El país perdido de Mario Roberto Morales (ampliada)

Entrevista con el ganador del Premio Nacional de Literatura 2007 del Ministerio de Cultura y Deportes. Impulsor en Guatemala de la testinovela y la oralitura como expresiones literarias y artísticas. Autor de “Señores Bajo los Árboles” y ex militante subversivo.  

Un diálogo sobre memoria y cultura en la sociedad de la posguerra en su casa del Centro.

Por Christian Echeverría. Viernes 2 de noviembre de 2012. CIUDAD DE GUATEMALA.

“Nunca pude someter mi conciencia individual en nombre del grupo (…) nunca abandoné mi formación burguesa”.

¿Por qué escribió Señores bajo los árboles habiendo militado en la subversión?

-Cuando escribí ese libro el único testimonio que había era el de Rigoberta Menchú y estaba incompleto porque una persona no podía dar cuenta de todo lo que pasó. En EE.UU. y Europa se lo tomaba como la versión real de lo ocurrido –me respondió la primera pregunta, después de pedirle un par de cafés a su empleada doméstica en una tarde bonita-.

-Yo militaba en un grupo contrario a la URNG. Si no hubiese sido por la Acción Católica los indígenas no se hubieran incorporado. La guerrilla era responsable de las masacres porque permitía que ocurrieran –afirmaba, mientras recordaba que había perdido a varios compañeros militantes, debido a lo que llamó la “lógica hegemonista del EGP”-.

-A escribir el libro, contribuyó la traducción de Harvets of violence que hice en Costa Rica, donde encontré algunos testimonios sueltos y usé algunas historias de Carmack. Es una denuncia del ejército, pero también una denuncia de la complicidad, la irresponsabilidad histórica de la guerrilla de exponer a las masas. Eso me pareció inmoral –dijo con un tono sobrio, casi solemne-. Mario Roberto Morales me explicaba que la URNG tenía una vocación militarista, que con excepción de Payeras, no estimulaba la intelectualidad, y que en sus filas se practicaba el elitismo en las altas direcciones.

-En el 82 yo escribía panfletos en Nicaragua, desmintiendo los informes que la guerrilla enviaba a Cuba, los cuales falseaban el curso de la guerra en Guatemala, que ya se estaba perdiendo y la población civil estaba siendo masacrada.

-Entonces, Señores… fue una obra ética… –le interrumpí yo-. Sí, por supuesto –contestó él-.

Ud. se presenta en el libro como un “coordinador” o “facilitador” de la memoria. En Guatemala la recuperación de la memoria es hoy una acción política, igual que en Latinoamérica y actualmente está en disputa. ¿Qué puede aportar la cultura letrada a la recuperación de la memoria como ética contra la impunidad?

-En el presente muy poco –respondió seco- porque el pueblo es iletrado. No lee, no consume cultura. Pocos escriben. Hay ahora escritores indígenas, pero ningún escritor indígena o “maya” ha escrito algo parecido (a Señores Bajo los Árboles). Los términos de la disputa por la memoria son jurídicos. La disputa es legalista. Creo en la necesidad de que el sistema educativo se apropie de una visión popular de la memoria histórica, pero me temo que eso no va a pasar.

Transcurría la tarde en medio de sorbos de café, mientras con el mismo espíritu crítico con el que se refirió a la URNG, habló de que hoy la izquierda está gobernada por la cooperación internacional europea nórdica. Que con esos financiamientos se agotan los esfuerzos por la memoria y carecen de independencia.  -Claro, es mejor eso que nada –piensa-.

-Hace falta un movimiento más orgánico –propuso- de tipo letrado, una lucha por la autonomía nacional popular con miras a empujar la historia, la cual está dando vueltas sobre sí misma desde 1954. Hacen falta escritores, intelectuales que hagan debates. Una intelectualidad seria con sentido crítico y orientador de las masas.

Elogió los trabajos de medios como El Observador. -Hace falta lo que Marx llamaba ir a la raíz de los problemas. Intelectuales críticos, radicales, que vayan a la raíz de los problemas –decía. Las voces de la calle irrumpían en la sala de la casa del escritor-. Muchos creen que la única manera de hacer algo, es que un país nórdico los financie. Esto comenzó en tiempos de Arzú, junto con los grupos paralelos y el ingreso del capital corporativo transnacional. Es el resultado de la “paz” y la victoria de la derecha.

-El resultado de la cooperación internacional es contrainsurgente –afirmó sugiriendo una tragedia-.

En psicología social hay una frase muy común: “Hay que aprender a meter y sacar el cuerpo”, y uno lo aprende a la hora de visitar comunidades, acompañar y reparar. ¿Le ayudó a Ud. vivir tanto tiempo en EE.UU. para desarrollar una crítica tan fuerte a la izquierda de Guatemala?

-El mundo guatemalteco es chato, aplastante. –afirmó-. Dos años en Italia. Un posgrado en historia del arte allí. En Italia había movimientos sociales amplios y fuertes. Una vez fui a una reunión de unos maoístas y me impactó su dogmatismo. En México he vivido por temporadas. Visité la URSS, Cuba. Conozco casi toda Europa. EE.UU. desde los 13 años. Conozco la cultura gringa. Sé cómo piensan los gringos. En EE.UU. hay libertad de crítica y tolerancia más de lo que hay acá.

