El boicot del nacionalismo bien pensante a la protesta social

Andrea Tock

Luego que se hiciera pública la noticia sobre la designación de Monseñor Ramazzini como obispo de Huehuetenango, Andrés Castillo, presidente del CACIF, expresó: “el obispo Ramazzini ha sido muy claro en estar en contra de temas de inversión, específicamente mineros, un poco con los de generación de energía eléctrica y de hidrocarburos (…) creemos que la iglesia, lejos de estar promoviendo la división entre los guatemaltecos, debería estar buscando unión y no estar separando y buscando dos, tres o más naciones, sino que una sola”.

 Interesante juego de palabras las del máximo representante del sector empresarial guatemalteco, no sólo por la caracterización que hace de monseñor,  quien no es bien visto en los círculos económicos del país, sino especialmente por la referencia que hace hacia la búsqueda de la unión entre guatemaltecos con el objetivo de formar una única nación. Una nación emprendedora.

Este mismo discurso, el de “una sola Guatemala” es cada vez más frecuente en los medios de comunicación, desde columnas de opinión hasta campañas publicitarias de bebidas gaseosas. Esfuerzos que enarbolan una serie de elementos discursivos que giran en torno a la importancia de generar un sentimiento nacional a través del cambio individual.

De entrada pareciera ser un discurso que se contradice a sí mismo y que cualquier persona con dos dedos de frente rechazaría. Pero no. Resulta que el discurso ha ido calando en la mente y el imaginario de las personas. Las expresiones y el sentimiento nacionalista crece, se exhorta a apoyar todo lo que nos haga una mejor nación, a mirar solo lo bonito y a rechazar cualquier crítica que se haga contra la nación que es “nuestra madre”. Y mientras se dice todo esto, también se exhorta a que seamos mejores individuos, que nos preocupemos únicamente por nuestros asuntos, “por superarnos” porque sólo de esta forma podremos lograr la nación que queremos.

 

Este discurso contradictorio no es producto de la casualidad sino más bien de un cálculo muy bien hecho. Veamos. ¿Quiénes impulsan la reproducción de este tipo de discursos nacionalistas/individualistas? ¿Cómo lo hacen? ¿A quién van dirigidos? ¿Cuál es el propósito?

El discurso nacionalista no es nada nuevo, sin embargo si se puede notar que durante la última mitad del siglo XX en Guatemala, durante la época del conflicto interno, fue un discurso enarbolado tanto por el Estado como por la guerrilla. Desde la derecha, con el Movimiento de Liberación Nacional y la Doctrina de Seguridad Nacional, hasta la izquierda que luchaba por una mejor Guatemala y que decía cosas del tipo “vamos patria a caminar”.

En este sentido, no parecía haber disociación entre ambos grupos en cuanto al objetivo final de tener “una mejor Guatemala”. El problema, más bien, era cómo cada grupo se imaginaba y vislumbraba la forma en que debería ser esa Guatemala.

Sin embargo, en años recientes, la lucha social se ha ido separando del discurso nacionalista y se ha hecho cada vez más local. Las luchas que vemos en la actualidad no tienen que ver con crear todo un andamiaje político y económico que “mejore al país”, sino más bien con la defensa por parte de los colectivos subalternos de sus derechos humanos. Luchas por la vida, no por el país. De estas luchas por la vida devienen las consultas y marchas campesinas e indígenas, la oposición a megaproyectos que ponen en peligro sus vidas, las protestas estudiantiles y las opiniones que cuestionan el sistema de muerte en que vivimos.

En este sentido, el statu quo ve que “sus rivales” dejan de compartir el mismo fin y por lo tanto deben de tornar al “sector neutral” -todos los guatemalteco bienpensantes- contra los que no deseen el “bien de la nación”. De tal cuenta, todo aquel que se oponga a las inversiones, a los megaproyectos, que proteste, que alce su voz, se convierte en “un mal guatemalteco” opositor al desarrollo de todos. No ama a su patria, no merece ser tratado como un ciudadano. Queda fuera del sistema.

Vemos cómo el discurso nacionalista/individualista actúa de tal forma que reduce la lucha social a su mínima expresión y que impide que más personas puedan sentir empatía por la misma apoyándola y generando transformaciones sociales. La víctima no es el campesino a quien se le despoja de su tierra sino el empresario al que se le dificulta su “honorable” trabajo de generar desarrollo. El campesino es el victimario, el que se opone al progreso de todos, el que no se quiere sacrificar por la nación; el estudiante es el culpable de no querer que se reforme la educación, de protestar, de hacer bochinches. 

De tal cuenta, el statu quo logra mantener el orden establecido por muchos años de una forma disciplinaria. No necesita recurrir a la violencia física –salvo en contadas ocasiones- para deslegitimar cualquier amenaza que se le presente. Simplemente debe presentar una cara sonriente que exhorte a ser felices y optimistas, a no criticar, a producir más a menor costo, a ser gente de bien que no se meta en problemas, a amar a Guatemala.

Equipo de Imaginarios Sociales AVANCSO

 

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