¿Reforma Educativa?

Por Christian Echeverría

Costo educativo: Q3 mil anuales, salario mínimo rural: Q68 diarios, miles de estudiantes-trabajadores/as, 2 años adicionales, Q11 mil millones que no financian el futuro, 1 plan impuesto, 1 conflicto más. 86 escuelas normales, miles de padres y estudiantes comparten angustia, 1 movimiento nacional; 1 estudiante desaparecido.

La Reforma Educativa prometió dos cosas fundamentales: dignificar al educando y humanizar su sociedad después de una cruenta guerra. Los-as normalistas parecen ser hoy sus únicos portavoces.

El 31 de mayo por la mañana, las circunstancias me obligaron a entrevistar a una estudiante belemita en la banqueta del Belén. Los dos sentados allí; en la calle. Ese día dialogué con Julia Herrera de 18 años, secretaria de la Asociación de Estudiantes del instituto de 6to magisterio. También con Elisa Cuyán de 19 años, también en la vía pública; y con su padre, Don Roberto Cuyán de 64 años, comerciante y pequeño importador textil de la aledaña sastrería Puntadas Finas, a la que su hija amablemente me condujo. Estos son los actores educativos que estipula la reforma.

La entrevista con Julia fue la primera y estuvo plagada de incidentes que hoy son anécdota mía, pero también realidad nacional. Empecé tocando la viejísima pero dura puerta de madera del instituto. Desde adentro respondieron mis toquidos las voces de las jovencitas. Me presenté como columnista de varios medios alternativos, y tuve que insistir. Un par de ojos me escudriñaron desde adentro. Pedí dialogar con alguna lideresa pero no confían en los medios corporativos (y con toda la razón). Me di cuenta de lo grave de la situación actual. Le perjuré que soy progresista como ellas, Julia me creyó y salió una jovencita simpática sonriente, inteligente y digna. Nos saludamos y hablamos allí donde dije como por una hora sentados.

Durante aquello, fuimos interrumpidos por una maestra que pasaba en la banqueta. Le dijo a Julia que tuviera cuidado con lo que contaba en tono intimidante. Se fue y no dijimos nada nosotros. Continuamos. Al irme, me encontré con Elisa. Le pregunté por algún padre o madre de familia. Llegué por voces que no se oyen mucho. Entonces con extrema amabilidad y pulcritud perfecta (como la de una lideresa), me refirió un par de cuadras más y me contó de su padre y su sastrería, y que allí podía encontrarlo. Confiada la señorita la sentía yo, de que allí encontraría seguro lo que le dije que estaba buscando. No me dejó terminar. Fue una mescolanza de intuiciones certeras y diálogo franco brutal. Cosas de jóvenes.

Don Roberto me recibió y hasta tuvo a bien interrumpir su trabajo un momento. La cordialidad se adueñó de aquel día en todo lugar donde estuve. Sus fotos nostálgicas de los Beatles, coronaban la pared de su negocio.

Los sujetos y sus condiciones. En efecto, lo primero que me dijo Julia, es su preocupación por los costos que impondría el nuevo régimen de estudios que propone el gobierno. Que quienes puedan seguir estudiando (y no abandonen por los costos para sus familias), deberán entrar a la universidad: ¨nadie nos garantiza entrar al EFPEM¨ -me dijo-. La gran mayoría de sus compañeras debe trabajar para costearse sus estudios. Su título de docentes es su oportunidad para ganarse los sueños. No obtenerlo es acercarse al subempleo. Deben costear sus pasajes y las extorciones encarece las cosas. Que ha subido la canasta básica –me dijo también- cuesta alimentarse durante el proceso. Que sus docentes no están bien formados, que llegan a leer los libros delante de ellas, y que no preparan previamente nada. Que no hacen las clases amenas. Que la gente no duda dejarles claro, que los alumnos de colegios privados salen mejor preparados que ellos, y que así se lo dijo un padre de familia enojado con sus movidas.

Don Roberto me dijo lo que le cuesta un año de estudios en el Belén. Que quiere que su hija se supere, que enseñan un mal inglés. Quiere que Elisa entre a la U. dice que los docentes, debido a intereses egoístas, les han dejado solas en estas reivindicaciones. Las dificultades que enfrentan los sujetos educativos son económicas y sociales. Él la admira y la apoya.

La calidad educativa. Para Julia, calidad educativa quiere decir: ¨que compongan las instalaciones, maestros capacitados, una buena supervisión para los maestros, como su práctica, saber que esa carrera va a ayudar a las personas, formar pensamiento magisterial¨ -indicaba-. Actualización, infraestructura e inclusión en toma de decisiones son los pilares de una calidad educativa que a millones les esquiva.

Valor público. En la gestión social de toda política pública existe un concepto fundamental: valor público. Este es el valor que para los actores sociales tiene un bien público como la educación o la seguridad ciudadana. La clase media alienada eligió la propuesta de la mano dura, porque en su imaginario la acción del ejército sobre los diablos delincuentes (que somos casi todos-as al parecer), es muy valorada, tiene valor público. ¿Quién ha recabado lo que los hijos-as del pueblo trabajador (la gran mayoría) considera valioso en nada más ni nada menos que su educación?.

Julia me dijo que el anterior gobierno fracasó en actualizar a sus maestros y que el actual ¨no puso atención¨ a lo que el país necesita para educarse. Que es un sistema que no se sustenta en la realidad de sus actores, más allá de que dice que uno de los éxitos de la reforma es que ¨se lleva el mismo sistema¨, es decir, es homogéneo. Para los hijos.as del pueblo, es vital ser incluidos-as en la toma de decisiones sobre su futuro. Ese es su valor público. Quieren reformar las mesas técnicas, incluyendo al menos un representante por cada instituto normal del país, es decir, 86. Julia dice que el gobierno, representando al Estado, les ha dicho que la reforma educativa ya no es prioridad. Ella se cuestiona esta contradicción total. Es como si quisieran desmantelarla. Total, los neoliberales desmantelan todo, creo yo. Entonces pide que el mismo ministerio se acabe por organizar. Parece estar desordenado me dijo.

 

Sin embargo, lo más valioso tanto para Julia como para Don Roberto, son dos cosas: la calidad humana que debe tener un docente y que su trabajo debe ser fuente de bienestar. Viejos y jóvenes parecen coincidir. Como Elisa, quien según su padre, ya pasó por la casa de estudios prácticamente, y no tendría porque involucrarse en sus luchas políticas, si no es porque es solidaria con quien viene detrás. Entonces, el valor público de la formación docente es su formación humanística para su bienestar y el de otros.

El Estado supuestamente aspira a educar a sus ciudadanos, pero en realidad, estos-as jóvenes sujetos políticos (los-as normalistas) son quienes lo están empezando a deconstruir a él; a pesar de la represión de las oligarquías y de la indiferencia y desprecio de las cada vez más perdidas clases medias. Estos-as normalistas tienen mucho que decir sobre formación ciudadana.

FUENTES PARA EL ARTÍCULO:

  1. Entrevista con Julia Herrera, secretaria de la Asociación de Estudiantes del Instituto Belén, el 31 de mayo del 2012.
  2. Entrevista con el padre de familia Roberto Cuyán, el 31 de mayo del 2012.
  3. Boletín de Empresarios por la Educación, consultado el 5 de julio del 2012 desde: http://www.empresariosporlaeducacion.org/es/estadisticas.php
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