Ocupa el futuro

David Brooks

El gran debate aquí, tanto dentro como fuera de sus filas, es sobre si Ocupa Wall Street tiene futuro, si podrá sobrevivir el asalto de las autoridades contra sus plantones, o si sólo es una expresión de denuncia que se desvanecerá al incrementarse el ritmo del ciclo electoral de 2012.

Lo que no está en duda es que en sólo unas semanas este movimiento ha transformado el panorama político y social, y el debate político oficial y de oposición. Tan es así que la revista Time los ha postulado, en términos de su otro nombre, el 99 por ciento, como uno de sus candidatos principales para Persona del Año, la selección anual de una figura (o entidad) calificada como la más importante por su impacto nacional o mundial. El argumento es que mientras los manifestantes de Ocupa Wall Street deciden sus próximos pasos, ya han tenido éxito en cambiar el debate nacional de un enfoque sobre la deuda a uno sobre la desigualdad económica, la desigualdad de oportunidades y un sistema que, aseguran, ha dejado a demasiada gente sin voz.

De hecho, el debate sobre si permanecer en los plantones o desocupar por ahora, para pasar a una nueva fase, se inició antes del desmantelamiento del campamento en la Plaza Libertad en Nueva York y varios otros (Portland, Oakland, Denver y Chicago, etcétera) entre otros integrantes del movimiento.

Adbusters, la revista canadiense desde donde se lanzó el primer llamado para ocupar Wall Street, aconseja que ante la llegada del invierno, y de algunas sombras que aparecen en la percepción del movimiento (por algunos incidentes aislados de violencia, frustración, agotamiento de algunos integrantes), hay dos opciones: mantener la presencia por medio de los plantones durante todo el invierno y defenderlos como se pueda, o la que favorece: “declarar ‘victoria’ y armar una fiesta, un festival…. un gran gesto para celebrar, conmemorar, compartir felicidad en lo que hemos logrado, los nuevos camaradas que encontramos, los días gloriosos por venir”. Sugiere que un sábado “se retomen las calles… para bailar como nunca e invitar al mundo a que se sume a nosotros. Después, limpiamos, reducimos las cosas y la mayoría nos resguardamos… y usamos el invierno para generar ideas, tejer más redes, construimos ímpetu para poder surgir de nuevo rejuvenecidos con tácticas, filosofías y un mar de proyectos frescos para armarla de nuevo en la primavera”.

Pero Adbusters es sólo una voz más en este movimiento horizontal, sin líderes, y sin gurús, que decide todo de manera autónoma y por medio del consenso de los participantes.

Los de Ocupa Wall Street aquí afirmaron en un comunicado, poco después de que su campamento fue desmantelado por las autoridades, que “este movimiento es más que una protesta, más que una ocupación…. El ‘nosotros’ en este movimiento es mucho más amplio que los que pueden participar físicamente en una ocupación… es de todos los que realizan alguna acción para involucrarse en este proceso cívico. Este momento es nada menos que Estados Unidos redescubriendo la fuerza que tenemos cuando nos unimos como ciudadanos para abordar las crisis que afectan a todos. Tal movimiento no puede ser desalojado”.

Otros coinciden: pueden llevarse las carpas y las tiendas de campaña, pero no pueden desacelerar el movimiento Ocupa Wall Street, afirmó Richard Trumka, presidente de la central obrera AFL-CIO. El mensaje de Ocupa… ya ha creado un nuevo día. Este movimiento ha provocado un giro sísmico en nuestro debate nacional; desde la austeridad y las reducciones de empleo, la desigualdad y nuestro sistema económico descompuesto.

Pero las expulsiones y los desmantelamientos sí provocaron que se intensificara el debate interno sobre el futuro de Ocupa Wall Street. Para unos, ahora se definirá si lo que ha ocurrido durante los últimos dos meses fue un momento de denuncia y protesta, o si es el inicio de un movimiento. Otros aseguran que la represión contra los plantones es tal vez lo mejor que nos podría haber ocurrido, ya que los campamentos podrían haberse deteriorado, por problemas de seguridad interna o desmoralización, o simplemente desvanecerse, pero con las expulsiones y represiones para intentar sacarlos eso ya no sucederá, sino mas bien los obliga a pasar a una nueva fase revitalizando todo.

Para observadores externos, el movimiento tampoco se reduce a plantones. Los manifestantes no ocuparon un archipiélago de parques en Estados Unidos, sino la agenda nacional. El movimiento ha plantado la desigualdad económica en la conciencia nacional, y será difícil que cualquier alcalde o fuerza policiaca lo expulse de ahí, consideró hoy Nicholas Kristof, columnista del New York Times. Afirma que el hecho es que el 1 por ciento de estadunidenses posee un valor neto superior al del 90 por ciento de abajo. Por ello, considera: yo espero que el movimiento se transforme en Ocupa la Agenda.

Para el ex secretario de Trabajo, Robert Reich, “todo movimiento que ha ocurrido a lo largo de los últimos 75 años de la historia estadunidense… cuando hay una represión, un esfuerzo violento por anularlo –y especialmente cuando integrantes del movimiento mantienen una respuesta pacífica, no violenta, y de desobediencia civil–, eso acaba por fortalecer al movimiento. Y eso es lo que casi inevitablemente ocurrirá aquí”.

El editorial del nuevo número del Occupied Wall Street Journal –rotativo del movimiento en Nueva York– resume así esta coyuntura: “El 1 por ciento apenas está entendiendo que la razón por la cual Ocupa Wall Street no está formulando demandas es porque no estamos hablando con ellos. El 99 por ciento hablamos y nos escuchamos entre nosotros… estamos reimaginando el mundo en el cual queremos vivir”. Que eso sea enfrentado con violencia por las autoridades, argumenta, comprueba que es una amenaza para las cúpulas. Concluye: no sabemos cómo va a acabar esto, pero el principio está cerca.

Este es el principio del principio, pronostican algunas pancartas. Todo indica que la intención de este movimiento es ocupar el futuro.

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