Una final con toda la gloria chiva.

Redacción Deportes, desde el Mario Camposeco/ PúblicoGT

En la mitología griega, las diosas se inspiraban en aquellas épicas batallas de sus gladiadores eternos, para la adoración de las masas que provocaban las deidades del pueblo. Hoy el templo de Minerva, recoge de nuevo los triunfos de sus gladiadores.  Un grupo aguerrido, que sin temor se coronó campeón del torneo de fútbol nacional. Y fueron a celebrarlo a todo lo alto, precisamente en el templo Minerva.

No siempre gana el que mejor juega al fútbol. Municipal fue mejor. Jugó con un hombre menos todo el partido. Se defendió bien, contragolpeo con peligro, pero falló en los tiros a puerta. La ruleta de los penaltis, es eso. Cuestión de suerte.

Xela pudo liquidar antes de la prorroga, pero no las tuvo todas consigo. Su dominio fue estéril, pero se mantuvo sobre el terreno local. El partido fue dramático, más no vistoso. Qué importa eso, si la entrega de los jugadores estaba para coronar el torneo.

Un penal recién iniciado el partido, una expulsión, un zapatazo de Manuel León, un empate con la complicidad del portero rojo y la ruleta de los penaltis.

La noche estaba para celebrar. La luna se medio mostraba, mientras la lluvia daba chance para el fútbol. El conjunto súper chivo, sustentado por Patterson, Sergio Morales y Silva, dieron una gran alegría a la mejor afición del país. Ganaron el campeonato, como justos campeones, como un gran equipo, derrotando al rojo, en una final dramática.

 

El torneo nacional de fútbol guatemalteco tiene un nuevo campeón, un súper campeón. Un campeón de provincia, una afición entregada y un entrenador que supo responder a las exigencias del torneo.

Una final peleada de principio a fin, resuelta en la ruleta de los penales. Hoy escribimos una crónica épica de la historia de la final.

 

 

Te gusto, quieres compartir