Entrevista con el dramaturgo, director y actor de teatro: Ricardo Martínez Aldana

Realizada por: Omar Marroquín Pacheco.

  “Se ve al teatro para niños como una categoría menor del teatro general, por lo que es necesario revalorizarlo y conferirle el verdadero lugar que le corresponde; un coadyuvante eficaz a la formación educativa de la niñez que busca estimular su sensibilidad y sentido de apreciación estéticaRicardo Martínez.

 ¿Cómo inicia Ricardo Martínez en el teatro?

 Fue allá por el año 1974, en el instituto donde estudié los básicos,  teníamos un programa de actividades extra aula que nos permitía agenciarnos créditos académicos adicionales, dichas actividades a elegir  eran deportivas o culturales. Las deportivas se reducían al futbol, como nunca me gustó, pues me tuve que “conformar” con lo cultural, aquello  consistía en oratoria y poesía.  Dada mi timidez y temor de hablar en público  no encajaba en ninguna de ambas.  Al igual que yo estaba un grupo de seis compañeros más que no teníamos cabida en ninguna de esas actividades.  Con mucho tino el profesor Roberto Rímola, coordinador del programa, decidió  integrar un grupo de teatro con los que no teníamos participación en las otras actividades, esa fue mi primera  experiencia.  Luego formé parte del grupo de Teatro de la Escuela Normal, y formé uno en el Instituto Aqueche; como me gustó tanto la experiencia  decidí estudiar teatro e  ingresé a la Academia del  TAU.    Llegué  a formar parte de ese grupo donde tuve el privilegio de conocer y de ser alumno de Hugo Carrillo.  Estando en el TAU me “reclutó” el grupo Nalga y Pantorrilla, de la Facultad de Economía.    En éste grupo formé parte de su comisión de escritura   Tuve que irme a vivir un tiempo a México, donde aproveché para estudiar teatro.  A mi regreso me coloqué con el Grupo Diez con el que hice carrera profesional por casi veinte años, comencé como actor y llegué a  asistente de director de Ricardo Mendizábal y Julio Díaz, (los directores del grupo), ellos  Ricardo y Julio  se tomaron el tiempo de motivarme y enseñarme el  “oficio” de teatrista, por una parte Ricardo me enseñó todo lo técnico:    escenografía, luminotecnia, sonido y utilería, mientras que Julio lo administrativo, montaje, mercadeo,  contabilidad y manejo del teatro.

 

 

¿Cómo surge la idea de escribir y dirigir obras orientadas para público infantil?

 

Desde siempre estuvo latente la idea  en grupo diez extender su trabajo al público pequeño, de tal manera que Ricardo y Julio me propusieron coordinar esa actividad, la que consistía en buscar grupos que se dedicaran a esto y producirles las obras en el GADEM, que era el teatro donde el grupo Diez, “vivía”;  la premisa fue “hacer un teatro para niños diferente”;   fue muy difícil, en aquellos días allá por el año 1987,   encontrar grupos que llenaran la premisa de “hacer un teatro para niños guatemaltecos” en cuyas obras no hubieran príncipes o hadas que vinieran a solucionarles los problemas que su diario vivir les planteaba, de tal manera que ante la ausencia de textos que la llenaran me decidí a escribir uno, fue de esa forma que mi primera obra fue revisada por Hugo Carrillo y con algunas observaciones, que tomé al pié de la letra,  me decidí a proponerla a grupo diez, ellos  autorizaron su presentación sin ninguna reserva me ofrecieron todo el apoyo de ambos y del teatro, así que me decidí   buscar director para ponerla en escena, no encontré, la ofrecí a dos de los directores de “moda” dedicados al teatro para niños y ninguno la quiso dirigir al saber quién era el autor. 

 

¿En esas circunstancias nace el grupo diez junior?

 

Sin tener quien dirigiera y con  el apoyo irrestricto de Ricardo y Julio me aventuré  a dirigirla y el resultado fue una temporada con más de 50 funciones y un premio como mejor obra de teatro para niños del año 1988 para el grupo diez junior, que así fue como denominamos a la nueva fracción del grupo diez, que se dedicaría con exclusividad al teatro para niños.

 

¿Sirve el teatro infantil para preparar espectadores?

 

Ese es el objetivo, por lo menos de mí parte, pues en diez junior en cada uno de su montajes pone de manifiesto su profesionalismo, desde la creación dramática, (el libreto), hasta la puesta en escena, pretendiendo con esto educar, teatralmente hablando, al pequeño espectador, para que en el futuro pueda exigir calidad en cuanto a los montajes a los que asistirá.

                                       

¿Cuántas obras tienes escritas a la fecha?

