Ciegos que guían a otros ciegos…

Por Crosby Girón

Para quienes afincan sus esperanzas en los políticos les tengo la mala noticia de que, está comprobado científicamente que ninguno de ellos tiene capacidades para resolver problemas. Antes bien, tienen la sobrada evidencia sobre sus hombros de tener al mundo tal y como lo podemos ver hoy día.

Alguna vez fui amante de la poesía (quizá aún) y ahora rememoro algunos versos de un poeta francés que hace más un siglo quizá ya vislumbraba situaciones que hoy podemos palpar. Su nombre es Charles Baudelaire y quiero compartir algunos versos suyos con ustedes, mis invisibles lectores y lectoras:

Los ciegos

“¡Contémplalos, alma mía, son realmente espantosos! / Parecen maniquíes, vagamente ridículos, / terribles, singulares igual que los sonámbulos; / sin que se sepa adónde dirigen sus ojos en tinieblas.

Sus ojos, de los que surgió la centella divina, / como si miraran a lo lejos, permanecen alzados / hacia el cielo; nunca se les ve inclinar hacia el suelo / su pesada cabeza con aire soñador.

Atraviesan así lo oscuro ilimitado, / ese hermano del eterno silencio. ¡Oh, ciudad!, / mientras que a nuestro alrededor cantas, ríes y gritas, / prendada del placer hasta la atrocidad, / ¡mira!, ¡yo también voy a rastras!, aunque más necio que ellos, / me digo: ¿Qué buscan en el Cielo todos esos ciegos?”

Para quienes han leído un libro llamado biblia quiero recordarles una frase que dice así: “Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo.” (Mateo 15:14).

Y mucho más ahora que a la dirección del gobierno de este país retornan esas almas entrenadas en el difícil arte de la eliminación física de quienes no piensan como ellos. Ya saben, alguna vez la Constitución de la República, redactada por mentes ciegas e intolerantes, consideró legal asesinar y torturar a civiles desarmados por el simple hecho de “simpatizar” con “las ideas” de quienes una vez se propusieron luchar con las armas por un país distinto.

Baudelaire termina su libro con unos versos que les pondrían los pelos de punta nuevamente a los intolerantes:

“¡Gloria y alabanza a ti, Satán, en las alturas / del Cielo, donde reinas, y en las profundidades del Infierno, donde, vencido, sueñas en silencio! / ¡Haz que mi alma un día, bajo el Árbol de la Ciencia, / descanse cerca de ti, en la hora en que sobre tu frente / se extiendan sus ramas como un Templo nuevo!”

Es por eso que suscribo lo que apunta Raúl de La Horra el 19 de noviembre de este año (http://www.elperiodico.com.gt/es/20111119/lacolumna/203913/). Y termino recordando una canción de la banda Bersuit Vergaravat: “Ellos transan, ellos venden, y es solo una figurita el que esté de presidente (…) son todos narcos, y de los malos…”

 

 

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