Fraude, hartazgo y la rebelión Ocupa

David Brooks

Casi cincuenta millones –uno de cada seis estadunidenses– viven ahora en la pobreza, según datos actualizados del Censo de Estados Unidos divulgados la semana pasada. De repente se descubrió que eran 3 millones más de los que inicialmente se calculaba en septiembre.

Aquí en Nueva York se registró el número más alto jamás visto de personas sin techo. Según el nuevo informe de Coalition for the Homeless, la población sin techo en los albergues llegó a 41 mil a finales de octubre. También se estableció otro nuevo récord: el número de menores de edad sin techo en los albergues alcanzó 17 mil. En 2004, el alcalde Michael Bloomberg prometió reducir la población sin techo en dos tercios en un periodo de cinco años. Tal vez el multimillonario no se fijó en que cada vez hay más pobres.

A la vez, a nivel estatal, se ha registrado un incremento de 70 por ciento en el número de individuos que reciben los llamados bonos de alimento, el programa público que ofrece asistencia para aquellos que no tienen con qué comprar suficiente alimento, y que llegaron a un récord de 3 millones este año.

Mientras tanto, los responsables de todo esto la siguen pasando mejor que nunca. No sólo la crisis es la más grande desde la gran depresión, sino, según las estadísticas oficiales, la disparidad de ingresos entre los más ricos y todos los demás también es la más grande desde entonces.

Los jefes de los principales bancos y casas bursátiles, casi todos con sus sedes aquí en Nueva York, viven entre los homeless y los hambrientos, mientras continúan ganando millones de dólares en ingresos y evitando cualquier consecuencia personal por la crisis que detonaron vendiendo productos financieros no sólo defectuosos, sino que llegaron al fraude. Por cierto, Citigroup acaba de pagar una especie de multa de cientos de millones de dólares por violar leyes antifraude. Pero nadie va a la cárcel.

De hecho, el pago de tales multas para resolver estos casos siempre incluye una promesa de la empresa de nunca más violar una ley antifraude. Pero el New York Times encontró que Citigroup ha violado estas leyes de manera repetida. No es el único: casi todas las principales empresas financieras del país –Goldman Sachs, Morgan Stanley, JP Morgan Chase y Bank of America– han violado repetidamente leyes antifraude, a pesar de sus promesas de que ya se portarán bien. En 15 años, el Times identificó por lo menos 51 casos en los cuales 19 empresas de Wall Street habían violado estas leyes, muchas de manera repetida.

Ante la desigualdad cada vez más obscena, la peor crisis en más de medio siglo y la impunidad, ¿que están haciendo los políticos? Casi nada. El presidente Barack Obama y la dirigencia del Partido Demócrata afirman que entienden las frustraciones de los estadunidenses y que intentan trabajar con los republicanos para intentar mejorar las cosas, pero que los otros no quieren. Los republicanos desean que las cosas vayan de mal en peor, para su juego electoral –culpar a Obama y a los demócratas del desastre– y afirman su fe en su dios capitalista.

Literalmente: Herman Cain, el precandidato presidencial que era el favorito hasta la semana pasada, ex jefe de la peor cadena de pizza jamás inventada, Godfather’s Pizza (Pizza El Padrino), afirmó este fin de semana que Dios fue el que le dijo que tenía que lanzarse por la presidencia… y eso después de que cuatro mujeres lo han acusado de hostigamiento sexual. Los otros no dejan de hablar de su fe, y de cómo se dedican a orar para recibir mensajes de su guía divino.

Ante todo esto, la cúpula política de ambos partidos sufre del nivel más alto de desconfianza del público jamás registrado. Todo lo político y lo económico en este país se siente cada vez más como un gran fraude.

Hasta el ex candidato presidencial republicano que se enfrentó contra Barack Obama, el senador John McCain, advierte que la gente está frustrada con todos, y que podría surgir un tercer partido que podría llamarse el partido del hartazgo. Agregó que a menos de que ambos partidos cambien, creo que será inevitable. No estamos haciendo nada para el pueblo, reportó Reuters.

Las encuestas demuestran que los estadunidenses están más enojados y más polarizados que en cualquier momento desde la guerra de Vietnam. No sorprende. Tenemos la peor economía desde la gran depresión y el peor debate político en memoria viviente. El surgimiento de la derecha regresiva a lo largo de las tres pasadas décadas por fin ha engendrado una reacción progresista. Ocupas y otros ya están hartos, escribe Robert Reich, ex secretario de Trabajo de Bill Clinton e intelectual público.

Matt Taibbi, el columnista político de Rolling Stone, escribió sobre cómo, poco a poco, se dio cuenta de lo que representa el hartazgo expresado por el movimiento Ocupa Wall Street, y que era más que una protesta contra los grandes bancos y el mundo de finanzas. Se trata de ofrecer un foro a la gente que demuestre lo harta que está no sólo de Wall Street, sino de todo. Éste es un rechazo visceral, apasionado, profundo de toda la dirección de nuestra sociedad; un negarse a dar un solo paso más hacia el abismo comercial superficial de farsa, cálculo de corto plazo, idealismo desecado y bancarrota intelectual en que se ha convertido la sociedad de masas estadunidense. Si se puede hacer una huelga de la cultura de uno mismo, esto lo es. Y por ser tan amplio en su esfera de acción y tan elemental en su motivación, ha pasado sobre las cabezas de muchos, tanto en la derecha como en la izquierda. Agrega que los de Ocupa Wall Street “no saben exactamente lo que quieren, pero como lo expresó un amigo: ‘Saben una cosa, ¡a la chingada con esta mierda! Queremos algo diferente: una vida diferente, con valores diferentes, o por lo menos una oportunidad de intentar valores diferentes’”.

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