Hablando de fútbol

REVISTA LÍBERO – Madrid

Hablar de fútbol es como hablar sobre la vida, porque para ambos, conversadores natos, el balón es una fuente de inspiración que sirve para tratar cualquier debate de la vida. Valdano fue un pionero en la introducción del pensamiento cultural en el fútbol y Prado, como su homólogo en el camino inverso, es un apasionado del arte que expira una jugada maravillosa. En una charla cómplice, trufada de risas, repasan la comparación entre Maradona y Messi, entre Raúl y Guti, y entre las aficiones de España y Argentina. Jorge construye su opinión desde la experiencia del que lleva décadas cerca de personalidades como Menotti o Di Stefano. Benjamín debate desde el bagaje de quien compartió madrugadas con Rafael Alberti o Ángel González. “¿Por qué los intelectuales le perdieron el miedo al fútbol en los últimos años?”, le pregunta Valdano a Prado a bocajarro. “Antes, cuando llegabas a un ámbito cultural y decías dos palabras sobre el fútbol te miraban como diciendo, “este va de listo o es que es tonto”no había otra opción. Ahora todo ha cambiado”, sentencia Benjamín antes de contar la primera anécdota de la charla. Una sobre Puskas.

Benjamín Prado. El otro día tuve una experiencia maravillosa. Fui a Budapest invitado a una conferencia. Inmediatamente fui a ver, como Dios manda, la tumba de Puskas. Está enterrado en una catedral en el centro. Ahí está Puskas. Un tipo me llevó al restaurante al que iba a comer Puskas. Los camareros me dijeron que me iban a sentar en el sitio exacto donde se sentaba Pancho con su mujer. Y en ese momento, entró una señora, a la que todos los camareros besaron la mano, y era la mujer de Puskas. Me emocionó tanto como visitar la tumba de Borges.

Jorge Valdano. Hay quien dice que fue el mejor jugador que pasó nunca por Madrid. Amancio habla de él con tanto amor como de Alfredo (Di Stefano). Me sorprendió mucho.

Prado. Esas son mis teologías. Las tumbas y esculturas de escritores. Allá donde hay tumba de Cortázar desecho la Torre Eiffel. Y además, los futbolistas. La primera vez que fui a Argentina fui a ver la tumba del boxeador (Luis Ángel) Firpo. Un cementerio lleno de ángeles y ves la estatua de él, en batín de cuerpo entero. Vamos, ni Gardel. Un boxeador.

Valdano. Me decía un argentino que en el año 30 murió Gardel en un accidente de avión, en el año 60 murió Hugo del Carril, un cantante, en un accidente de coche y en el año 75 murió (José María) Gatica, que es un boxeador de última generación, cruzando la calle. Eso marca la decadencia de Argentina. Morir caminando.

Prado. Alberti conoció a Gardel.

Valdano. El partido del Barcelona en el que dedica una oda a Platko lo vio con él.

Prado. Sí, y después fueron a un parque zoológico y Gardel tuvo una genialidad. Se quedó mirando a una jirafa y dijo: ‘Ese animal no existe’. Es fabuloso. Parece de (Vicente) Huidobro, surrealismo total.

Valdano. Nunca perdí el punto de vista del aficionado. Incluso dentro de la cancha. Era consciente de que jugaba al lado de Maradona. Una dimensión nos hacía iguales, pero otra mirada, que tenía que ver con la Historia, me ponía en una condición de espectador con el mito. El día que jugué contra Cruyff tenía la conciencia de que aquello iba a durar para siempre.

Prado. A mí una vez me escribió una carta en El País (Rafael) Azcona diciendo que me había equivocado en un artículo atribuyéndole la famosa frase: “Fuera de casa como en ninguna parte”. Yo creía que era suya pero era de un actor. Me pareció un honor extraordinario que Azcona se detuviera diez segundos en leerme. En la literatura me pasa igual. Tuve la suerte inmensa de conocer durante 14 años a Alberti, desde que le conocí con 17 años en un bar. Tripliqué la suerte porque luego fui muy amigo de dos poetas que eran Jaime Gil de Biedma y Ángel González.

Valdano. Maradona me llamó hace tiempo dos o tres veces y no me encontraba y ya cuando hablamos me dijo: ‘Valdano, ¿vos que te pensás que sos? ¿Maradona?’ Buenísimo.

Prado. En Buenos Aires,me preguntaron, ¿Se puede hacer poesía y novela? Y en una película o jugando al fútbol. ¿O es que el gol de Maradona no es un poema? Y Diego me mandó una camiseta de Boca dedicada. La guardé y pensé: Cuando tenga un hijo me la pongo. Tuve un primer hijo y pensé: es sólo un niño, ¿Y si la mancho? Está sin estrenar. Me la regaló en el 94 o por ahí. Por cierto, nunca entendí la sanción de ese Mundial. Siempre desee que lo que tomó Maradona lo hubiera tomado Julio Salinas para que lo expulsaran a él. Entiendo que te sancionen por tomar algo beneficioso para el cuerpo, pero no por algo perjudicial.