Inevitablemente, tocamos el tema de las capas medias urbanas de Guatemala: -Su nivel educativo ha involucionado, hoy es una masa inculta.  También aseguró que le es muy difícil permanecer mucho tiempo en el país por razones como esta.

Academia. s. Escuela antigua donde se enseñaba moral y filosofía. Escuela moderna donde se enseña el futbol.
[Ambrose Bierce. El Diccionario del Diablo].   

¿Por qué escribió la reciente trilogía de artículos sobre la derecha en elPeriódico?

-Me di cuenta de que “la canalla” (los ex altos mandos militares fascistas del ejército y sus cuadros operativos) se ven traicionados por la oligarquía. La reducción del ejército fue una orden del Pentágono. Pero ellos sueñan con un ejército gordo, y está creciendo de nuevo. Cuando leo a Méndez Ruíz (a quien por lo menos tres personas le escriben sus columnas), veo al enemigo ideal de la mesa oenegera.

Mario Roberto Morales explica que las formas con las que escribió la trilogía de artículos, obedecen a lo alucinante de las ideologías reaccionarias, y que con ellas modeló a grandes rasgos la intencionalidad de lo que le llevó a escribirlos: -Me puse a pensar como un loco estúpido y alucinado –confesó-, y atiné: así piensa y siente la derecha.

-Tenemos dos bandos de idiotas –me dijo sin gesticular mucho, al referirse a las respuestas de los lectores en elPeriódico, y ante la indignación que tanto partidarios de las derechas como de las izquierdas, expresaron en el medio sin comprender la exhibición del absurdo del verdadero pensamiento fascista que se instala en la mente de las capas medias-. El panorama intelectual que se evidencia en el blog de elPeriódico es un opinionismo de ignorantes que si no fuera por las redes sociales no tendrían voz. La intelectualidad de esos bandos no existe. Este país perdió la posibilidad de modernizarse con la firma de la paz.

-Este país ya se perdió –afirmó-. No va a ninguna parte. Es un paraíso de ladrones que van desde la oligarquía hasta los carteristas, pasando por toda suerte de “niños bien” que roban autos y contrabandean amparados en el poder de sus papás. El país se fue al sumidero. Fue tragado por la mierda.

Reflexionando sobre el papel de la prensa hoy en los cambios sociales, Ud. el sábado pasado 27 de octubre en el conversatorio de FLACSO sobre Señores Bajo los Árboles, decía que el periodismo de opinión es una efectiva arma, que no hay que abandonar la lucha ideológica, y Ud. de hecho escribe en la prensa. ¿A qué aspira?, ¿A quién le escribe?, ¿Sobre qué escribe y por qué?

-Yo escribo para sacudir a la gente –contestó gesticulando con impaciencia por contestar mientras escuchaba mi pregunta en el sillón de su casa-. Yo soy pesimista porque soy realista, pero mi pesimismo no tiene porque paralizarme. Porque ya no crea en nada no tengo por qué paralizarme. Escribir es terapéutico, me salva de mí mismo, me salva de mi propia neurosis. Aunque ser escritor en Guatemala es una incongruencia. Es como ser astronauta en Namibia o físico nuclear en Uganda. Este país está hecho para la élite y su servidumbre. No puedo evitar escribir y no por eso me considero héroe. Lo hago por egoísmo. Un burgués no puede vivir sin sus hábitos.

-Un letrado es crítico, y un crítico es mal consumidor. La destrucción de la cultura letrada es intencional.

¿Pueden ser las redes sociales un buen complemento entre la cultura letrada y la audiovisual? Tal vez eso faltaba. Han jugado un papel importante en los últimos acontecimientos sociales y políticos aquí.

-Se pueden usar de manera consciente y revolucionaria –afirmó, mientras le prestaba especial atención al asunto-. Pero el idioma es pulverizado en las redes sociales. Y con ello pulverizan el pensamiento. Porque mientras mejor se articulan las palabras, mejor pensamos. Pues pensamos con las palabras. (En las redes sociales) hay una gran ilusión de democracia y diálogo. Fueron pensadas para una sociedad que ya no tiene nada que decirse. Por eso la gran libertad de comunicación que proponen.

¿Qué opina de la interculturalidad como solución política para el país?

-Sí, lo propongo en mi libro El síndrome de Maximón. Una educación acerca de nuestras diferencias. Una historia de cómo surgieron esas diferencias. Una acción social interculturadora. Las élites subalternas indígenas viven de la diferencia. Diferencias que no están separadas. El esencialismo es positividad que sólo existe en la imaginación.

¿Y cómo se construye interculturalidad desde la cultura letrada?

-Con una producción (intelectual) de alto nivel pensando en el futuro. Hay que estar atentos a la coyuntura. Si se vuelve sangrienta puede dar lugar a alianzas inesperadas. Hay que pensar y escribir pensando en el futuro, en generaciones de juventudes letradas que no han nacido.

Y para terminar: ¿Qué va a hacer en FLACSO el próximo año?

-Continuar con la coordinación de una maestría de dos años en estudios culturales latinoamericanos que empezó en septiembre pasado.

-Muchas gracias maestro por su tiempo, por recibirme en su casa y por el cafecito –le dije levantándome del cómodo y firme sillón-

-Gracias a Ud. –me respondió amablemente-.    
          

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