“Mano dura” en el corazón

Por Mariano González –
magopsi@yahoo.com.mx

El fascismo no es sólo un fenómeno político. Es también una forma de pensar y valorar. Es también un asunto de los sujetos que organizan o apoyan políticas fascistas. Que demuestran serlo a través de sus opiniones y acciones de la vida cotidiana.

A veces no es tan evidente. Por ejemplo, lo “políticamente correcto” hace que muchas personas se inhiban de expresarse de manera más espontánea y, por tanto, más significativa. Muchas personas pensarán en su fuero interno sobre los “indios”, aunque en público hablen de los indígenas o los mayas. Expresarse en forma racista ya no es tan fácil. Pero esto no implica que el fenómeno no exista.

Pero en un gobierno que protege el modelo económico basado en la explotación de recursos naturales y que responde con “mano dura” a las demandas comunitarias, la sensibilidad conservadora, de derecha y reaccionaria hará más apariciones espontáneas. Y más profundas y preocupantes.

Un ejemplo nítido de esto se encuentra en un comentario hecho ante la noticia de ocupación de 3 fincas en Sayaxché, Petén. En el blog de elPeriódico, el martes 8 de mayo, Maribel Cuestas opina lo siguiente:

“Vamos, señor gobierno. Es una nueva oportunidad para demostrar con vuestra mano dura lo grandioso que sois. Es hora de recuperar la credibilidad en la institucionalidad y que los campesinos revoltosos, desarrapados, muertos de hambre no pretendan mandar a quien tiene que mandar. Primero y por encima de todo la propiedad privada. Para eso os di mi voto, para que aplastéis a los rebeldes sin tierra.”

En un primer momento pensé, ingenuo, que sería un comentario irónico. El lenguaje es tan descarnado y los insultos tan directos que pensé que sería un error. Pero, aún si así lo fuera, es cierto. Es cierto porque es lo que están pensando los sectores conservadores que apoyan a este gobierno.

Una sensibilidad que habla de los “muertos de hambre” como insulto y de “aplastar” a los rebeldes sin tierra con tanta franqueza, es un signo alarmante de lo que está pasando en la cabeza de mucha gente. Es un signo alarmante de que la “mano dura” ya llegó al corazón y que manifestaciones fascistas pueden estar a la puerta.

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