Juan Gelman: “El dolor de perder un hijo no termina nunca”

Por Mercedes López San Miguel
Página 12, Argentina

Cuando descubrieron la placa con los nombres de María Claudia García Iruretagoyena y Macarena Gelman, lo embargó una profunda emoción. Cuando el presidente José Mujica dio un discurso ese mismo día, 21 de marzo, reconociendo la responsabilidad del Estado uruguayo en la desaparición de María Claudia y la supresión de la identidad de Macarena, Juan Gelman se conmovió aún más, de la mano de una nieta que no conoció hasta que ella era una mujer de 23 años. En el palco del salón de la asamblea legislativa, por un instante Juan Gelman miró hacia arriba, como si le estuvieran hablando a su hijo Marcelo, secuestrado junto a su esposa María Claudia el 24 de agosto de 1976 y asesinado en Argentina. Y el escritor recordó las tardes compartidas con sus hijos Nora y Marcelo en su departamento del Abasto. Conmovido y reconfortado, Juan Gelman dialogó con Página/12 sobre lo que para él significó el pasado 21 de marzo y sus implicancias en el presente.

-¿Qué sintió durante los dos momentos en que el Estado uruguayo, cumpliendo con la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), reconoció su responsabilidad en la desaparición de su nuera, María Claudia?

-Por empezar, el descubrimiento de la placa se hizo en el ex Servicio de Información y Defensa, en donde estuvo secuestrada mi nuera embarazada y después de dar a luz a Macarena, mi nieta estuvo semanas antes de ser entregada como joya robada. Aunque el lugar estaba sin muebles y reformado, los sobrevivientes señalaron en dónde se practicaba el submarino y se colgaba de los caños a los presos. Allí también estuvieron otros niños, los hermanos Julien, que fueron sustraídos de sus padres y luego abandonados en Chile. Fue un acto muy denso, emocionante, conmovedor. Me trajo la presencia de mi hijo de forma muy fuerte con la lectura de sus poemas. Son dolores que no se terminan nunca. Se repitió la pérdida para extraerle algo nuevo.

-¿A dónde lo condujo esa presencia?

-A su infancia y adolescencia. Marcelo empezó a escribir desde muy temprano. Recuerdo que los fines de semana estábamos él, su hermana Nora y yo en mi departamento del Abasto. A veces Marcelo venía con un puñado de poemas que yo pasaba a máquina y hacía una edición de cartón. El dejó una serie de poemas escritos, que cuando el comando allanó su casa creyó que tenía un contenido en clave. ¡Esas bestias creyeron que los poemas estaban en clave!

-Usted eligió para leer durante la ceremonia este poema: ”La oveja negra pace en campo negro/ sobre la nieve negra/ bajo la noche negra/ junto a la ciudad negra/donde lloro vestido de rojo”. ¿Por qué?

-Una vez que estábamos comiendo Marcelo, Nora y yo en un boliche de Villa Crespo, Marcelo me pidió una pluma y escribió ese poema en el papel de estraza que hacía de mantel en el boliche. Lo escribió, arrancó el cacho de papel y me lo dio. Ese poema de la oveja es un emblema de su manera de estar con la poesía, estaba lleno de una pre-ciencia, de presentir lo que vendría.

-¿Qué le pareció el contenido del discurso de Mujica?

-A mí me pareció reconfortante. Es extraordinario que haya sido Mujica el que lo diga: él, que estuvo preso en un pozo. Asistimos a una especie de paradoja: el presidente, víctima de la dictadura, tuvo que reconocer en nombre del Estado y cumpliendo el fallo de la CIDH, la responsabilidad de sus victimarios. Es una prueba de coraje.

-En la causa de María Claudia están procesadas cinco personas como coautoras del homicidio. ¿Cuánto podrá avanzar esta causa ahora que quedó sin efecto la Ley de Caducidad?

-Los cinco están presos por otro delito que cometieron. Existe un pedido de extradición de Argentina. Ahí veo una maniobra de dejarlos en Uruguay ante el temor a la rigurosidad de la Justicia argentina.

-¿De quién sería la maniobra?

