Luna de Xelajú ¿para todas y todos?

Por Johanna Barrios

Desde pequeña, he tenido la oportunidad de viajar a Occidente, mis abuelos me han inculcado el amor y afecto a esta región. En cada viaje he podido apreciar hermosos paisajes, lugares de descanso muy agradables, comida espectacular y desde hace algunos años, un buen licor.

En mi último viaje, me he sentido triste, co-responsable y un tanto alarmada por la situación de la región.

Sé y estoy muy consciente de las condiciones de pobreza y pobreza extrema de nuestro país, la precariedad y la negación a nuestros derechos fundamentales que históricamente han imperado. Sé que las relaciones de poder son bastante inequitativas y que la oligarquía guatemalteca ha sido creativa para mantener la hegemonía del  poder de formas bastante diversas.

 

En esta ocasión,  viajando a lugares como San Juan Ostuncalco, Concepción Chiquirichapa, entre otros, he visto como la gente y sobre todo las mujeres, deben lidiar día con día no solo con la falta de empleo, sino el hecho de tener que trabajar para otros, pues han tenido que vender su tierra, y que el propietario no les pague absolutamente nada si la cosecha al final por condiciones externas (como el clima principalmente) se pierde.

 

Es decir, gente que ha trabajado seis meses esperando la cosecha de la papa o el maíz, queda en una situación totalmente vulnerable ante esta situación, y como dicen las señoras “qué más podemos hacer”…

 

Siempre he pensado que el Estado debe de fortalecerse, pues este debe de garantizarle a todas y todos sus ciudadanos sus derechos, pero en casos como este (que son muchos en nuestra sociedad), los derechos económicos y sociales han sido violados, me pregunto donde está la puesta en práctica del Estado Democrático, en dónde y qué están haciendo las autoridades al respecto, a lo largo de la vida he pensado que esta realidad puede cambiar, claro se requiere de voluntad política para iniciar, pero cuando…….

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