Democracia sólo de nombre

David Brooks

La Jornada

Nuestros políticos son poco más que lavadores de dinero en el tráfico de poder y político; poco menos de seis grados de separación del espíritu y tácticas de Tony Soprano, afirma el gran periodista veterano Bill Moyers. Agrega que “no hay misterio en por qué el Parque Zuccotti (Plaza Libertad) está lleno de gente. Los reporteros siguen rascándose la cabeza y preguntando ‘¿por qué están aquí?’ Pero está claro que están ocupando Wall Street porque Wall Street ha ocupado el país”.

Moyers, en un discurso sobre el tema, comenta que muchos se preguntan por qué los manifestantes no canalizan su energía al ámbito partidista electoral y señala que la democracia no está funcionando en este país, con líderes de ambos partidos a la defensa de los más ricos, o como el presidente Barack Obama, que acepta sus donaciones mientras sólo en la retórica denuncia a Wall Street y a la cúpula económica.

Celebramos elecciones sabiendo que es poco probable que produzcan las políticas que la mayoría de estadunidenses favorece. Nos expresamos, escribimos, abogamos, pero aquellos en el poder se mantienen sordos y ciegos a nuestras aspiraciones más profundas. Solicitamos, instamos y hasta oramos; aun así el mundo, que es nuestra tierra común, que deberíamos entregar en buenas condiciones a las próximas generaciones, continúa siendo saqueado, declara Moyers.

Los hechos lo demuestran

Más de 14 millones de personas están desempleadas, otros 10 millones no encuentran empleo pleno, uno de cada 6 estadunidenses está en la pobreza, más de 6 millones han perdido sus viviendas por la crisis hipotecaria y más, mientras que el 1 por ciento más rico multiplica sus ingresos y controla cada vez más la riqueza nacional (ya controla el 40 por ciento), sobre todo los vinculados al sector financiero.

Los bancos más grandes son aún más enormes hoy que cuando Obama asumió la presidencia, y están recuperando los niveles de utilidades que gozaban antes de la recesión de 2008, mientras las casas financieras de Wall Street han logrado generar más utilidades en los primeros dos años y medio de Obama de las que ganaron durante los ocho años de la presidencia de George W. Bush, reportó el Washington Post este fin de semana.

La industria financiera –Wall Street– logró esto después de que la rescataran del colapso con miles de millones en fondos públicos y políticas del gobierno que permitieron que recuperara su posición prominente en la economía. Pero en lugar de utilizar toda esta asistencia pública para regenerar el crecimiento económico, las empresas financieras regresaron al mismo juego de casino que provocó la peor crisis desde la gran depresión. El gobierno no fue tan generoso en su apoyo a los millones de trabajadores que están pagando los costos de la crisis.

Con todo esto no se necesita mucho más para explicar por qué el movimiento Ocupa sigue creciendo.

Todo un elenco de figuras –tanto liberales como conservadoras– intentan una y otra vez reducir o descartar la relevancia del movimiento. El columnista conservador David Brooks (ninguna relación con este reportero) del New York Times intenta desde su trono de observación, empapado de arrogancia intelectual, reducir el movimiento a algo sin brújula, poco serio, y hasta poco radical. Algunos lo comparan con otros movimientos en India y otros lugares, para señalar que aunque son válidas sus motivaciones, no saben ser serios en promover cambios. Otros más indican que mientras no entiendan que tienen que trabajar dentro de los esquemas políticos-electorales de este país no podrán hacer mucho. Y otros insisten en que sin formular demandas concretas no lograrán ser más que una expresión de protesta.

Tengo una recomendación para una respuesta: nosotros demandamos que ustedes dejen de demandar una lista de demandas, comentó Robert Jensen, profesor de periodismo de la Universidad de Texas en un artículo en Al Jazeera. Argumentó que “la demanda de demandas es un intento de acomodar las concentraciones Ocupa a la política convencional, reducir la energía de estas concentraciones a una forma que los que están en el poder puedan reconocer, para que así puedan desarrollar estrategias para desviar, cooptar, comprar o –si esas tácticas fracasan– aplastar todo desafío al business as usual”.

Moyers señala que no es la primera vez que el país enfrenta esto. En otro momento, una oradora popular, Mary Elizabeth Lease, afirmó que “Wall Street es dueño del país… Nuestras leyes son el resultado de un sistema que viste de traje a pillos y de andrajos a la honestidad. Los partidos políticos nos mienten y los oradores políticos nos engañan… El dinero gobierna”. Eso fue en 1890.

Hoy día, lo que está en juego es, nada menos, si Estados Unidos aún puede llamarse una democracia. Para el economista Premio Nobel Paul Krugman, lo que se está creando es una oligarquía estilo estadunidense. En su columna en el New York Times afirma: “tenemos una sociedad en la cual el dinero está cada vez más concentrado en manos de poca gente… esa concentración de ingreso y riqueza amenaza con convertirnos en democracia sólo de nombre”. Es así porque la concentración extrema de ingreso es incompatible con la democracia real.

Y mientras se determina cuál será el destino de la democracia en este país, mientras millones de personas escuchan a sus políticos prometer una y otra vez que generarán empleo y nuevas oportunidades, ¿a que se dedicó el Congreso? Aprobó una resolución reafirmando que “En Dios confiamos” es el lema oficial de Estados Unidos. El voto fue 396 contra 9 en la Cámara de Representantes.

Por lo menos en los plantones de Ocupa Wall Street sí se toma en serio la democracia.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/11/07/opinion/031o1mun 

rCR

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