Valdano. Diego, en toda la relación que tuvo con la droga fue contra su cuerpo, no a favor. Pero en EEUU parece que la sustancia fue estimulante. Pero fue un episodio tan oscuro que no sé si se ha aclarado. En Argentina hay una deuda sentimental de un par de generaciones con Maradona que lo hacen impune. Le van a perdonar de aquí hasta que se muera cualquier cosa.

Prado. Deberían tener piedad con tipos como él. Ayer leí un artículo que decía que venía una nueva era digital que acabaría con los libros, pero que habría que enterrarlos con honores. Debió ser la leche jugar con él.

Valdano. Sobre todo entrenar. En un partido, el ambiente te va absorbiendo. Pero entrenar, te acomplejaba. Empezaba a hacer jueguitos y a los cinco minutos te sentabas y le decías: haz juegos tú solo. Todo lo que le pasaba por la cabeza lo hacía.

Messi contra Maradona

Prado. ¿Crees que Messi le llega?

Valdano. No tiene ese sentido artístico pero tiene un talento igual de eficaz. La pregunta es un homenaje. Con 24 años, emparentarlo con Maradona, ya tiene algo de reconocimiento, porque le quedan diez años de carrera. No sé hasta dónde puede llegar. Ahora, cuando empiezas a compararlo y ves alguna imagen de Diego, te das cuenta de que tenía un sentido poético. Todo en él expiraba fútbol. La pausa, la carrera, cómo escondía la pelota, cómo daba el pase más simple del mundo, pero te lo daba perfecto. Sin ningún defecto. La sensación de que el arte redime. Regordete, enano, pero con la pelota en los pies era bello.

Prado. No se sabía que tenía en los pies. Igual el cerebro. No sólo por los malabarismos con naranjas, que eso igual hasta lo encuentras en un circo, pero esa ráfaga fulminante de pensar cosas impensables para el resto de la humanidad en un segundo. En otro nivel se lo admiraba mucho a Guti. Cuando daba esos pases entre las piernas de los rivales.

Maradona se había enfrentado al mismo portero siete años antes y el hermano le dijo entonces que debería haberlo driblado. Diego le respondió: ‘Escucháme, que soy Maradona, no Dios’.

Valdano. Es que Guti fue grande de verdad. Y con la velocidad que trabaja la cabeza de un genio en acción. Cuando Maradona se enfrentó a Shilton se acordó de su hermano. Él había enfrentado al mismo portero siete años antes y el hermano le dijo entonces que debería haberlo driblado. Diego le respondió: ‘Escucháme, que soy Maradona, no Dios’. Y cuando se enfrentó a Shilton en las mismas circunstancias siete años después, le pasó por la cabeza, como un relámpago, la imagen de su hermano y decidió seguir el consejo. No sobran los jugadores de ese estilo. Cuando aparece un Guti, te sobresaltas. El último gran sobresalto que tuve en una cancha fue con el tacón de Guti a Benzema.

Prado. Por lo que tenía además de displicencia por no querer meter el gol.

Valdano. Devolvió al fútbol a la condición de juego.

Prado. Como aquello tan bonito que escribió Peter Handke de Butragueño. Decía que había inventado la inmovilidad. Cuando entraba en el área y bajaba los brazos y no hacía nada, los defensas entraban en estado de locura. No sabían que hacer ante un tipo que se negaba a moverse.

Valdano. Curioso, porque la inmovilidad de Butragueño estaba basado en la confianza de la velocidad de arranque. Y cuando perdió la velocidad perdió paciencia para la inmovilidad. Se frenaba pero tenía un zapateo intranquilo.

Prado. Tuvo que venir un entrenador y sentarlo.

Valdano. Pero yo le admiraba mucho. En el vestuario había gente que decía que jugábamos con diez y otros le admirábamos mucho. Dentro de la cancha le he dado siempre el mismo estatus que a Maradona. Si estaba marcado, había que darle la pelota como si estuviera solo. Yo le daba la pelota porque la defendía tan bien que era como si la tuviera en una caja fuerte. Era un tipo con mucha imaginación, no tenía técnica a la altura de su imaginación. Pero mientras conservó la velocidad era indescifrable.

Prado. Cuando yo empecé a ir al Bernabéu en la época de la Quinta, la gente a Butragueño le quería mucho. Y cuando empezó a estar mal, la gente aplaudía y le animaba. Ahora tengo la impresión de que tres cuartas partes del campo está deseando que Cristiano, a quien tanto necesitan, falle para pitar a gusto. Noto admiración pero no noto cariño.

