El hambre como “motor de crecimiento”

Por Crosby Girón

La quincena pasada un amable lector me pidió que profundizara, o que ampliara, sobre el problema del hambre y lo que implica para muchas generaciones de jóvenes en pobreza frente a las opciones  laborales que este país les presenta.

Quizá este espacio quede muy corto para intentar explicarlo, pero un intento vale la pena. En primer lugar es importante señalar que la economía en general, aquella referida a la producción de bienes y servicios, tiene un fallo de origen. Este fallo tiene que ver con el hecho de que mucha de la riqueza, o sea, el resultado del trabajo de muchas personas de todas las sociedades, ha sido simplemente despojado de sus creadores, es decir los trabajadores. A lo largo del último siglo, a nivel planetario se ha impuesto un modelo político que no corresponde con los intereses de la mayoría de quienes habitamos este planeta. Este modelo político es mejor conocido como capitalismo, un sistema cuyo único y absurdo objetivo es mostrar “crecimiento” cada año.

En segundo lugar, es también importante decir que esta situación es sostenida por “camarillas” (grupos de toda clase vinculados a las empresas transnacionales que están detrás de los gobiernos y países más fuertes) que se encargan por medio de todo tipo de violencia, que estos modelos de acumulación permanezcan incólumes. Es decir, existe un grupo de personas con mucho poder que han decidido ocupar el lugar de la ley y dictar sus propias reglas. Cuando alguno se atreve a cuestionar esas reglas es sometido por la fuerza o eliminado. A nivel mundial todo se define por la jerarquía que se tenga en términos políticos, militares, tecnológicos y económicos.

Para el caso de un país como Guatemala, lo que ha sucedido es que generación tras generación ha sido simplemente visto, no como un ser humano integral, sino como un tornillo, un riel, una faja o cualquier otro componente de la gran maquinaria llamada “aparato productivo” en el cual participamos todos pero solo unos cuantos se sirven realmente de él. Es por eso que digo que de seguir con este modelo, innumerables generaciones de guatemaltecos estarán condenados a repetir el drama dantesco de la miseria y serán esclavos de cuanto explotador se le venga en gana persistir en ese modelo político deshumanizante.

El combustible perfecto para este modelo es gente sometida por años de violencia y represión. Esa maquinaria inhumana se lubrica con ignorancia y hambrunas, y para lograr que este modelo funcione simplemente nos vuelven locos sometiéndonos a un frenesí artificial de producción y consumo, cuyos resultados más visibles son la deshumanización que corroe no solo esta sino toda la sociedad planetaria.

 

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