Vitam vivere y otras opciones tuyas y mías:

Por Gustavo Abril  – http://www.facebook.com/GustavoAbrilPelaez

Qué diferentes seriamos si tuviéramos el concepto exacto de la vida, pero esa palabra es única: si la entendemos solo con la mente, no llegamos a saber completamente lo que significa; quizá solo aquellos que han estado a punto de perder la vida sean los afortunados que poseen una idea clara, una idea generada no por la razón (que a veces traiciona y se queda corta), sino por ese grito angustioso con que se ahoga nuestro ser cuando está a punto de separarse… de partirse en pedazos que tomarán, cada cual, su camino: el cuerpo al polvo y el alma… bueno… aunque cada quien tenga su fe o su propia idea, nadie puede asegurar o decir a ciencia cierta a dónde van las almas cuando son arrancadas de esta vida.

¿Quién puede explicar lo que es la vida? Decir que es “el estado de actividad de los seres orgánicos” no es satisfactorio y tampoco es suficiente; en ese sentido, aún sin conocerla personalmente, estoy seguro que a cualquiera le es más fácil explicar la misma muerte.

Yo tampoco puedo explicar la vida; quizá no haya un ser humano que pueda hacerlo, pero todos podemos sentirla, porque la vida se siente cuando el hambre aprieta y cuando un sabor delicioso inunda los sentidos; se siente cuando la soledad parte el alma, pero también se siente cuando arrugamos sábanas al compartir la cama con el ser amado. La vida se siente en la brisa y en las gotas de lluvia que recibimos con los brazos abiertos al cielo. ¡Así es!: la vida se siente en la entraña y se siente en los huesos cuando el dolor nos muerde, pero también se siente en la piel y se siente en el alma cuando algo sublime nos llena de dicha. Así es la vida: como una moneda que gira y que necesita dos caras para tener su propio valor y sentido.

La vida es cosa tuya y es cosa mía; la vive cada quien a su manera, cada uno la goza, la ama, la odia, la deja pasar de golpe… o la pierde cada día. Y no hay peor cosa que dejar que la vida se diluya mientras prestamos atención a vanidades, a culpas, a odios, a sinsentidos y a otras mil tonterías… o simplemente la dejamos pasar esperando, como necios, que algo mejor venga, sin reconocer y sin darnos cuenta que lo mejor que tenemos es la vida misma, que nuestro mayor tesoro es el presente, es el hoy… ¡es este día!

No te desperdicies a ti mismo viviendo vidas ajenas ni te disfraces de la caricatura que la gente quiera dibujar de ti; tampoco cometas la insensatez de guardar para después tu propia vida, engavetándola mientras vives para otros y, sobre todo, no vivas sin entender que la vida es la oportunidad que tienes para llenar tu ser de dicha, para que cargues tu alforja de felicidad, porque (y esto nunca lo olvides):  felicidad o desdicha, será lo único que podrás llevar contigo cuando se acaben tus días.

 

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