Valdano. A Raúl el madridismo le cuidó y mimó hasta el último momento porque era un representante de la esencia. Por su capacidad de entrega, su sentido del servicio dentro de la cancha, el espíritu colectivo. Eso le emparentaba incluso a Di Stefano. Incluso ahora hay cierto malestar porque no se le dio el homenaje que recibía.

Prado. No soy muy raulista. Yo soy más de Guti. Soy más del 10. Zidane, Laudrup.

Valdano. Primero van a desaparecer los 10 y luego los espectadores que aman a los 10 así que tienes fecha de caducidad.

Prado. La llevo escrita en la frente. A mí el fútbol demasiado físico como la literatura demasiado ampulosa no me gusta. Me pasa lo mismo con los futbolistas que lo basan todo en el físico como Lass. Me fatigan tanto como los poetas ultraístas que lo basan todo en la imagen. La mezcla es lo magnífico pero ahora los jugadores son muy atléticos. Incluso Messi que parece pequeño y vaya piernas tiene.

Valdano. Tiene un cuello de obispo. La primera vez que le vi, me pareció que tenia cuello de toro. Raúl era un ‘crack’ mental. Le tengo una gran admiración porque tenía la calidad de superviviente que caracteriza a Nadal. La resistencia a la derrota. Eso lo tenía Raúl. Y una inteligencia superior que nadie le ha reconocido. De partido a partido le iba añadiendo cosas que iba recogiendo para hacerle cada vez mejor. Sin ser rápido, ni fuerte, ni hábil se cansó de meter goles porque es muy inteligente.

Raúl entrenador

Valdano. Me sorprendería que Raúl no fuera entrenador. Porque recogió todo de todos los entrenadores y te lo sabe desgranar. Capello me dio esto, tú aquello… Lo tiene clarísimo. Además de lo que el juego le ha dado. Los problemas de la intuición, la velocidad punta de la inteligencia que le permitía anticiparse al defensa que le convirtió en un tipo temible leyendo los partidos. El día que jugó el Athletic en Alemania hubo un momento del partido en el que el Schalke se puso 2-1 y el Athletic flaqueó. En ese momento, Raúl percibió la debilidad de la víctima y dijo, hay que matarlo. Empezó a correr detrás de todo lo que se movía, a gritar… Y Bielsa me dijo: ‘Raúl olió la sangre’.

Prado. Ahora en el fútbol cada vez hay menos sitio para lo distinto. Todo parece igual.

Valdano. El jugador va buscando soluciones a sus defectos naturales. Fui testigo de una conversación entre Maradona y Caniggia en la que Diego le decía: ‘Para ti el fútbol es facilísimo. Cuando te viene un rival, tiras para adelante la pelota y no te alcanzan. El problema lo tengo yo que para defenderme de la lentitud tengo que andar enseñándola y mostrándola’. Como si fuera una cruz que llevaba. Yo le decía, pero eso es lo que te hace Maradona.

Prado. Miguel Poveda se fue a vivir dos años a Jerez para poder oír cómo hablaba la gente. Consideraba que para cantar como se hace en ese barrio, que es una de las cunas del flamenco, no sólo tenía que imitar la manera de cantar sino que durante dos años se fue a oír cómo hablaba la gente.

Valdano. Eso lo dijo muy bien Menotti con respecto a Maradona, “es impensable un Maradona japonés”. Maradona es hijo de Villafiorito, un lugar donde es perfectamente posible jugar ocho horas al fútbol porque donde te metas te vas a encontrar a otros diez con la misma enfermedad que tú por el fútbol.

Prado. Aquí nunca ha habido un Maradona, entendiéndolo como figura nacional que aunara a todos. Nunca hasta la Eurocopa y el Mundial cuando la gente salió a la calle para cantar aquello de “yo soy español”, eso fue una cosa extraordinaria por lo que simboliza la bandera y el patriotismo que siempre es considerado de derechas.

Valdano. ¿De dónde sale la fuerza del fútbol para no hacer sospechoso al que levanta una bandera?

Prado. Todo el mundo acepta que el fútbol es algo al margen de la realidad y por eso la gente no suele entrar en esos debates sobre el precio de un jugador. Siempre digo que en el campo de fútbol es el único lugar donde estoy plenamente relajado. No trato de buscar inspiración para una novela o un poema. En el fútbol sólo estoy en el fútbol.

Valdano. Siempre digo que al Bernabéu van 70.000 tipos y ninguno tiene más de 12 años, porque emocionalmente el fútbol te devuelve a la niñez.

Prado. A mí el fútbol es de las cosas más me gustan. Me importa menos de lo que me gusta. Al acabar el partido ya vuelvo a pensar en mis cosas.

