Confesión

Por Gustavo A. Abril Peláez

 

Aunque hace mucho tiempo dejé la religión, recuerdo como si fuera ayer el día en que mi fervor católico llegó a su más alta cota: era la víspera de la primera comunión, los comulgantes en ciernes -todos compañeritos del colegio- nos encontrábamos esa tarde en la parroquia para confesar por primera vez nuestros pecados. Yo, que a mis tiernos once ya me las llevaba de librepensador, por ningún motivo estaba dispuesto a confesarle mis cosillas a nadie, de manera que, para salir airoso del trance expiatorio, me propuse llegar al confesionario más limpio que un ángel: durante las semanas que duró el catecismo no dije una sola mentira, tampoco usé malas palabras, hice todos mis deberes, no fumé (fumaba a escondidas desde los 9) y obedecí a mis mayores en todo.

El cura (un sacerdote español, de los que abundaban en mi tierra) acometió con el interrogatorio:

-¿Has pecado hijo mío?- Me preguntó con olor a puro y acento gallego.

-No, señor cura, para nada– Respondí.

-¡Pero hombre, algún pecadillo habrás cometido!- Insistió.

Le digo que no, señor cura… me he portado bien

-¿Alguna mentirilla?-

-No, señor cura, ninguna-

-¿Porqué no me llamas “padre”?-

-Prefiero llamarlo, señor cura… señor cura-

-Cómo quieras, chaval. Pero dime… ¿no has dicho malas palabras?-

-No, señor cura, para nada.-

-¿Alguna desobediencia a tus padres?-

-No, señor cura, he sido muy obediente-

-¿Te has masturbado… has platicado de cosas sucias con tus amiguitos?-

-No, señor cura, no lo he hecho-

-¡Pero algo malo tienes que haber hecho!- Dijo, ya encabronado.

-Le digo que no, señor cura… se lo aseguro.-

-¡No puede ser… algo tiene que haber!-

-¡Que no, hombre!-

-¡Ya sé!… ¿Has ido a misa todos los domingos?, porque no ir a misa es pecado-

-Ahí si me jodió, señor cura… La cagué todita, porque no he ido a misa para nada.-

-¡Pues te me vas derechito al reclinatorio, cabroncete, y te pones a resar 10 “Padresnuestros” y 5 “Avesmarías”… Y agradece que no te doy una buena zurra!-

 

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