Reflexiones preliminares sobre el Acuerdo de Asociación

Por Mario Rodríguez

El Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y Centroamérica quedó negociado y listo para su ratificación desde hace algún tiempo, pero hasta el 2012 llegará a los congresos nacionales de los países involucrados para ser ratificado. Lo lamentable ha sido el secretismo y la poca transparencia con que se desarrollo el proceso negociador, y la poca consistencia ante los acontecimientos que socavaron el proceso democrático en Honduras.

Sin embargo, es oportuno iniciar un proceso de reflexión en torno a las implicaciones posibles de este acuerdo. Algunos análisis preliminares expongo a continuación, para contribuir al debate, generando con ellos un espacio para analizar conjuntamente sobre un tema que será prioritario discutir durante el 2012.

Implicaciones

El Acuerdo de Asociación puede generar dos implicaciones significativas en torno a los flujos comerciales y a los procesos de inversión extranjera directa. En ambos casos, esos aspectos tendrán tendencias que se pueden prever así: i) la balanza de pagos en la actualidad muestra un déficit en la cuenta comercial, debido al incremento sostenido de las importaciones provenientes de la Unión Europea y la poca participación de las exportaciones nacionales hacia ese mercado. La pregunta es: ¿puede cambiar esa tendencia la vigencia del ADA?; y, ii) se observa que los flujos de inversiones tendrán un comportamiento incierto, entre otros aspectos, por la normativa del Tratado de Lisboa, que recién ha entrado en vigencia y que revelan un desequilibrio entre los derechos del inversionista y el derecho a regular de los Estados. ¿Se sabe cuáles son las implicaciones de renegociar un Acuerdo de Inversiones vulnerando la soberanía del Estado?

En primer término, la dinámica del comercio internacional se basa en la visión de la ventaja comparativa originada por menores costos de oportunidad para ciertos productos, especialmente para aquellos en donde hay abundancia de un factor de importancia. En el caso de Guatemala, la exportación de ciertos productos llamados “tradicionales”, hace que exista la posibilidad de una especialización de acuerdo a la abundancia de la dotación de factores. El ejemplo del café es elocuente; se tiene el clima, la producción y la mano de obra barata y abundante, además que dentro del Acuerdo se asegura el ingreso al mercado europeo gozando las mismas ventajas que anteriormente tenía con el Sistema Generalizado de Preferencias.

Sin embargo, en aquellos productos llamados “competitivos”, como puede ser el azúcar, la protección de dicho sector por parte europeo, deja ver los límites de la aplicación de la ventaja comparativa, cuando de proteger sectores vulnerables al intercambio comercial se refiere. En esa vía, las consideraciones para el flujo comercial, tienen otras referencias que lo limitado de la teoría neoclásica nos proporciona.

En la actualidad, el creciente déficit comercial de Guatemala con la Unión Europea, cuestiona la idea de la ventaja comparativa descrita en el párrafo anterior, porque a la par del proceso de liberalización económica, el país mantiene amplias desventajas económicas dadas por su estructura productiva poco diversificada, poca incorporación tecnológica y falta de infraestructura para el desarrollo, que provoca una desigual distribución del ingreso y cuya mayor repercusión provoca poca inversión en bienes de capital, dada la baja calificación de la mano de obra. Y en aquellos sectores en donde además de obtener una ventaja comparativa, se tiene una ventaja competitiva, la protección a la industria nacional aplica por cuestiones de estrategia de protección a la inversa.

El 86% de las exportaciones de Guatemala, ya sea por la cláusula de Nación Más Favorecida o por el trato preferencial del Sistema General de Preferencias que otorga la Unión Europea, no pagaban aranceles una vez cruzadas las fronteras del mercado común europeo, eso significa que con el Acuerdo de Asociación, lo único que se logra es una certeza jurídica de ingreso para dichos productos que ya ingresan a ese mercado. Esa estructura comercial fue establecida antes del proceso negociador, precisamente por el Sistema unilateral de preferencias de la Unión Europea.

Eso significa que la gran cantidad de bienes exportables, incluidos en el intercambio comercial dentro del Acuerdo de Asociación gozarán de las mismas prebendas que antes gozaban. Eso pone de manifiesto que el Acuerdo de Asociación no necesariamente significa un cambio sustancial en materia de apertura arancelaria, ni un aprovechamiento adecuado de las ventajas comparativas ni competitivas de los productos exportables.

Otro aspecto que hay que tomar en consideración es la capacidad exportadora del país, que tampoco es garantía de acceso al mercado de la Unión Europea. En otras palabras, los privilegios arancelarios que se dispondrán al momento de estar vigente el acuerdo, no cambiará el déficit comercial; en contra posición el país abrió su mercado para una canasta de bienes que antes si pagaban aranceles. O sea que la apertura europea no significa un cambio sustancial en materia de apertura arancelaria, pero para el país, la apertura casi total que le otorga a los bienes importados provenientes de la Unión Europea si representa un cambio sustancial que tendrá una repercusión negativa aún mayor en la balanza de pagos, por la ampliación del déficit comercial.

La parte no arancelaria del régimen comercial, entre las que destacan las normas de origen, las subvenciones y las medidas sanitarias persistirán con el acuerdo, por lo que continuaran siendo un obstáculo para los productos centroamericanos en el acceso del mercado europeo.

En el ámbito de las inversiones, con la entrada en vigencia el Tratado de Lisboa, la Unión Europea adquiere una doble identidad. Por un lado es la Comunidad Europea y por el otro también representa a la Unión Europea. Ese aspecto es relevante en las competencias que eso implica relativas a la inversión extranjera directa (IED), hasta el momento, competencia fundamentalmente de los Estados miembros de la Unión.

Estos aspectos son vitales para comprender la esencia de un acuerdo general como el Ada y los tratado bilaterales de inversión que algunos países tiene con Guatemala en particular y Centroamérica en forma general. Eso provoca que no existe certeza sobre cuál será su devenir al margen del reconocimiento que pueda hacerse de los TBI existentes mediante cláusulas de reconocimiento, pero respecto de aquellos que estén en oposición con el derecho comunitario, previsiblemente deberían ser renegociados. Por otro lado, no está claro si la UE tendrá capacidad para concluir tratados internacionales de inversión comparables a los Tratados Bilaterales de Inversión y, en caso afirmativo, cuál sería el modelo a seguir.

En este aspecto podemos concluir que uno de los desafíos importantes es conocer la capacidad que tiene la región para anticipar estos aspectos que vienen involucrados en forma oculta en el proceso negociador y que ahora se plasman en forma concreta en los textos que están por ser ratificados por los congresos nacionales.

Los acuerdos bilaterales de libre comercio en vigor de la UE que incluye cuestiones relativas a inversión y que hoy de acuerdo con el nuevo derecho de la UE exige ser renegociado son un ejemplo de este proceso que se puede incorporar al Acuerdo de Asociación.

Por último, si bien el componente de diálogo político y cooperación se presenta como una parte novedosa del Acuerdo, también es importante reconocer las asimetrías sociales existentes entre ambas regiones, para determinar que los procesos de integración regional están marcados por una ausencia de compromisos, recursos y voluntades que impiden que las políticas públicas necesarias para implementar algunos aspectos de estos acuerdos se concreten en políticas y acciones concretas y de beneficio para la población en general.

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