Entre el genio y la revolución: en memoria de Jorge Sarmientos

Por Carlos Figueroa Ibarra –

El miércoles 26 de septiembre de 2012, en las primeras horas de la mañana, falleció Jorge Álvaro Sarmientos de León, conocido en el mundo de la música de concierto a nivel mundial como Jorge Sarmientos. Los obituarios que se publicaron con motivo de la triste noticia, destacaron casi exclusivamente la faceta de Jorge como músico, que ciertamente es la esencia de este gran hombre. Junto a Joaquín Orellana, Jorge Sarmientos es la figura más grande de la música contemporánea guatemalteca. Su genio musical como compositor y director de orquesta lo llevó a dirigir las más prestigiosas orquestas en virtualmente todo el continente americano, en buena parte de Europa y en Japón. Su obra, particularmente el Concierto para marimba y Orquesta No. 1, compuesto en 1957, fue tocada también en muchas partes del planeta.

Además de ser sanguíneo director, dueño de una vigorosa personalidad, Jorge fue un compositor prolífico con más de 100 obras. Por el libro de su amigo Antonio Móbil, Historia del Arte en Guatemala (Serviprensa, 2002) podemos saber que entre ellas están Cinco estampas cackchiqueles obra temprana de 1953, el poema para orquesta David y Betsabé, los ballets Estampas del Popol Vuh, Estampas de Rabinal Achí, El Pájaro Blanco. También la Oda a la libertad, Ofrenda y gratitud -compuesto en ocasión del terremoto de 1976-; El poema sinfónico Bolívar, el concierto Diferencias para violoncello y orquesta; su primera obra dodecafónica el Sexteto No. 2 para piano y vientos, Cuarteto para cuerdas -1966-, Homenaje en memoria de Emilio Arenales Catalán; Planetarium: La muerte de un personaje, Concierto para violín y orquesta , Homenaje No.2, Concierto para cinco timbales y orquesta, Tres cuadros rurales sinfónicos y Tecún Umán inspirada en el poema de Miguel Ángel Asturias. A todo esto habría que agregar la obra que compuso en 1994, El Destello de Hiroshima, obra inspirada en el bombardeo atómico sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945.

El músico alabado, el revolucionario escondido.

Resulta curioso que en los obituarios que sobre Jorge he leído, ninguno mencione una obra que él tenía en gran estima. Me refiero a la Obertura Popular, compuesta en 1962 al calor de las jornadas preinsurreccionales de marzo y abril de 1962. En estas jornadas de movilización estudiantil y popular, observadas sobre todo en la capital de Guatemala, por primera vez se observó a través de un estremecimiento nacional, que la sociedad guatemalteca tenía graves y profundos agravios acumulados, no solamente por las injusticias acumuladas desde la colonia y el siglo XIX, sino por la contrarrevolución de 1954. Estudiantes, artesanos, pobladores de las áreas marginales, intelectuales, artistas, sindicalistas, activistas y dirigentes de los partidos democráticos y revolucionarios, salieron a las calles a protestar contra el régimen autoritario y reaccionario del general Miguel Ydígoras Fuentes. Fueron aquellos días de marzo y abril, síntoma de que el derrocamiento de Árbenz en junio de 1954 había sembrado las semillas de la terrible tempestad que azotó a Guatemala durante la segunda mitad del siglo XX. Fueron aquellos días, el preludio de la gran sinfonía trágica que nos arrastraría a todos en un mar de fuego y sangre.

