Guatemala: Los signos de los tiempos

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

rafaelcuevasmolina@hotmail.com

La llegada al gobierno del actual presidente, el exgeneral Otto Pérez Molina, ha significado para Guatemala el envalentonamiento de las fuerzas regresivas de derecha que, aunque nunca han dejado de tener el poder real en el país, habían visto los avances en materia de derechos humanos que se lograron en los últimos años en el país, relativamente de lejos.

En efecto, el mismísimo exgeneral-presidente Pérez Molina ha hecho pública su posición de que en el conflicto armado interno que vivió Guatemala en la década de los ochenta, no se cometió genocidio. Esgrime y manipula para ello ciertos tecnicismos según los cuales, no existiendo aparentemente documentos del Ejército en los que conste que se proponía hacer desaparecer a la población indígena, o a alguna etnia en particular, no existe tal delito.

No es de extrañar la posición del señor exgeneral en la medida en que él mismo fue activo ejecutor de las políticas de tierra arrasada que dejaron miles de muertos, desplazados, exiliados, etc. Él y sus colegas militares no aceptarán nunca que lo que estaba cometiendo era un acto atroz que debe ser conocido por la justicia y, de ser comprobadas todas las barbaridades, castigados los culpables.

El que la cabeza del Estado guatemalteco mantenga ese tipo de posiciones sirve de telón de fondo para que la retrógrada derecha guatemalteca, a la que hacemos mención líneas más arriba, levante la cabeza.

En ese contexto es que se lleva adelante la comparecencia del también exgeneral Efraín Ríos Montt ante los tribunales de justicia para dar cuenta de su papel como jefe de Estado en la década de los 80, precisamente en los años en los que la política de tierra arrasada, en el marco de la guerra contrainsurgente y de la política de seguridad nacional, tuvo su mayor auge.

El exgeneral llegó al poder a través de un golpe de Estado perpetrado contra otro colega suyo, el exgenereal Romeo Lucas García, ya fallecido. Éste había iniciado el impulso de tal política y el señor Ríos Montt no solo las continuó sino innovó en su marco.

Como era de esperarse, el juzgamiento de Ríos Montt ha levantado un polvorín en el país, pero este polvorín se da en el contexto antes descrito, a saber, con Otto Pérez como presidente y la derecha envalentonada. Según ellos, el pobre señor exgeneral nunca supo lo que estaba haciendo el Ejército guatemalteco pues, de haberlo sabido, habría mandado a parar todo.

Tal argumento no solo es falaz sino falta el respeto a los lectores de tales aberraciones: ¿un general del Ejército que da un golpe, asume la presidencia pero no sabe lo que está haciendo la institución a la que pertenece, lo acuerpa y dirige? Es decir, ¿Ríos Montt era solo un pelele, un general de pacotilla? ¿un tonto útil ocupando el más alto podio del Estado?

Una vez que ha llegado la hora de rendir cuentas, los generales que tan virilmente se mostraban en público vestidos con trajes de fatiga, que dirigían a la población histéricos discursos amedrentadores, o están enfermos o resulta que no sabían nada de lo que estaba sucediendo.

Otros no se complican tratando de argumentar a favor del exgeneral, simplemente claman porque se le levante un monumento.

Guatemala es un país atrasado, no solo económica y socialmente sino también política e ideológicamente. Han sido años de años viviendo bajo las dictaduras más férreas que, como es su sino en este mundo, prefieren mantener a la población en la ignorancia. No se trata solo de los índices de analfabetismo y de los pocos que logran llegar a la educación superior (menos del 2%). Se trata de un oscurantismo ideológico que permea a toda la sociedad. Producto de ello es que la comparecencia del exgeneral ante la justicia es visto con malos ojos por el 47% de la población según encuestas recientes.

En el contexto de la violencia desaforada que asola hoy por hoy a la nación, no faltan también las voces que claman por establecer una especie de régimen de facto que retome las viejas prácticas de persecución de “maleantes” como las que usaba Ríos Montt. Aprovechando las circunstancias de envalentonamiento de la derecha amenazan, más o menos veladamente a través de artículos de opinión en los periódicos de circulación nacional, con volver a los viejos tiempos.

No hay que perderlos de vista porque están envalentonados y son capaces de cualquier cosa.

Publicado por Con Nuestra América

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