Valdano. ¿Pero no lo vives como un espectáculo dramático?

Prado. Yo de pequeño era del Athletic y me gustaba mucho Iribar. Mi padre me sentaba en primera fila, la primera vez que le vi en el Calderón me lancé al campo hacia él pero fui placado por un policía. Luego me he preguntado alguna vez que si hubiera llegado donde Iribar… ¿qué coño le hubiera dicho?

Valdano. ¿Y qué recuerdas de Iribar?

Prado. Que se tiraba al suelo una vez cada quince partidos. Daba la sensación de que él le ordenaba al balón dónde tenía que ir. Me impresionaba su hieratismo, su tristeza, era como ‘la Pasionaria’ con pantalones cortos, siempre tan negro… Nunca he sabido si tenía mucho que callar o poco que decir pero la imagen era de alguien con graves pensamientos en su interior.

Valdano. Es curioso que a un niño le gustara un tipo tan gris. ¿Por qué?

Prado. No te podría decir. De la misma manera que no te puedo decir porque me hice del Madrid y no del Atleti. Luis García Montero es mucho más forofo que yo y sufre mucho.

Valdano. ¿Y a ti no te pasa eso?

Prado. Me recupero antes. Vamos juntos al Bernabéu y mi imagen del Madrid si empatamos o perdemos un partido importante es la de estar consolando a un Luis abatido, como desinflado y yo intentando animarle. Supongo que será porque vivimos rodeados de gente del Atleti, Almudena Grandes, Chus Visor, Joaquín Sabina…

Valdano. ¿Pero Joaquín no es muy futbolero, no?

Prado. Se está haciendo porque cada vez sale menos de casa. Un día nos llamó para preguntarnos que nos parecía el himno del centenario del Atleti. Luis le dijo: “Demuestra dos cosas. Que no entiendes nada ni de fútbol ni de himnos”. Nos juntamos a ver partidos en casa de Joaquín que es el que tiene la tele más grande. Recuerdo el derby en el que a los quince segundos el anterior Ronaldo ya había metido gol. Luis y yo nos limitamos a hacernos un gesto, que repetimos en el segundo. Cuando el Madrid metió el tercero a los 40 minutos, Joaquín se levantó y nos gritó: “¡Metéos vuestra piedad y educación por el culo. En mi casa se celebran los goles o ya sabéis donde está la puerta!”. No soportaba nuestra falta de entusiasmo. Si algo detesto en este mundo es el futbolista que no celebra el gol.

Valdano. El gol es un acontecimiento hasta en el parque de la esquina es una cosa que te sale por los poros.

Prado. Rechazar el Nobel vale, pero no festejar un gol…

Valdano. En Uruguay se cuenta que De Marta, jugador sordomudo de Temperley, convirtió un gol y salió corriendo a celebrarlo. Al acercarle un micrófono dijo: “mamá… gol”. El gol es algo tan espontáneo que admite coreografías.

Prado. Las coreografías de los goles son como los acuerdos prematrimoniales. Si te casas, te casas, joder, y no andas de entrada con abogados. No me gusta el público o los futbolistas que se indignan por hacer genialidades tipo la espaldinha. Es como si yo hago un verso digno de Neruda y los compañeros de profesión me retiran el saludo por chulo.

Compromiso político en el fútbol

Prado. En el fútbol no hay muchas ganas de significarse.

Valdano. También influye la desconfianza del futbolista en los medios, piensan que se puede romper la sintonía con el aficionado medio si se expresa cualquier tipo de opinión política. Hubo una época que lo prohibían. Nada más llegar al Madrid se publicó una entrevista en ‘Diario 16’ en la que yo decía que era “antimilitarista y socialista”. Fui pasando por todos los directivos del Madrid uno por uno.

Prado. ¿Recibiendo collejas?

Valdano. Así fue. Esperanza Aguirre habla del himno inmediatamente sale un coro a proclamar aquello de no mezclemos el fútbol y la política. Y el futbolista tampoco quiere arriesgar su opinión para no meterse en líos.

Prado. Durante años se han dado 100.000 teorías sobre como el Barcelona y Athletic perdían seguidores por las cuestiones políticas y nada más lejos de la realidad de cómo han multiplicado sus seguidores a través del buen juego.

Valdano. Cuando fiché por el Alavés me obligaron a firmar un texto en el que renunciaba a volver a jugar con la selección. Era, básicamente, una humillación por dejar el país. Una cosa absurda porque a Kempes le obligarían a firmar lo mismo pero era imprescindible. La FIFA fue claramente cómplice de los militares y es una carga que acompañará a la institución toda la vida. Menotti, antes de la final del 78 les dio a los jugadores un discurso muy social, que lo hicieran por el pueblo no por los que estaban en el palco.

Tomado de www.Eldiario.es

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