¿Van a matar a los poetas?

Por Crosby Girón

Recientemente un compañero me preguntó con rostro de pesadilla o de desvelo, si en un futuro próximo ser poeta sería signo de entrar a una especie de “lista negra” para que quienes temen por los versos que puedan escribir pudieran matarlos tranquilamente. Le dije que no sabía porque tampoco estaba seguro si él en realidad es un poeta.

En todo caso me resultó sumamente interesante que este joven que de tarde en tarde busca en las fuentes parnasiáceas un poco de inspiración para emborronar cuadernos de notas o archivos de Word. ¿Por qué estará preocupado este señor aspirante a poeta?

Al indagar un poco me enteré que existen unos señores en el país que aunque parecen señores hablan como dinosaurios que no parecen estar tranquilos con la existencia de los poetas y, no sé si de las poetisas también. Y esto es preocupante porque es muy probable que en Guatemala existan miles y miles de poetas, todos anónimos eso sí.

Es sabido que es cerebro de los dinosaurios era muy pequeño respecto del tamaño de su cuerpo y quizá es por eso que fácilmente puedan confundir una pluma con un arma de fuego. Pero luego esa idea me pareció absurda porque entonces verían en sus propias tropas, peligrosísimos poetas hambrientos de sangre. Y, a su vez, confundirían cada disparo con un verso…

Estas reflexiones me sumieron en una inconmensurable tristeza porque en pleno siglo veintiuno persisten mentes (¿mentes?) que imaginan o recelan de la posibilidad de que una sociedad, mediante la creación poética o la simple lectura de poesía pueda arrebatarles lo que tanto les ha costado, es decir lo que han conseguido “a sangre y plomo” como diría una de las mentes más podridas que ha parido este atormentado país.

Finalmente le dije a mi querido amigo que no se preocupara. De cualquier manera los poetas y las poetisas siempre han sido una especie de paria que no son ni noticia ni objeto de estudio ni nada parecido. Lo cual quiere decir que pueden seguir sus vidas, o sus otras vidas, sin que a nadie le preocupe, que es lo mismo a que nadie los lea.

¿Usted querido lector/a, escribe o lee poesía? ¿Cuándo está frente a Neruda o Vallejo, siente que lo quieren matar y quitarle sus pertenencias? ¿Qué siente cuando recuerda a Rafael Gutiérrez, César Brañas, Marco Antonio Flores, Rafael Arévalo Martínez, Enrique Juárez Toledo, María Cruz, Alfredo Balsells Rivera, Isabel de los Ángeles Ruano, Werner Ovalle López; y otros miles cuyos nombres simplemente ignoro y que usted ha podido leer?

¿Será que un día, en un vertiginoso mar de tinta y ahogados de miedo; podrán morir los dinosaurios que odian a los poetas?

 

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