Democracia del marketing y Estado huevón

Crosby Giron

Cuando el 12 de septiembre se supo que Otto Pérez Molina y Manuel Baldizón serían las dos opciones para la presidencia del país una gran decepción invadió a cientos de miles de guatemaltecos: más de un millón de chapines se quedaron en sus casas el 6 de noviembre, o aprovecharon para ir de paseo con la familia y los amigos.

Ninguno de los dos demostró tener en mente cambios reales en los estamentos de poder. Ninguno de los dos está capacitado para hacerlo, ni les interesa.

Si desde la prensa se dijo que a Baldizón lo apoyaban grupos políticos y económicos emergentes y hasta criminales; de Otto Pérez Molina se dijo que fue apoyado por empresarios de la vieja oligarquía y que está rodeado de sus amiguetes que fueron parte, junto a él, de aparatos de acción militar de todo tipo y de controlar importantes áreas en el campo de la “inteligencia del Estado” durante decisivas fechas para el país.

Es casi como pensar que lo que los electores decidimos es quién se “merece” enriquecerse a través del Estado, y en este caso, si es mejor que roben los “nuevos ricos mafiosos” o los “viejos ricos mafiosos”… y a eso le llaman democracia. Es quizá por eso que quienes son los llamados a ejercer una acción de cambio tienden a acomodarse en pequeños meandros de seguridad a la sombra de ese Estado cada vez más inoperante. (Porque hay que verlo bien, sin duda alguna no tenemos un “Estado fallido” como se suele decir, en realidad lo que hay es un estado gordo, panzón, alcohólico y pendenciero. O sea, un tragón bueno para nada…)

Producto de las mejores técnicas del marketing político, hoy tenemos como presidente de Guatemala a un ex militar entrenado por Estados Unidos en tiempos de la Guerra Fría, cuyo paso por la Universidad Francisco Marroquín y el Incae Bussines School parece haber servido como acto de graduación para los riquillos chapines: le dieron para su campaña en 2007 como se ha conocido. Y en la de 2011 sin duda también, eso sí, le ordenaron quebrantar la ley de ser necesario para ocultar sus nombres. Así lo hizo, ya saben, una orden se acata y no se discute.

Desde ya la prensa le ha dado ¿con sutileza? “un compás de espera” o el “beneficio de la duda”, o sea, que se tome un semestre “para ver qué onda”, no hay que olvidar que Álvaro Colom y Sandra Torres “dilapidaron el erario público” y “hay que perseguir a los corruptos”.

Buena suerte pues queridos amigos y amigas, enemigos y enemigos, adversarios y adversarias, amores y desamores. Mucha suerte en este nuevo cambio de timonel… ¿Chocaremos con un iceberg, veremos el abismo y llegamos a puerto seguro?

 

 

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