-No sé quién es el autor de la maniobra, pero seguramente contó con la complicidad de algún juez uruguayo. En la primera carta que le escribí a Sanguinetti le informé que había 18 personas involucradas en el caso de María Claudia. (N. de la R.: Julio María Sanguinetti fue presidente dos períodos 1985-1990 y 1995-2000). La Ley de Caducidad quedó sin efecto porque el Congreso en octubre pasado anuló dos artículos que impedían la investigación de los delitos sobre violaciones a los derechos humanos. Por eso pudieron presentarse nuevas causas.

-¿Cómo vio la ausencia con aviso de jerarcas del Partido Colorado en el acto público del día 21?

-Se interpreta por sí misma. Algunos están por la justicia, otros están por la impunidad. Sanguinetti está por la impunidad. Hubo miembros del Partido Nacional que fueron perseguidos por la represión. La primera puerta que yo toqué fue la de Sanguinetti, en 1999. El no me atendió, lo hizo su secretario de la presidencia, Elías Bluth, quien me pidió un memo. Esto fue en mayo. En junio el doctor Bluth dijo que el presidente se iba a ocupar del caso. La primera ocupación que tuvo fue avisarle al señor comisario Tauriño, con el que tenía una relación estrecha, que yo estaba buscando a Macarena (N. de la R.: Angel Tauriño fue el policía que crió junto a su mujer a la hija de María Claudia). Sanguinetti se opuso a que se hiciera la investigación. Como crecía la campaña internacional que le demandaba que investigara y era octubre, fecha electoral, Sanguinetti me acusó de hacer una maniobra electoral. Diez Premios Nobel, entre ellos Günter Grass, firmaron el petitorio internacional. Sanguinetti le contestó a Günter Grass que era una especie de idiota útil, que me acompañaba para desestabilizar Uruguay. A mí no me extraña en absoluto la actitud de Sanguinetti.

-¿Es cierto que Jorge Batlle, cuando estaba en la presidencia, le dijo a un senador que sabía quién mató a María Claudia y en dónde estaba enterrada?

-Batlle le dijo a Rafael Michelini, que es amigo mío, que sabía dónde estaba mi nuera y que el asesino era Ricardo Medina. El se lo afirmó. Dijo que los restos habían sido enterrados en el Batallón 14. Usted ve que en ese batallón están apareciendo restos óseos… Batlle anuló el primer proceso judicial. Un juez le pidió al Ejecutivo que decidiera si el caso entraba o no en la Ley de Caducidad. Batlle clausuró la investigación en el 2003. En estos días Batlle se mandó una extraordinaria: se jactó de haber sido él quien encontró a Macarena. Eso es falso. La encontramos mi mujer, Mara, y yo. Cuando nosotros finalmente supimos quién era de verdad mi nieta, yo le mandé una carta en enero de 2000 al obispo Galimberti para que intercediera con la familia de Macarena. Llegamos a Montevideo a fines de marzo con la idea de ver a mi nieta. Sabíamos que podía ser una situación difícil para una persona de 23 años que se entera que su identidad es otra. Queríamos evitarle a Macarena un estado de shock y decidimos ir despacio y hablar con ella sobre la posibilidad de que se hiciera un ADN: cuando Mara y yo llegamos al aeropuerto nos esperaban Galeano y Gonzalo Fernández, quien luego fue canciller de Tabaré Vázquez. Yo ni la conocía a Macarena, ni sabía si iba a estar de acuerdo. Busqué al obispo, arreglamos para el día siguiente una cita entre Mara, Macarena y yo. Maca estuvo de acuerdo en que se hiciera público. Fuimos a la reunión con Batlle. El dijo que un amigo le contó de la investigación y que había chequeado lo que investigamos. Era un reconocimiento explícito de la existencia del Plan Cóndor. Eso es todo. Ahora se jacta de haberla encontrado, lo cual me parece una forma de defensa baja y pobre.

-¿Cómo es su relación con Macarena?

-Es una relación de abuelo y nieta. Habrá visto lo que hay entre nosotros, los gestos de cariño. Hay 23 años de vacío. No la vi crecer, nunca me dijo “abuelo”.

-El comisario que la adoptó murió y su mujer tiene una estrecha relación con Macarena, ¿esto es así?

-No es adoptada. Figura como propia. Es la única madre que Macarena conoció. Nosotros le preguntamos por su mamá. Es una mujer de bastante edad y Macarena la cuida.

mercelopez@pagina12.com.ar

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