Coraje y descaro

Por Crosby Girón

Acabo de tener en mis manos un libro que tengo pendiente: “El coraje de la verdad” de Michel Foucault. Es un título muy atrayente y según una breve reseña que pude leer, el autor se ocupa de un concepto muy especial: la parrhesía. Cito unas palabras del filósofo para intentar explicar un poco más:

“Me parece que al examinar la noción de parrhesía puede verse el entrelazamiento del análisis de los modos de veridicción, el estudio de las técnicas de gubernamentalidad y el señalamiento de las formas de práctica de sí”.

El reseñista apunta que “la verdad, las relaciones de poder, y la construcción de la subjetividad son las tres cuestiones que de modo más persistente inquietaron a Foucault.”

Sirvan las anteriores líneas para esbozar un poco el término “coraje”. Y ahora vayamos hacia la palabra “descaro” que alude a la desvergüenza, la insolencia y el atrevimiento. O sea, estamos ante términos que de alguna manera denotan cierta oposición.

Y finalmente quiero decir que esas dos palabras me resuenan insistentemente ante lo que se ha visto en los pocos días que han transcurrido desde que se reconfiguraron los poderes del Estado. Por un lado, vemos un Congreso al que la palabra descaro le viene como mandada a hacer. Y por la otra, vemos a un organismo ejecutivo al que la palabra no le queda del todo floja (quien quiera comprobar lo anterior solo tiene que echarle un vistazo a los diarios de reciente publicación).

Volvamos al reseñista de Foucault, quien dice “Una primera traducción del término parrhesía podría ser: “el decir veraz” o “el hablar franco”. El “parrhesiasta” es alguien que dice lo que realmente piensa –está comprometido con la verdad- y lo dice con crudeza, sin ampararse en delicadezas de estilo ni en artilugios retóricos. Le lanza la verdad a otro poniéndose en riesgo al hacerlo.”

Ahora quiero hacer un pequeño ejercicio de parrhesiasta: luego de millones gastados en campañas insulsas y sofocantes podemos ver que detrás de tanta parafernalia lo único que hay son políticos bastardos, es decir, no tienen ideología y no representan a nadie más que a sí mismos. Dejan una sensación de grima mesclada con náusea.

¿Qué dice la prensa? ¿Qué dicen los llamados “think tanks”? ¿Qué dicen los “analistas”? ¿Comparsas? ¿Vendidos? ¿Dónde está la transparencia de la que habla la vicegobernante? ¿Dónde está el cambio del que habla el recién estrenado presidente? ¡Pamplinas!

Si el presupuesto general de la nación sigue al ritmo que va (unos Q50 mil millones anuales), al finalizar el presente gobierno, se habrán ido por la borda la suma de más de Q200 mil millones sin que nada se haya transformado en este país. Solo los de la foto, claro.

 

 

 

 

 

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