Las demandas del 20 de Octubre siguen siendo tan actuales como hace sesenta y siete años

El 20 de octubre de 1944 población guatemalteca, encabezada por un grupo de oficiales del ejército, de ciudadanos, profesionales, maestros y jóvenes, se levantó en armas en contra de la dictadura militar, en ese momento encabezada por el general Ponce Vaides. Meses atrás las protestas generalizadas de la ciudadanía guatemalteca habían obligado a renunciar al dictador general Jorge Ubico, quien sangrientamente había gobernado Guatemala durante 14 años. La dictadura militar de Ubico se caracterizó por una represión brutal en contra de cualquier aspiración democrática de los ciudadanos, por la defensa de los intereses de los grandes finqueros cafetaleros, por la total entrega de los recursos naturales a la inversión extranjera y por la miseria en que se sumergió el país durante todos esos años. Está viva en la mente de nuestros abuelos las infames agarradas al cuartel, el trabajo forzado en las fincas de las costas y el trabajo regalado en las carreteras el país.

Inspirados por la lucha por la democracia a nivel mundial, la Segunda Guerra Mundial en su lucha contra del fascismo europeo, se iniciaron una serie de protestas en contra del régimen. Estudiantes universitarios, maestros, profesionales y la ciudadanía en general, se levantaban en contra de una de las tiranías más sangrientas que había conocido Guatemala. Es así como en junio de 1944 el general Ubico es obligado a renunciar, pero deja en su lugar al general Ponce, con la intención de mantener la dictadura militar. La brutal represión continúa, pero los guatemaltecos no estaban dispuestos a soportar más dictaduras, por lo que se inicia un movimiento armado en contra del gobierno, que en la madrugada del 20 de octubre ataca los principales cuarteles miliares de la capital, derrotando completamente al régimen.

Se escribe entonces una página gloriosa en la historia de Guatemala, inaugurándose por primera vez un proceso genuinamente democrático y participativo. Se conforma una Junta Revolucionaria de Gobierno, que convoca a una Asamblea Nacional Constituyente para la elaboración de una nueva Constitución democrática; se convoca a elecciones, que por primera vez en la historia del país son realmente democráticas, de la que resulta como Presidente el Doctor Juan José Arévalo.

El primer Gobierno de la Revolución, responde plenamente a las aspiraciones de la población iniciándose un proceso genuinamente democrático. Se impulsan una serie de leyes que benefician por primera vez a toda la población: Seguridad Social, respeto a los derechos humanos y laborales, autonomía de las municipalidades. Por primera vez en el país, se respiraba un ambiente de libertad y democracia.

Arévalo, terminado su mandato en 1950, convocó elecciones, resultando electo el coronel Jacobo Arbenz Guzmán. Arbenz se propuso darle continuidad al proceso revolucionario a través de un programa de gobierno de cuatro puntos: construcción de la hidroeléctrica Jurún Marinalá, la construcción de una carretera al Atlántico, la construcción el puerto de Santo Tomás de Castilla en el Atlántico guatemalteco y la Ley de Reforma Agraria. Estas medidas respondían a las necesidades de desarrollo y de la gran mayoría de población del país, pero chocaban con los intereses extranjeros, especialmente estadounidenses, y con los intereses de la oligarquía que se había enriquecido en el país a costa de la pobreza de la mayoría. Desde EEUU se organizó una campaña contra del gobierno de Arbenz, se le acusó de comunista, en coordinación con los grandes ricos terratenientes, la iglesia católica y sectores traidores del ejército de Guatemala, el gobierno de EEUU inició el proceso de derrocamiento del gobierno revolucionario.

Se organizó un ejército mercenario, que desde Honduras invadió el país; la Iglesia Católica levantó a la población contra del gobierno acusándolo de comunista; los altos mandos el ejército se vendieron y traicionaron a su Presidente; los grandes empresarios, comerciantes y finqueros obedecieron los dictados del gobierno gringo. En junio de 1954 Arbenz fue obligado, por los altos mandos del ejército de Guatemala a renunciar y salir del país.

Se inauguró así para el pueblo de Guatemala una etapa de terror como nunca se había vivido. Miles fueron asesinados, miles tuvieron que salir del país para que no los mataran, se asesinó así la democracia guatemalteca, cerrándose totalmente los espacios de participación política. Los militares se fueron alternando en el poder siguiendo los dictados del gobierno gringo. Sangrientas dictaduras militares se adueñaron del país, en defensa de intereses extranjeros y de la oligarquía tradicional. Fue por eso que en 1960 se inició la lucha armada del pueblo de Guatemala, que continuó hasta 1996 y que culminó con la firma de los Acuerdos de Paz.

Sesenta y siete años después de esa gesta heroica, sus conquistas siguen vigentes, las aspiraciones por una Guatemala verdaderamente democrática participativa, con justicia social, donde prevalezcan los intereses de la mayoría de los guatemaltecos, sin racismo y discriminación, incluyente y pluricultural, concuerda perfectamente con lo planteado en los Acuerdos de Paz.

La situación actual, de cara a una segunda vuelta en el proceso eleccionario, nos debe hacer reflexionar también, para que no volvamos al pasado con militares manchados de sangre del pueblo. No a los gobiernos militares del pasado.

Por una Guatemala con una democracia real, funcional, participativa, con justicia social y multiétnica.

Asociación para el Desarrollo Integral de Multiservicios –ADIM-
Asociación Kumool
AMIKCHEE
CEDES
Red Comunitaria Labal Iq´
Asociación Qimbal
ADECOM
Asociación Donde Están los Niños y las Niñas
Red de Jovenes
FUNDAMAYA
Fundación Guillermo Toriello
Asociación Meso América
AEPREQ

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