De Cuestiones Culturales y Agua Azucarada

Plaz Pública

Plaza Publica

Por Sergio Aldana –

Entérese del escándalo azucarero de explotación infantil destapado por Plaza Pública. No es nada nuevo pero sí la primera vez que un medio convencional decide hablar de la razón de ser del conflicto armado, de la injusticia y de la impunidad de décadas. El silencio de los medios marchantes de los azucareros: Prensa Libre, el Periódico, Siglo XXI y La Hora es ensordecedor.

La industria azucarera chapina se jacta en sus anuncios de ser la más productiva del mundo, de su impresionante crecimiento y de su responsabilidad empresarial. Predeciblemente, no pocos columnistas responden deshaciéndose en halagos hacia el “progresista” sector azucarero cada vez que pueden. Como consecuencia lógica, el sector azucarero es el niño bonito del “sector privado” chapín.

Pero como muchas otras cosas en Guatemala, la realidad de la industria azucarera es bien distinta. Como muchas otras realidades chapinas, mucha gente no la conoce o no quiere conocerla. Pero un artículo de Plaza Pública pone al descubierto la realidad de la industria azucarera en Guatemala como nunca antes lo había hecho un medio convencional. En un país tan atrasado como Guatemala, el descubrimiento del agua azucarada es un progreso innegable.

Por sorprendente que la realidad del espeluznante artículo le pueda parecer a más de alguna alma inocente que ha sido víctima de la campaña de relaciones públicas de los azucareros, no es –en realidad- nada nuevo. Es nada más y nada menos la causa atávica del atraso, la injusticia, la impunidad y el caos que nos caracteriza como el país más desigual de las Américas. No es exageración, no es hipérbole, no es un caso aislado. Es una muestra representativa de la realidad que justificó la existencia de la guerrilla. La realidad rentable que justificó la institucionalización de la polarización, la violencia y la impunidad que hoy sufrimos. Es la misma realidad que el ejército defendió y sigue defendiendo. La realidad de donde ha salido y sigue saliendo el dinero para corromper políticos, jueces y fiscales. Es la realidad que la prensa calla, ha callado por décadas y seguirá callando mientras los azucareros y sus socios continúen comprando anuncios.

La denuncia de Plaza Pública debe valorarse primero porque da al traste con la artificiosamente buena imagen de los azucareros; ahora se conoce el verdadero costo de la productividad y el crecimiento del sector y se sabe que la responsabilidad empresarial azucarera es una vil farsa. Segundo porque por muchísimos años los medios han surpimido el tipo de debate que la denuncia de Plaza Pública habrá de forzar en los medios electrónicos y redes sociales. Sería iluso esperar alguna reacción de las putas mediáticas que viven de las migajas del sector azucarero.

El debate sobre la realidad económica del país es impostergable. No es una “cuestióncultural”, como cínicamente la describe el sector azucarero, son los miles de millones de dólares que valen la sangre, sudor y lágrimas de nuestros campesinos y que son la base de una economía inhumana.

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