El tiempo y el mal tiempo

Por Mario Rodríguez

En la década de los noventa, con el auge de los programas de ajuste estructural impulsados por los organismos financieros internacionales en América latina, se instauró un modelo de gestión pública para la reconstrucción, ampliación y desarrollo de la red vial en el continente. El modelo era sencillo, privatizar la construcción de las carreteras, trasfiriendo fondos públicos a empresas privadas para ese fin.

Eran los tiempos de auge del neoliberalismo en toda América latina, y está propuesta fue aceptada y desarrollada por la mayor parte de Estados en el continente. Los dos principios básicos de la reforma fue transferir la conservación de la red vial a manos de empresas privadas a través de un pago por servicio, de parte del usuario directo y transferir la gestión del proceso de construcción, conservación y ampliación de la red del ambiente del Estado a un ámbito estrictamente empresarial.

Así surgieron los famosos fondos viales por toda Centroamérica. COVIAL en Guatemala, Fondo Vial en Honduras, CONAVI en Costa Rica, FOMAV en Nicaragua Y FOVIAL en El Salvador. La creación del Covial se dio en 1997 y su unidad ejecutora, está integrada por tres representantes del Estado y tres del sector privado.

Los gastos acumulados de Covial desde su creación al año 2002, están en el orden de los 2,580 millones de quetzales. Y según estimaciones, los gastos acumulados hasta el 2010 estarían en el orden de los 6,500 millones de quetzales. El resultado: puentes colapsados, carreteras dañadas, derrumbes, deslaves, hundimientos, en fin, una red vial cara pero colapsada. En muchos casos inservible.

A la hora de evaluar los daños causados por los desastres naturales, es necesario hacer un análisis del modelo que se impuso en los noventa y sus resultados a la fecha. Dada la cantidad muertos que han provocado las tormentas Stan, Mich, Agatha y ahora está depresión tropical, y el estado de la red vial del país, el balance que uno saca es lo caro que ha resultado al país este modelo y lo poco efectivo que ha sido para la población que ve cómo se destruyen sus caminos, aquellos por los que ha pagado religiosamente hasta el cansancio, sin que nadie garantice nada, de nada.

Por ello, el tiempo es una cuestión natural, pero el mal tiempo es una imposición del modelo.

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