Como Lagartos

 

Por Gustavo A. Abril Peláez

 

A veces los viejos dejan que la vida pase sin que se acuerde de ellos; con “la boca abierta al calor, como lagartos” tal como dice la canción de Serrat: Mi pueblo blanco-, cansados de todo y de tanto, se desconectan de la ilusión y la esperanza para eludir esas decepciones de las que están tan cansados. Sin expectativas cualquier acontecimiento es inocuo, y hasta la misma muerte puede convertirse en una especie de encanto.

Aunque sea reprobable, ese abandono puede perdonársele a un viejo, a un enfermo terminal… incluso -pero muy a la fuerza- a cierta clase de sufrientes, más no a personas como usted y como yo que tenemos todavía capacidad -por ejemplo- de leer o escribir estas letras. Todos, tarde o temprano, pasamos por momentos cabrones, y cuando estamos en la mitad del camino, derecho hacia el fondo,  la luz empieza a ofender… a lastimar los ojos: ese es el momento en que solemos empezar a despreciar ilusiones y esperanzas y preferimos terminar de hundirnos antes que buscarlas.

No voy a salir ahora con el trillado cacareo de que la vida es bella, porque la mayoría de veces   es jodida y muy canija, sin embargo, si el agua le empieza a mojar los pies o ya va de camino al fondo, hinche el cuero y busque de dónde asirse, porque, la verdad sea dicha, grandes y muy buenas cosas  esperan a quien se empeña y hace el esfuerzo de salir a flote.

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