Jorge Sarmientos no era ajeno a esa conflictividad social que se había sembrado en 1954. Con motivo de su muerte los diarios recordaron de pasada que en el contexto de la represión observada en el contexto de la sublevación, Jorge devolvió la máxima condecoración que el Estado guatemalteco concede a personajes ilustres, la Orden del Quetzal. Pero poco se dijo, hasta donde yo leí, el motivo por el cual lo había hecho. Jorge había recibido tal condecoración el 15 de septiembre de 1961 y lo había hecho con gusto pese a que el gobierno que se la había concedido no era de sus simpatías. Pero le resultó intolerable el asesinato de estudiantes en el marco de la rebelión y como acto de protesta y de deslinde con respecto al gobierno represor, devolvió la condecoración. En todo lo que se publicó con motivo de la muerte del genio musical, tampoco se recordó que en todo este contexto represivo, Jorge terminó siendo encarcelado junto con varios de sus amigos, en aquel entonces, jóvenes revolucionarios marcados indudablemente por la contrarrevolución de 1954 y por la revolución cubana de 1959. Con ellos compartió en 1963 una de las ergástulas más memorables de las dictaduras guatemaltecas, aquella que conocida con el nombre de “La tigrera” se encontraba en las vetustas instalaciones del primer cuerpo de la policía nacional de Guatemala. Durante tres meses, Jorge Sarmientos estuvo encarcelado junto a jóvenes revolucionarios como Carlos Navarrete, Wilfredo Valenzuela, Enrique Forno, Jorge Ampié, así como un grupo de campesinos del oriente de Guatemala. Más de la mitad de ese tiempo, alrededor de 42 personas estuvieron hacinados en un espacio de 19 metros de largo por 1.90 de ancho.

El hijo de la revolución de 1944

Pero más allá de tomar nota de cómo el Establishment, mete la vergonzosa basura debajo de la alfombra, lo que vale la pena es resaltar que la obra musical de Jorge Sarmientos también tiene una explicación en sus orígenes, en su sensibilidad social, en su vocación socialista, y en su aversión a las injusticias que observó en el mundo y en particular en el país que le tocó nacer y vivir. Nació Jorge en el seno de una familia campesina de la costa sur, que al mismo tiempo tenía una estirpe musical. Su padre, Julio Vicente, fue un trabajador agrícola que a su vez había nacido en un hogar de marimbistas, famosos por la marimba “Los Sarmientos” que amenizaban fiestas en las ciudades de Mazatenango y Huehuetenango y en otros lugares del departamento de Suchitepéquez. Fue aquel obrero agrícola, quien le enseñó a Jorge desde los tres años de edad a tocar marimba, la cual dominaba completamente a los 7 años. A los ocho años, Jorge ya enseñaba como tocarla a las jóvenes generaciones de marimbistas y lo hacía a través de las canciones que escuchaba en la radio. Era un niño que vivía en un hogar muy modesto, tanto que algunas crónicas se maravillan de cómo un niño que alguna vez fue descalzo, terminó recibiendo una ovación de 9 minutos en alguno de sus conciertos en Japón.

El niño que empezó a vivir sus primeros años de adolescencia en el contexto de la dictadura de Jorge Ubico (1932-1944) nunca olvidaría sus orígenes humildes ni tampoco olvidaría el terrible orden oligárquico en el cual le tocó crecer. No olvidaría que su padre, aquel trabajador rural, deploraba y padecía el orden dictatorial que se expresaba en los abusos de la policía montada de la dictadura y en la famosa “ley fuga” que se aplicaba a los delincuentes pero también a los prisioneros políticos. Pero Jorge nunca olvidó que fue la revolución de octubre la que le dio la oportunidad de salir de la vida de joven rural. Fue Manuel Galich, el gran dramaturgo convertido en ministro de educación del gobierno de Juan José Arévalo, quien le dio la oportunidad de presentarse a un concurso de becas en el Conservatorio Nacional después de haberlo escuchado tocar marimba en una fiesta estudiantil. Fue aceptado con la aprobación de don Manuel Gómez, quien le vio cualidades para el oboe. Galich acaso estaba asombrado e indignado al saber que por una arbitrariedad se le había negado anteriormente una beca a aquel talentosísimo joven. No en balde en un hermoso documental propiciado por la Enciclopedia de Guatemala y que fue hecho entre enero y febrero de 2012, Jorge se declaró revolucionario convicto y confeso: “Yo crecí dentro de la revolución de Guatemala, durante el periodo de Juan José Arévalo y de Arbenz. Yo me hice allí”. Apesadumbrado por la muerte de Jorge, he visto dicho documental y lo he escuchado decir allí: “No soy hombre de partido. Pero si me considero un hombre revolucionario”.

