivo. Los traumas debidos a la represión política, producen un clima emocional-social donde impera el miedo, la inseguridad, la desconfianza y la poca cohesión social (el que imperaba el 6 de noviembre).

El Programa Nacional de Salud Mental del MSPAS, define en su protocolo de atención en salud mental a personas afectadas por desastres al “desastre natural”, como un estado de calamidad debido a una amenaza que causa grandes alteraciones en las personas, sus obras, organización y ambiente que excede su capacidad de respuesta.

El Programa identifica una fase previa de preparación que la población debe asumir en los desastres naturales. Recomienda identificar fortalezas y debilidades en el tejido social. En ese contexto: ¿qué coordinación pueden lograr los 48 Cantones de Totonicapán con el Estado, si las fortalezas de unos son percibidas como amenazas para el otro? Se distingue conceptualmente entre pobreza y vulnerabilidad, asociando esta última con la incapacidad para la autodefensa: ¿Cómo afrontamos entonces las catástrofes? Los capitalinos mestizos percibimos claramente al ejército (al Estado) como promotor de protección y auxilio, mientras los totonicapenses mayas como amenaza.

El trauma golpea al ser humano, porque es repentino. Porque echa por tierra su noción de control sobre la realidad.

Y aunque urge una transformación política del Estado sobre la base de la justicia social, la interculturalidad y la reivindicación de la vida diversa, los guatemaltecos formalmente tenemos hoy derechos en situaciones de catástrofes: el Código de Salud garantiza el derecho a la prevención y rehabilitación. La Constitución garantiza el derecho a la identidad cultural y a la asistencia social. Pero el afrontamiento de la catástrofe, habla lenguajes distintos. Los capitalinos no pueden dejar de asistir a su desfile Walt Disney ni a sus alegorías coloniales. Su mundo colonizado y lúmpem debe continuar. Se mueve la cuenta corriente y aquí no pasó nada.

La catástrofe y el trauma producen grietas en el alma de los pueblos. En su historia. No tenemos más opción que convivir juntos. La vida es una, pero diversa: ¿quién rehabilita a los soldados de su estrés postraumático de posguerra? ¿Quién rehabilita a las víctimas del terremoto? ¿Quién repara la historia? ¿Quién cierra las grietas?
Artículo publicado anteriormente en la Revista Ati.
FUENTES PARA EL ARTÍCULO:
• (11 de noviembre de 2012). Comunicadora colombiana Anabel Correa Hernández ofende a Guatemala. Star MediaUSA. Consultada el 21 de noviembre de 2012, desde: http://noticias.starmedia.com/sucesos/comunicadora-colombiana-anabel-correa-hernandez-ofende-guatemala.html
• MSPAS. Programa Nacional de Salud Mental (2007). Protocolo de atención en salud mental a personas afectadas por desastres naturales.

Te gusto, quieres compartir