El futbol es tan importante como para dejárselo a los jugadores

Por Julio Abdel Aziz Valdez –
Debo de aclarar primero es que jamás he sido aficionado al futbol, una anomalía social viniendo de contextos sociales donde este deporte es reverenciado. Pero esto no significa que no me pueda abstraer del delirio colectivo que sucede cuando juega la “sele” (como dicen los publicistas) en la infinidad de fechas FIFA, juegos olímpicos y otros torneos locales y regionales.
A ver… vamos a dejar por un lado el discurso de “la esperanza en Guatemala” “la fe que si podemos”, “vamos guate” o vaya o que “todos somos parte del mismo equipo”, el punto de partida para abordar el porque de la insistencia en mantener el apoyo a un proyecto deportivo que ha demostrado que no funciona, es ¿Cuál es la importancia de la selección nacional de futbol?
Al viajero le ha llamado la atención que prácticamente no hay aldea, cantón, paraje, ciudad, barrio o colonia en Guatemala donde no haya una cancha de futbol, las hay de tierra, piedra, cemento, y grama, esto podría explicar el cariño que la población tiene con relación a un deporte que alcanza los niveles de oficial, sobre todo porque anualmente se destinan buenos millones de dólares en impulsar dicho deporte con cursos, implementos y otros, pero aún así, dirían otros, es insuficiente para desarrollar un futbol con nivel competitivo a nivel internacional.
Pero el tema del futbol al final sale de los alcances de los comentaristas deportivos, para el imaginario liberal guatemalteco que plantea la idea de una homogenización cívica a partir de la idea de lo guatemalteco encuentra pocos asideros que unan a las grandes masas, que hablan 22 idiomas diferentes, con diferenciaciones raciales que rayan en divisiones de castas (por color de piel) con una enorme masa de pobreza sin la posibilidad de movilidad social debido entre otros factores a la deficiente e inexistente educación, un país que hace gala de un dicho que afirma: “donde hay tres guatemaltecos existen cuatro opiniones distintas”
Frente a todo este panorama que además ahora se ve complejo con el aporte de las tendencias más de izquierda que ha elevado la categoría segregacionista el tema de la territorialidad, y luego todas las reinvindicaciones desde lo maya que ahora comienzan a ser más explícitos sus anhelos autonómicos. El futbol parece ser, en esa visión liberal, un oasis de hermandad, pero adicional a ello una clave para vender el discurso del “orgullo nacional” vaya, la misma FIFA está compuesta por federaciones que son representativas de naciones no de grupos étnicos y menos aún de tendencias políticas (sería interesante ver un partido entre los kiches y los tzutuhiles, o entre los liberales de la Marroquin y los Católicos de la Landivar) supuestamente el deporte está por encima de las ideologías, nada más lejano de la verdad.
El futbol es un deporte político a escala global, ordena en el ideal liberal y sobre todo es divertido, por lo que el mensaje es asimilado desde lo lúdico y no desde el discurso, dos equipos que tienen la misma meta y el mismo anhelo, y como afirman los comentaristas “puede suceder cualquier cosa”.
Teniendo claro entonces la importancia del fut, ahora veamos el tema de la sele, en Guatemala se practican un centenar de deportes, unos más otros menos, y el nivel competitivo es relativo al nivel de inversión de esfuerzo individual e institucional, el caso de la marcha y la medalla de plata en las olimpiadas es una ANOMALIA más no una casualidad porque estas no existen en el deporte de alto rendimiento, pero ¿por qué mencionar este caso? Pues, porque ello nos muestra que a nivel de deporte internacional existen otras manifestaciones más exitosas, el taekuando, karate, bádminton, incluso el mismo futsal y el apoyo que estos deportes poseen en relación al futbol es infinitamente menor, eso se debe a que este es una marca posicionada y reconocida a nivel nacional, por lo tanto al empresario que solo piensa en ganancias monetarias el fut es una inversión segura, pero más allá de los números esta la débil identidad nacional que el liberalismo pregona, la que necesita estar recalcando cada poco.
En los tiempos de conflicto armado interno, el Estado liderado por ejercito llego a la conclusión que parte del “problema” de la creciente subversión era que no existían valores nacionales y ciudadanos (hay que afirmar que los muchachos no llegaron a constituir un imaginario revolucionario a partir de lo que en ese momento se consideraba como lo nacional, seguían reproduciendo esquemas identitarios afincados en modelos como el soviético y el cubano) por lo que desarrollaron los programas de formación cívica en todos los espacios públicos, de hecho el himno nacional junto con la jura a la bandera me fueron inculcados en los primeros seis años de la escuela.
Acabado el conflicto dicha formación dejo de tener el sentido contrainsurgente con la que se había formulado, la paz fue un marca que intento ser posicionada por el liberalismo pero dejo de ser una panacea cuando gano la pobreza, exclusión y violencia (que si pueden ser visualizadas a nivel nacional) nuevamente el futbol pudo marcar la diferencia, un deporte que sobre sale de los niveles económicos, raciales, étnicos y ¿hasta de género?, ¿es así? O no es más que una pretensión distorsionada, el futbol nacional es racista, sexista, segregacionista y con un alto contenido de diferenciación de clase, lo que pasa es que a nadie le interesa estos contenidos cuando lo que ven son uniformes y la pelota rodar.
La ilusión del reconocimiento a nivel internacional con participar en el mundial o en las olimpiadas es un claro sentimiento colectivo de enanismo liberal, que claro, empresas patrocinadoras se encargan de inyectar en la mente de los aficionados que anhelan ver una bandera ondeando en escenarios internacionales, por medio de mensajes que rayan en sentimentalismos baratos de telenovela (lagrimas, llamados agónicos, puños cerrados) por esto seguimos apoyando a la Sele.

www.albedrio.org

Te gusto, quieres compartir