Me recordé a mi mismo siendo un adolescente y visitándolo en su casa en el barrio de El Sauce. Sucedió una noche de viernes en aquellos lejanos años de 1968-1969. Fui con mi condiscípulo y amigo Byron Ventura Roldán, sobrino político de Jorge. En mi cabeza de adolescente, las piezas de rompecabezas sobre el compositor y director de orquesta empezaban a tener un sentido. Había visto a Jorge al acompañar a mi padre al estreno de una de sus obras sinfónicas que él mismo había dirigido. Luego lo había visto en una insólita fiesta en mi casa, en la que habían concurrido los compañeros de lucha estudiantil de mis padres en la Asociación Pro Retorno al Humanismo (APRAH). En esa fiesta también se encontraban algunos integrantes de “Los Bravos”, un grupo de elite de la resistencia urbana de aquellos años. Y con todos ellos, el galardonado y afamado compositor y director de orquesta… Lo veía ahora en su casa, sentado en la sala mientras nos hacía escuchar “La Mar” de Debussy. Ahora sabía que además de la concepción del mundo que lo hacía amigo de mi padre, también había una relación de parentesco que se agregaba a todo lo anterior. Mati, la esposa de Jorge, era hermana de Leonel Roldán, ex compañero de estudios de mis padres en la Facultad de Humanidades y a la sazón dirigente del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT). Leonel junto a su esposa, terminarían siendo capturados, bárbaramente torturados y asesinados junto a su esposa en 1980. Aquella noche, además de escuchar a Debussy, Jorge nos contó de sus años como estudiante de composición en la Escuela Normal Superior de Música de París, de la incomprensión hacia los artistas en Guatemala, de la vida trágica de Manuel Herrarte (1924-1974) el gran pianista y compositor guatemalteco y finalmente, las razones por las cuales era un convencido del socialismo.

Jorge Sarmientos forma parte de una generación que nació en los albores de la dictadura de Ubico, que estaban entrando a la adolescencia cuando dicha dictadura fue derribada. Que vivió los últimos años de dicha adolescencia y los primeros de vida adulta durante lo que Luis Cardoza y Aragón llamó “Los diez años de primavera democrática en el país de la eterna dictadura”. Y que luego viviría las penalidades de una de las dictaduras más oprobiosas de América latina. Recordaría Jorge siempre esa afortunada frase y recordaría siempre cómo siendo un joven veinteañero formó parte del grupo de artistas e intelectuales que se fundó durante los años de la revolución guatemalteca, el grupo Saker-Ti. Recordaría siempre cómo escritores, pintores y músicos se unirían en dicha organización pensando en un arte con vocación social y cómo los jóvenes estudiantes del Conservatorio Nacional salían a dar conciertos por todos lados pues se trataba de llevar el arte al pueblo. Cabría recordar a algunos integrantes de esa generación, algunos de los cuales, en medio de sus diferencias políticas e ideológicas supieron recordar sus raíces y vivencias comunes: Alicia Arenales, José Luis Balcárcel, José Barnoya, Roberto Díaz Castillo, Américo Giracca, Mario René Chávez, Mario Vinicio Castañeda, Carlos Alberto Figueroa, Jorge Mario García Laguardia, José María López Baldizón, Olga Martínez Torres, Antonio Móbil, Carlos Navarrete, Edelberto Torres Rivas, Mario René Matute, Roberto Paz y Paz, Huberto Alvarado, Arturo Martínez, Enrique Torres. En el marco del grupo “Saker-ti” a esta generación se les agregarían hombres de más edad como el pintor Jacobo Rodríguez Padilla y los pianistas José Arévalo Guerra y Manuel Herrarte.