 

26,  este año he escrito dos, una para el Banco de Guatemala, “El fantasma de la inflación” que estuvo en temporada en julio,  asistieron casi diez mil niños de nivel primario.   La otra, “Un día en mi bosque” la escribí para la Superintendencia de Bancos, en esta se  toca el tema del ahorro, aún no ha sido estrenada.   Adicionalmente estoy escribiendo otra: “Orgulloso de ser chapín” a solicitud de Nelson Leal, cantante y compositor de la canción del mismo nombre.

 

¿Aproximadamente una obra al año, siempre hay una obra que es la consentida, para ti cual es la más significativas de todas la obras infantiles escritas?

 

Me es muy difícil contestar esta pregunta, pues cada una tiene algo especial, además que cada una habla por sí misma y dice algo que su autor, (yo), quiso en ese momento expresar y compartir, quiero decir con esto que cada una de ellas en su momento fue mi preferida… ahora si me toca tener que elegir…     me inclinaría a decir que “Los libros hablaron”, (la primera que escribí) y “Que no te de miedo” son dos de las que más satisfacciones me han dado…

 

¿Qué pasa actualmente con el teatro infantil en Guatemala?

 

La  doctora Lucrecia Méndez de Penedo, escritora, ensayista y directora del Departamento de letras de la Universidad Rafael  Landívar, hace un análisis en  este sentido, cuyas conclusiones  comparto plenamente,  me permito agregarlas a continuación:

En cuanto al teatro infantil se delinean dos tendencias. Una que se caracteriza

por “disneylandización” de las obras: apenas aparece una película de los estudios

Disney, aparece en escena una versión que trata de imitarla. Así, los escenarios se

ven poblados de Anastasias, Sirenitas, Pinochos, y Blanca Nieves, aproximativas a

las cinematrográficas que, con el retuerzo del cine y la televisión, tienen asegurado

el público infantil. Sin embargo, existe otra tendencia sumamente importante que es

la que busca crear textos y puestas en escena originales, que desarrollen el interés y

la participación del niño con lenguajes accesibles a su edad. Una figura clave es

Ricardo Martínez, que ha publicado Teatro para niños. 5 obras de Ricardo Martínez

(1997), y puesto en escena sistemáticamente sus obras, con el Grupo Diez Junior,

agrupación derivada del Grupo Diez, uno de los conjuntos teatrales de mayor

trayectoria en el país. Martínez propone un discurso teatral que persigue evadir

estereotipos y modelos tradicionales y ajenos, tomando muy en cuenta los intereses

y la personalidad infantil, ya que “este tipo de teatro tiene la obligación de adaptarse

al niño y no el niño a éste”. Martínez rechaza las adaptaciones de cuentos

clásicos o las versiones libres del cine de los estudios Disney que ignoran el teatro

infantil de autores guatemaltecos, entre otras cosas porque el niño no tiene la

oportunidad de: acercarse a piezas con aleccionadores contenidos acordes con la realidad

guatemalteca, y que motivan al niño a la búsqueda de una respuesta a los

problemas que su vida diaria les plantea (desintegración familiar, hambre,

drogadicción, violencia, etc.). A diferencia de los cuentos clásicos, por ejemplo,

en los que el niño espera que un hada o un príncipe azul venga a resolverle

sus problemas.

 

Tomado de:  130 LATIN AMERICAN THEATRE REVIEW

 

¿Qué caminos lleva?

 

El camino idóneo sería potenciar y desarrollar el teatro infantil como

alternativa a la cultura de la imagen y/o de la ignorancia, preferiblemente con puestas originales.

 

Tomado de  130 LATIN AMERICAN THEATRE REVIEW

 

¿Cómo se comportan los padres y cómo los niños en las obras infantiles que presentas?

 

Ambos se la pasan bien;  hay obras en las que son los niños, como el caso de Frankie,  el monstruo, los que regañan a su padres, y hay otras que son motivo de reflexión para ambos, pero sin perder de vista que el carácter lúdico y de fantasía en cada una de ellas tiene que estar presente, pues al final de cuentas a eso van al teatro…a divertirse… aunque como dramaturgo  tengo la obligación, (y reconozco que ese es mi deber), de enmascarar dentro de esa diversión, una mensaje o enseñanza

 

¿Es un buen negocio?

 

Sí y no… 

Sí porque estamos invirtiendo en la niñez y el futuro de nuestro país, y eso es el mejor y más grande negocio en el cual podríamos invertir.

No, puesto que si lo hacemos bien, invertir en  una muy buena puesta en escena, no es rentable dados los altos costos de producción y la publicidad para agenciarnos público.

 

Un mensaje final para los lectores de la Revista Publicogt.com

 

La más grande de todas las satisfacciones que nos da el teatro es verlo a usted en la platea, así que háganos el favor de asistir a cada función teatral que pueda…

 

 

 

 

 

 

Te gusto, quieres compartir