Reseña del libro Asuntos Íntimos

Por Omar Marroquín

Rafael Gutiérrez. Escritor, poeta y ensayista. Ha escrito varios libros de poesía e incluido en diversas antologías nacionales y extranjeras. Traducido a varios idiomas. Director de Revista de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Colabora para diversas revistas y periódicos.

Asuntos íntimos de un hijo de vecino es  la  resistencia de un hombre cuyo enconado amor  constituye una banderola frente a la vida. Si bien es cierto, todos, los afortunados y los sin fortuna, nos enfrentamos inexorablemente a los embates de la adversidad, hay hijos de vecino cuya fortaleza física y blindaje espiritual—eso que los psicólogos sociales llaman resilencia, adaptación al dolor— los permeabiliza de tal modo que sus caídas frente a los hoyos negros de la existencia, no conducen sino a un aferrarse implacable e impecablemente—porque hasta para sufrir hay que dolerse o condolerse de modo elegante— al amor. O al desamor, que es, asimismo, otra estrategia para dejar atrás los efectos negativos del abandono. “Si el amor te humilla, que el orgullo te levante”, se dice en algunas de las páginas de tan aleccionador libro. ” Y hablamos del peligro de estar vivos”, dice asimismo Fito Páez. Y ya arrojados a las canteras de la vida,  hay que autofraguarse minuciosamente hasta erigirse en hombres, en prójimos del prójimo, en amigos de los amigos, en devotos solidarios de la solidaridad humana, en enamorados, siempre, pese a quien le pese, pase lo que pase, de la vida.

Aún medio de los deslaves diurnos y los naufragios nocturnos.

Y así el libro es un recorrido vital de un hombre que, por decirlo así, ama y desama, odia y desodia, un ir reconfigurándose subjetivamente en pos de la liberdad, de la plenitud, de esa aventura cotidiana de sentirnos vivos y vivientes en un entorno, en un país donde la sobrevivencia diaria es ya, de por sí y para sí, una victoria heroica y epopéyica.

Frente al amor, o más bien, ante la dolorosa y súbita ausencia de él, manuales hay, incluso esos inusualmente lúcidos y sensatos como los de Walter Riso, que proponen como una suerte de metodología del alma, el bienhechor y estricto desapego. “Yo estoy por el desapego”, dice atronadoramente el desaparecido poeta chileno Gonzalo Rojas. Al igual que los sufíes y su maestro, Juan de Yepes. ¿ Será el desapego la fórmula que nos permita efectiva y afectivamente ir por la vida sin arrugarnos el pellejo del corazón. Acaso lo sea, pero no libres, desde luego, de los fogonazos que nos permiten chamuscarnos en la hermosa aunque siempre arriesgada experiencia amorosa.  Y el amor, desde que fue culturalmente elaborado  a lo largo de siglos hasta afianzarse en el imaginario popular por los poetas provenzales hasta dejarlo totalmente instalado, un sábado por la noche, en una ardorosa y disponible cama a mitad de las plazas públicas del mundo, es la experiencia humana acaso más intensa e imaginativa merced a su aparejado componente erótico. Y es y será, como dijo Don Octavio, la zona fronteriza en la cual nos separamos de la esfera animal.  Y así ha sido el detonador, en buena medida, de la cultura humana y, claro está, la fuente generatriz del arte y la literatura.  No es que este libro sea un texto cuya remitencia temática sea obsesivamente el amor, pero sí es la exposición de la intimidad entre un hombre y una mujer, donde restallan relámpagos y oscuridades, y donde ocurren los más bellos actos de generosidad como las más abyectas humillaciones, como canta el notable cantante canadiense, Leonard Cohen. Y las rutas diversas y divergentes, ya operada la separación de pareja, por las que transitan dos seres tan iguales ayer y tan ajenos ahora.

Gustavo Abril, además de un escritor solvente en palabras es asimismo un hombre que declara sencillamente su honestidad .  Y en esa honestidad se activan o desactivan actos de humildad, pasión permanente por la vida, falsos heroísmos de alcoba, machismos de taberna pero, esencialmente, destaca una actitud de no cesión o concesión frente al sombrío derrotismo y la desesperanza.  Y por oposición, hay en estas páginas fascinación frente a la materialidad del mundo y sus pequeños y grandes misterios, frente al modesto recorrido biológico de las hormigas así como ante el insondable fulgor circular de los astros. Es esta cualidad humana de Gustavo, el permanente asombro, como la no claudicación en medio de los escombros, lo que hace de éste —incluyendo su factura artesanal en medio  de ediciones postizamente atractivas—un libro de inusualidad optimista.

Y es este carácter, entre otros, lo que le otorga al libro un signo esperanzador. Eso que, para decirlo de una manera metafórica, produce el milagro, la transfiguración  que de los todavía vigentes cementerios clandestinos puedan emerger volando hoy cientos, miles de mariposas monarcas, símbolos, qué duda cabe, de la persistencia, la colectividad y la resistencia.

(Escrito en Publicidad e Información, tercer nivel de  Rectoría de la USAC, un miércoles de mayo viendo desde un ventanal las hojas moteadas de lluvia de una ceiba cercana).

 

 

 

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