En la transición hacia la dictadura militar y en su pleno apogeo, Jorge Sarmientos continuó con su carrera como músico. Después de aprender a tocar clarinete, saxofón, se graduó como pianista en el Conservatorio Nacional. Entró a cursar estudios superiores en el Instituto de Bellas Artes en donde se graduó como maestro de piano y director de orquesta además de compositor. Para ese momento ya estaba siendo premiado y en un concurso ganó una beca a Paris para estudiar en la Escuela Normal Superior de Música de París en donde estudió cursos superiores de Piano, composición y dirección orquestal. En 1965 viajó a Buenos Aires través de otra beca ganada en concurso con el objeto de estudiar en el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales del Instituto Torcuato di Tella. En los dos años de estancia con beca en el CLAEM (1965-1966), Jorge Sarmientos compuso cuatro obras. La primera, Preludio y Danza Orgiástica Op. 34 para orquesta, ganó el premio único Iberoamericano 1965. En 1969 estuvo en el Primer Curso Internacional de Análisis estructural, Interpretación y Dirección de la música contemporánea en donde estudió con los grandes directores Pierre Boulez y Sergiu Celibidache. Además tuvo la oportunidad de dirigir la Filarmónica de Basilea en Suiza. Tres años después se fue a estudiar a Italia el Curso Internacional de Perfeccionamiento para Directores de orquesta y estuvo dirigiendo la orquesta de la Opera de Bolonia. Todas estas experiencias lo llevaron a dirigir orquestas virtualmente en todo el continente americano y en varios países de Europa, así como en el Japón. Fue parte de la Orquesta Sinfónica Nacional de Guatemala durante 37 años. Y durante casi 20 años (1972-1991) fue su Director Artístico.

Al jubilarse continuó con un programa de radio de nombre “Creaciones inmortales de la música”, el cual se transmitió por durante treinta años en la radio nacional y luego por la radio de la Universidad de san Carlos de Guatemala. En febrero de 2012, pocos meses antes de su muerte, anunció que ya estaba trabajando en el Concierto para Marimba y orquesta No. 2. Según afirmó es un concierto con un lenguaje muy moderno y de gran orquestación. Los últimos 15 años de su vida fue asesor específico en asuntos culturales de la Dirección General de Extensión Universitario. Además de la orden del Quetzal que devolvió, Jorge recibió la Orden Andrés Bello de Venezuela, las Palmas Académicas de Francia y meses antes de su muerte, la Orden del Sol Naciente que le otorgó Japón. Además de innumerables premios, le fue otorgado por la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala el Emeretísimun, una de las máximas distinciones universitarias.

Palabras finales.

Ha muerto Jorge Sarmientos. Recordaremos su vocación expansiva, su imagen de minotauro siempre embistiendo, su notoria y enérgica personalidad expresada en sus composiciones, en su estilo de dirección y en su trato personal. Además de su genio musical, recordaremos al hombre de gran sensibilidad social que meses antes de morir dijo “espero una Guatemala sin hambre ni desnutrición, con niños alimentados en la escuela, que todos sintamos la felicidad… no seamos ingratos pensemos en ellos”. Esa sensibilidad que lo llevó a escribir en 1962 “La Obertura Popular”. En la misma está escrito: “Obertura Popular, dedicada a los obreros y campesinos”. En el soberbio documental auspiciado por la Enciclopedia de Guatemala, Jorge Sarmientos habría de contar las circunstancias que inspiraron dicha obra. Fue una estrofa que había escrito su amigo Mario Vinicio Castañeda lo que hizo que Jorge con una guitarra le pusiera una melodía. La melodía después se volvió una obra sinfónica. La estrofa decía:

“Adelante clase proletaria
Campesinos y obreros en acción,
a luchar por la reforma agraria,
objetivo de la revolución”.

Podemos repetir lo que hasta la saciedad se dijo en el momento de la partida definitiva de Jorge. Sus dotes como compositor y como director de orquesta, las condecoraciones que recibió, el que justamente sea considerado como parte de los orgullos nacionales de su patria Guatemala. Lo que he querido destacar aquí, es algo que se olvida: que nacido en cuna humilde Jorge nunca olvidó sus orígenes, ni las injusticias a las que son sometidos los pobres del mundo. Lo dijo Jorge en una entrevista publicada en 2009: “Yo quiero una Guatemala limpia, sin impunidad, sin miseria, con satisfacciones para toda la ciudadanía, pero no solo para nosotros, sino para toda la humanidad. Yo creo que existe tanta lucha; hay que pensar en todo el mundo. Alguien decía: “Mi patria es el mundo, y mis hermanos, la humanidad”.


* Palabras pronunciadas el sábado 27 de octubre de 2012 en el Conversatorio Homenaje a Jorge Sarmientos realizado en el Museo del Estanquillo, México D.F. Participaron también José Luis Balcárcel, Carlos Navarrete Cáceres y Samuel Maynes Puente.

www.albedrio.org

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