El desperdicio de la sexta avenida

Por Crosby Girón

Hará un tiempo que con cierto aspaviento se criticó, con razón, la destrucción de un jaguar elaborado con fibra de vidrio y que adornaba la sexta avenida de la zona 1. Se dijo que unos borrachos resentidos y antisociales serían los malhechores.

El otro día caminando sobre las aceras de la sexta avenida pude notar que en varias cuadras, al caminar, se puede escuchar un “clac clac” a cada paso que uno da. Sucede que el piso que colocaron los albañiles se ha ido despegando con el paso de los transeúntes.

¿Alguien se ha preguntado por qué en tan poco tiempo ese trabajo de albañilería pronto requerirá de nuevos “retoques”? ¿Cuánto se gastó la municipalidad para hacer ese trabajo que a todas luces es una soberana chambonería? ¿Por qué no han chillado los pequeñoburgueses por esa infamia estafadora? ¿Por qué nadie pregunta cuánto nos está costando (y seguramente seguirá) a los contribuyentes hacer y rehacer las aceras de la sexta avenida?

Tal parece que han tomado muy bien el modelo del Ministerio de Infraestructura: hacer una carretera lo peor posible para que cada invierno las empresitas del llamado “sector construcción” puedan obtener contratos para hacer y rehacer las carreteras, ese es el gran negocio. Y todo el mundo callado.

Me sorprende realmente que a la gente le haya indignado lo del bodoque de fibra de vidrio con forma de jaguar y no diga nada sobre lo mal que resulta el tema de las aceras. Estoy casi seguro que lo perdido por el jaguar no se equipara con las “reparaciones” que quizá hasta ya estén programadas por Tu Muni. Es aberrante.

Ya sé que estas líneas podrían pasar desapercibidas o que sean leídas por gente que ni viene al centro de la ciudad y cuando viene apenas puede notar unos jaguares hechos por a saber quién y hasta le parecerá risible el clac clac que su caminata genera.

Pero puedo tener la breve esperanza de que alguna persona se ponga a pensar en cómo a veces arrojamos luz sobre un ratoncito muerto mientras a la par de él hay un cadáver podrido; o que piense que eso de hacer y rehacer las obras públicas es la gran estafa silenciosa de los políticos de turno y se indigne. Sí, eso podría pasar.

 

Te gusto, quieres compartir