Hora chapina: ¿cultura de impunidad?

Por Marcelo Colussi – mmcolussi@gmail.com

La cita era a las tres, pero alguien llegó una hora después. ¡Hora chapina! La reunión se fijó para las diez de la mañana, pero sabemos que podemos llegar diez y media porque recién ahí va a estar empezando… ¡Hora chapina!

El hecho se nos hizo ya absolutamente familiar, normal. Nadie se asombra por el incumplimiento de horarios, total… nada va a pasar.

La así llamada “hora chapina” es ya parte de nuestra cultura, de nuestra idiosincrasia. Somos impuntuales, ¡y punto! ¿Qué más habría que agregar al asunto?

Efectivamente, aquí podríamos dejar la cuestión. Pero podríamos también abrirnos una pregunta autocrítica: ¿por qué somos así? Y más aún: ¿qué significa esto?

El incumplimiento de cualquier norma –cualquiera: los horarios, las normas de tránsito, el respeto al otro diferente, el respeto a la vida– nos habla de una profunda y arraigada cultura de impunidad. El Ministerio Público llegó a admitir que 98% de los ilícitos que persigue… ¡no reciben nunca una condena! La impunidad, sin dudas, está firmemente presente, habiéndosenos hecho ya normal, cotidiana.

Con la “hora chapina” podría decirse incluso que es ya algo tomado como chistoso. Jamás nadie protesta por este incumplimiento. O, en todo caso, la protesta no pasa de un balbuceo inaudible. ¿Alguien se ofende por una tardanza? Definitivamente no. El incumplimiento de los horarios no hace sino reforzar una matriz cultural que nos define.

Lo trágico es que en esa definición “simpática” se deja ver la impunidad como norma. Lo patético en todo esto, lo que debe llamarnos a la reflexión y conmocionarnos, es que la impunidad ya no nos sorprende, no nos conmueve. Si se puede hacer viajar a tres pasajeros en un lugar que está destinado a dos, o se les puede transportar en el techo de la camioneta, o colgados del bomper –sin que nadie proteste, por supuesto–, o si la instancia de Estado encargada de perseguir el crimen puede reconocer tranquilamente que en la casi totalidad de los casos fracasa, o si el militar que hoy está sentado en el banquillo de los acusados como presunto genocida fue figura clave de la política nacional, más aún: presidente del Congreso por varios años, si una buena parte de las licencias de conducir que circulan por ahí son “pisteadas”… todo esto significa que la impunidad es la norma. ¿Por qué, entonces, habríamos de ser distintos para cumplir un horario?

La “hora chapina” es la demostración palmaria de una cultura basada en el ninguneo/desprecio del otro. Si no, no se le haría esperar a nadie.

www.albedrio.org

Te gusto, quieres compartir